martes, 30 de agosto de 2011

Finales y principios

Se acabó el verano. Me refiero a mi verano, mis vacaciones. Dos días para volver a encajar en los patrones de siempre. Despertador, libros, aprendizajes y enseñanzas. Reencuentros, despedidas, caras nuevas...
Me llena de tristeza, y también me anima, la estampa que contemplo: la gente se despide de sus amigos, familia, del mar... Los veo con equipaje, haciendo cálculos para que quepa todo en el coche. Abrazos, citas para dentro de algunos meses, lágrimas... No soy la única que prepara las maletas, que anota todo lo que necesita llevarse. Voy dejando, de nuevo, vacíos los armarios de mi casa, lleno bolsas y maletas. ¿Donde guardo el alma?

Restos de sal

Ya sacan las barcas del mar,
las limpian despacio,
les quitan los restos de sal.
Las guardarán hasta el verano,
casi un año a la sombra, sin navegar.

Yo tambien me voy alejando,
yo también me quito la sal,
yo también estaré a la sombra,
un año entero sin besar el mar.

Ya guardo los recuerdos,
caracolas que podré escuchar,
Te guardo entre las costuras de mi piel,
me giro, emprendo el viaje y te voy dejando atrás.

sábado, 27 de agosto de 2011

Sólo si tu quieres

Si quieres, te cogeré de la mano,
si quieres, te enredarás en mi pelo,
si quieres, te acariciaré los labios,
si quieres tú, porque yo sí quiero.

Si quieres miraremos las mismas nubes,
buscaremos imposibles en el cielo,
si quieres, me colaré en tí por cada poro,
si quieres tú, porque yo sí quiero.

Si quieres compartiremos el espejo,
la taza, la copa, el sofá,
y la toalla en la que sequemos los sueños.
¿Quieres tú? Yo siempre quiero.

Que nos despierten los mismos trinos,
que nos calle el mismo silencio,
que nos arrope el mismo calor
y nos duelan los mismos miedos.

Y cuando te lata el llanto en el alma,
quiero yo ahogar tu tormento,
quiero ser yo quien abrigue tu frío,
y cobijar tu cabeza en mi pecho.
Sólo si quieres tú porque yo... Quiero.

viernes, 26 de agosto de 2011

Desaciertos

Una frase puede dar paz a un espíritu atormentado y la usencia de unas cuantas palabras puede provocar el efecto contrario. Quien espera una respuesta y no la halla entra en un torbellino de hipótesis que se encadenan y que pueden desembocar en conclusiones totalmente radicales y desacertadas. La desgracia de esos espíritus atormentados no es otra que toparse con gente que no conoce esa capacidad innata en aquéllos de montarse películas, de construir montañas a partir de minúsculos granos de arena.

jueves, 25 de agosto de 2011

Otra raza

Unos acordes de guitarra flamenca a lo lejos, calles empedradas, flanqueadas por cuevas encaladas. Gitanos en sillas de anea, con la piel tostada y arrugada, los ojos entornados por el sol, te miran con cierto recelo y curiosidad. Contestan a tu saludo con rotundidad, elegancia y altivo tono de voz. Ellos son un clan, dueños y señores de aquel patrimonio, que los turistas se empeñan en convertir en un escenario público y pintoresco.
Un quejío flamenco, un taconeo y una voz quebrada que habla de amores no correspondidos, de celos y muerte. Un niño pide limosna lastimosamente. La cara sucia, la ropa sucia, las rodillas huesudas, los dientes grandes... Otras gitanas se empeñan en leerte la mano, lo que llaman "la buenaventura". Si es buena (la ventura, el destino), estoy por extender la mano y que me digan que todo va a irme bien. Pero... ¿no me va bien ya? No necesito que una gitana sabionda quiera interpretar, siguiendo con sus dedos negruzcos las líneas desdibujadas de mi mano izquierda (tiene que ser la izquierda, que es la más cercana al corazón).
Gitanillas jóvenes portando en su vientre lo que serán gitanos que volverán a deambular por las mismas calles, perpetuando su raza y su extraña forma de vivir.

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Lo sientes?

Siento no estar cuando y donde debo, siento no tener la palabra idónea y pronta cuando tú la necesitas, siento no saber meterme en tus ojos, en tus manos, en tu palpitar, en el devenir pausado pero continuo de tus días. Siento pensar en un color distinto al tuyo, siento que mis ilusiones se evaporen al calor del tedio y el hastío, siento no verte, a pesar de que te miro.

martes, 23 de agosto de 2011

Sangre de tu sangre.

