Aquella muchacha tristre
que iba por la calle en sombra,
aquella que llevaba en la mano
restos de su alma rota,
lleva ahora en los ojos
la luz que el alba deshoja.
Aquella muchacha triste
que vertía lágrimas de sal,
siente que ya no habrá miedos,
ni heridas abiertas que curar.
Desde el acantilado observa impasible
las olas que mueren y vuelven al mar,
en su vida, ya no habrá muerte,
ni sombra, ni noche eterna que contemplar.
(Inacabado)