Te abrazo fuerte porque me alegro de verte. Te aprieto contra mí porque quiero que tú sientas lo que sentía yo cuando me apretabas, de niña, contra tu pecho y me perdía en tu regazo. Dices que vas menguando y que yo cada vez estoy más alta. Si supieras que, muy lejos de menguar, creces cada día dentro de mi alma...
Me escuchas con atención, nadie me presta tanta atención cuando le cuento las trivialidades de mi vida. Te interesa mi vida, mis amaneceres tempranos, mis horas muertas en la penumbra de papel, mis planes, mi día a día. Tú cada vez tienes menos que hacer, cada vez tienes más tiempo para recordarnos y echar de menos tantos momentos que juntas hemos vivido. Yo también los recuerdo, pero desde otra perspectiva, desde abajo, siempre, plano obligado por mi corta estatura de entonces... Has cambiado, sí, y yo también, pero sigues teniendo la misma paz, profunda y sabia, en tus ojillos negros y tu voz sigue llegando a la cúpula y el subsuelo de mi alma, llenándola y otorgándole luz y sentido.

lunes, 22 de agosto de 2011

Preludio

Se va, irremediablemente, el verano. Ayer mismo llovía, anoche mismo se me erizaba la piel, por primera vez, con el frescor incipiente de la media noche. El sol va quemando menos, el agua apetece menos fría, el aire acondicionado se hace innecesario. Preludio del otoño, de días suaves y noches más largas. Pero todavía no, aún quedan los últimos retazos de este verano que, como pasó con el invierno, se ha extinguido lánguidamente. Vivamos, pues.

domingo, 21 de agosto de 2011

Pensamientos

Camina sola, piensa sola,
se detiene y continúa su camino,
no se agarra a ninguna mano,
ni la cobija ningún amigo.
Ya no espera una palabra,
muestra un semblante tranquilo,
ya no teme al agua del pozo,
que cubría de negro el día frío.
Ahora, desnuda, se abraza al mar,
no guarda pesares en el bolsillo,
en el pecho ahoga su pena,
y la suda, ofrenda, sacrificio.
Si la piel hablara...
gritaría los susurros que ha oido,
hablaría de paseos bajo la luna,
de una noche mágica sin abismo.
Pero la piel no articula palabra,
el pelo no ondea, altivo,
sus ojos no miran de frente
y el alma... hace tiempo que la ha perdido.


Ensoñaciones II

Soñé que respirabas a mi espalda,
pero desperté, me giré,
mi mano desperezándose te buscó
y entre los dedos se coló la nada.
Ausente tu cuerpo,
seguían latiendo mis ganas,
y quise sentir tu olor
náufrago entre mis sábanas.
Recuerdos martilleando el silencio,
agitación interior, fuera, absoluta calma,
tu ropa y mi ropa en el mismo cajón,
y el mundo girando tras la ventana.
Me dedico a soñarte,
mariposas en mi espalda,
una imagen, un aroma,
y cadenas en mi cama.

Ensoñaciones

Despiertas, abres los ojos y aún tienes la sensación de estar viviendo aquello que has soñado. Algunas veces, la mayoría, no recuerdo los sueños, otras veces sí, como hoy, que permanece en mi memoria como un recuerdo.
Todos los sueños tienen algo de absurdo. Nos permiten volar, hablar con gente famosa, o con gente que ya no está entre nosotros; tener coches fantásticos, pasear por lugares lejanos... El que tuve anoche no tiene nada de eso, es bastante realista. Conversaciones que bien podrían producirse, situaciones que no son imposibles y que me esforzaré por que se cumplan, por vivirlas,pero esta vez, despierta.

viernes, 19 de agosto de 2011

Collage

Yo sé que te pienso más minutos al día
de los que empleas tú en pensarme.
Yo sé que te sueño y te busco
en momentos en los que tú no buscas a nadie.
Yo sé que creces y menguas en mi alma
según el día o la noche, según el mar que me bañe.
Yo me obligo a descreeme, a deshacerme,
a no oírme... y a gritarme.
Yo ando y desando el camino,
envidiosa de las olas y su lenguaje.
No quiero pero sí quiero,
me enojo y conmigo hago las paces,
te declaro la guerra y con un solo gesto
estoy, de nuevo, dispuesta al desarme.
Y mientras tanto tú,
presente o ausente, valiente o cobarde,
parece que no sueñas, no buscas,
no crees ni gritas al aire.
Tu alma es llanura,
camino ancho y estable;
mi alma es montaña rocosa,
vereda angosta y serpenteante.
Pero andas tú por mi vereda
unas veces, otras seré yo la que ande
por tu camino, dejando mis huellas,
y al final del sendero, ¿quién sabe?
camino y senda, montaña y pradera,
dibujen el mismo paisaje.

Sosiego.

Una pared al norte, otra, la opuesta, lógicamente, al sur; y otras dos, para completar los cuatro puntos cardinales. Cuatro, en definitivia, y un techo y un suelo, que me produce una sensación agradabilísima cuando lo piso descalza y me llena su tacto frío y suave. Ese olor característico aunque artificial, que renuevo desde hace ya cinco años... Es este silencio, el de ahora, el que añoro cuando estoy varios días fuera, aunque me encuentre bien en el lugar en el que esté. Es esta paz, este frescor, esta tranquilidad y armonía que sólo me regala mi casa. ¿Quién me lo iba a decir? No tenía alma la primera vez que la vi. Desnuda, fría, sosa, callada, sola, esperando que alguien llegara y se fijara en su chimenea, el corazón, hoy rojo, que irradiaría sentido a aquella vida nueva que iba a construirse entre esas paredes. Ahora todo es diferente.
Hace unas horas, sólo unas pocas horas, mis ojos vacíos y llenos, a la vez, de tantas cosas, contemplaban el mar azul, las olas blancas. El sol algo oculto entre nubes que ya ocultaban la luna la noche anterior. Una ligera brisa que vitaminaba el alma y refrescaba mi piel. Instantes también aquellos de paz, armonía y serenidad. Es curioso que a pesar de sentarme cara a cara con el mar en diferentes lugares, siempre mantenemos la misma conversación y siempre, si es a esas horas tempranas de la mañana, me queda ese buen sabor de boca, esa sensación impagable que te lleva a decirte, en voz queda, "me alegro de haber venido".

jueves, 18 de agosto de 2011

De cal y arena.

Calle encalada, calle en cuesta,
piedras que cubren el suelo
y que piso sin darme cuenta.
Geranios en las paredes,
helechos, claveles, azucenas,
olor a verde, cielo azul,
y calles que serpentean.
Despierto de la simpleza,
¿por qué la ciudad moderna?
el asfalto que huele a fuego,
atalayas que te condenan,
vidas enterradas, a cal y canto,
y en el alma, pobreza.
Continuo deambular de marionetas,
desgastadas entre las cuerdas,
gritos infinitos que acalla el barullo,
y la vista atada a la tierra.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Luna de nácar

Si sueñas, si eres de los que aún sueñan
abre el cajón para que salga la luna.
Su brillo de nácar, pesado como el acero,
cubrirá tus sueños con armaduras,
los hundirá en las negras aguas,
y ella, desafiante, se reirá en las alturas.
Nadarás en vano, torpemente,
pero ya no habrá salvación alguna.
Respira el agua, trágate el nácar,
miembros paralizados, sueños que se difuminan.
Y entonces te escupe el mar,
vomitas el agua, te secas el nácar enmohecido,
hundes los pies en la tierra fresca,
te giras y emprendes un nuevo camino.
Dejas siempre la luna a la espalda,
prefieres vivir de día, con el sol,
que va de cara.
Y los sueños... ¿qué es eso?
ya no hay que tender el alma mojada,
verás que el nácar es un espejismo
y la luna... una ilusión de nácar.

martes, 16 de agosto de 2011

Defectos

Todos tenemos defectos. Los peores no son los físicos, sino los que tienen que ver con manías, con el carácter, con la personalidad. Yo tengo un defecto de esos pero me enorgullezco de tener también una virtud: ser consciente de dicho defecto, que no es otro que mi afán por planificar. Es una costumbre que me acompaña desde siempre y la achaco a una rara manera de darme ánimos, de soñar despierta. Siempre planifico eventos positivos, agradables, y de esa manera, vuelvo la espalda al momento puntual que vivo. Ahora bien, el problema radica en que algunas veces no sale lo planificado (por suerte, son muy pocas) y en ese momento siento una especie de tribulación, por haber perdido las miguitas de pan que me conducían hacia ese futuro hipotético.
Otro problema que tiene esta manía de querer planificar es que, normalmente, la gente no la entiende y si les comentas que has pensado hacer esto o aquello para un día para el que todavía faltan tres meses, te miran como a un bicho raro, te contestan "ya veremos" y se llevan, nuevamente, las miguitas de pan. Solución: puesto que es una costumbre grabada a fuego que no se puede desechar, la única opción posible es excluir de tus planes a quienes son alérgicos a planificar.

sábado, 13 de agosto de 2011

Hacia atrás

Ni para coger impulso. Siempre mirando hacia adelante; proyectos, sueños, metas... Yo soy mucho de planificar, aunque últimamente he perdido la agenda. Lo mismo me da ocho que ochenta. Ahora no me importa trasnochar, madrugar o remolonear en la cama. No me incomoda comer tarde, no tener ganas de cocinar o pasarme toda una tarde haciéndolo. Mi vida y lo que en ella hay va surgiendo en cada momento. La vida va creándose con cada latido, de nada sirve planificar lo que ha de hacerse si no hay latido con el que se cree nueva vida.
Ya anochece antes. Lo comprobé ayer. Los días se van acortando. Imagino que dentro de nada, sin darme cuenta, estaré volviendo a casa envuelta hasta las cejas en mi bufanda, con las manos en los bolsillos, deseando llegar y tomarme un café bien calentito. Volverán los días en los que las once de la noche es la hora tope para ir a dormir y apetecerán los baños de agua caliente, secarse el pelo y ponerse calecetines para dormir. Lo mismo que cada invierno.

Ahora no

Ahora no me apetece leer ese libro que tenía reservado para este momento. Cuántas veces lo cogí entre mis manos, acaricié la pasta, deslicé mis dedos por las primeras letras de las primeras páginas y lo cerré, con cariño, pensando en un momento mejor, ideal, para perderme dentro de esa historia que llevo soñando, día y noche, desde siempre.
Ahora ya no me apetece andar esos pasos, intentar pisar dentro de la huella que ya existe, aún sabiendo que, de no hacerlo, dicha huella acabará borrándose, difuminándose con las caricias del viento. Y ¿luego qué? Sin migas de pan, sin huellas que seguir, a la deriva nuevamente. Quizá resulte que no me aterroriza tanto como creía abrirme paso entre la maleza, por senderos que no existen y que yo misma decido construir, dejando mis propias huellas. Quizá lo que me asusta es verme obligada a deambular por ese camino recto, ancho y nivelado, que era la meta desde siempre. Ahora no.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Visitas

Una visita me trae de cabeza desde hace varios días. Será porque nunca me visita nadie o porque me he propuesto demostrar que tengo razón cuando digo que mi ciudad es mágica, que no paro de programar la infinidad de cosas que quiero hacer en unas pocas horas. De sobra sé que en estos casos planificar sirve de poco y luego se eligen opciones no programadas pero, aún así, no he podido resistirme.
Ya ha pasado un mes. Juro que no he sido consciente de que ya he gastado más de treinta días de vacaciones. Lo peor (o lo mejor, según se mire) es que tengo planes para casi todos los días de agosto, con lo que pasará sin darme cuenta. De todas formas, no me agobio, no puedo detener el segundero por más que lo intente, con lo cual, la opción más sabia es disfrutar al máximo y poner buena cara al cercano mes de septiembre.

lunes, 1 de agosto de 2011

Silencio obligado

¿Por qué hoy está el mar embravecido? Es como si estuviera enfadado conmigo, con el mundo, y con su incontrolable oleaje nos quisiera alejar de sus aguas. Te recoge y te aleja, vuelve a abrazarte y, nuevamente, te vomita; se mete en tus ojos para hacerte llorar y te deja un sabor desagradable en la boca. En días así, pienso que no todo el monte es orégano y no todos los días de playa son remansos de paz y disfrute.
De nuevo, la soledad en la que habito me permite dar rienda suelta a los pensamientos, absorta en el arbitrario movimiento de las olas. Los pensamientos se encadenan, me alejan y me acercan en el tiempo, recuerdo o sueño, pero no dejo la mente en paz ni un segundo. Hoy no hay voces de niño que me perturben, hoy nadie conversa escandalosamente, hoy se impone el mar, inmenso, imparable, banda sonora de mis películas.

Será egoísmo

Pero qué bien sienta. Que te digan que aprenden de ti, que repitan algo que dijiste en un momento puntal, irrelevante, y que lo inyecten en sus razonamientos cotidianos como un axioma, eleva la moral de cualquiera, aunque se llame Modesto. Será egoísmo, o hedonismo, o narcisismo, pero me laten dos o tres corazones cuando sé que estás al lado, buscando mis palabras, mis gestos, mi presencia, mi voz. A veces, es sólo mi voz lo que buscas, eso basta, y a mi me basta para renovarme entera por dentro, llenarme de aire hasta sentir que me despego de la arena que durante el día entero, vulgar, abrasa mis pies y mi conciencia. Alimentas mis sueños, el tesoro más preciado de los mortales. ¿Qué sería una vida humana sin sueños? Los necesitamos ante la absurda existencia que nos lleva a ser marionetas interpretando un papel infinito y sin sentido. Soñamos, dormidos y despiertos, y nos cambia el color de los ojos y de la sangre cuando tenemos uno de esos sueños extraordinarios. Yo sueño poco, me di cuenta hace tiempo que es una práctica estéril que sólo provoca dolor, pero estoy empezando a cultivarla de nuevo. Es preferible quebrar tus alas contra la cúpula invisible que nos separa del Olimpo a no levantar el vuelo porque sabemos que nunca nuestros ojos se deslumbrarán con la luz celestial que emana de dicho monte. Sueñe el que pueda. Yo te cuidaré, como dios me dé a entender, a cambio de que sigas insuflando oxígeno a mis sueños.