martes, 27 de diciembre de 2011

Dudas

"Lo importante no es cuánto se viva sino cómo se viva". Estas palabras que oí ayer no paran de martillearme en la cabeza. No me doy cuenta de que hay que buscar las raíces de los anhelos, de los sueños y de las frustraciones y cuando uno las halle, debe alimentar algunas y erradicar otras. No importa el tiempo que lata el corazón, lo que importa es que cada latido sea sincero, verdadero y libre.

En el aire

Los aromas están en el aire. También en la cabeza, pero es el aire el que hace que despierten y los rememoremos.
Hoy el aire ha despertado un aroma que iba encadenado a un recuerdo y, sin quererlo, me he trasladado unos instantes a aquella casa que cobijó los primeros destellos de mi vida. Aquella casa con su chimenea en torno a la que gastábamos el tiempo distraídamente, conversando sobre cosas triviales y sobre otras que no lo eran y que marcaban el constante devenir de nuestras vidas. Te recuerdo con tus mejillas coloreadas por el calor cercano del fuego donde cocinabas, por estas fechas, esos dulces cuyo olor tenía guardado y hoy ha vuelto a mi, despertando vivencias dormidas. Alguien, a tantos kilómetros de ti, hoy repite aquella escena y cocina junto al fuego. Quizá también tenga al lado a una personita que absorbe cada momento y que intenta aprehender cada uno de tus gestos y tus palabras. Ojalá así sea, porque cuando pasen los años, esos momentos serán los que darán sentido a su vida.
Acabo de llamarte para contártelo porque he querido que sepas, una vez más, lo importante que eres en mi vida, tanto, que cualquier cosa me recuerda a ti y con ello entiendo que todo lo que soy te lo debo. Lo único que me daña es que, por la lejanía, ya no podemos compartir momentos como aquellos. Me consuelo con recordar los que vivimos, los revivo constantemente, porque éso, los recuerdos, la distancia no puede arrebatármelos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad

Ya ha llegado. Hasta hoy no había querido ser consciente de que ha llegado la Navidad. Maletas que deshacer, compras y más compras (tantas que incluso yo, que adolezco del afán consumista, termino por aborrecerlas), llamadas sinceras a seres queridos y otras sólo "por cumplir" (por suerte, de estas últimas voy reduciendo el número cada año, será que la edad me está volviendo maleducada o pasota). El corazón partido entre dos o tres sitios, cada trozo añorando una compañía distinta. Todo no se puede tener, en todos los sitios no se puede estar.

martes, 13 de diciembre de 2011

Cosa de dos

Una mano prendida de otra mano,
un ojo, mirando a otro,
un latido, eco de algún latido,
una sonrisa que llorando destrozo.
Un paso que pisa en tu huella,
un aroma que en mis manos aprisiono,
son tus labios que en mis labios dejan
el veneno que da vida a la vida que ahogo.
Quiero soñarte, quiero abarcarte,
vivir en tus nubes,
beberme tu aire.
Quiero llegar al mundo, cada mañana,
y empezarte y acabarte.
Quiero pensar que tú me piensas,
quiero que tú te bebas mi aire.
Que fluya el tiempo,
dejo ya que la vida se escape,
vivo en tu mundo, en ese mundo
en el que ya no cabe más nadie.
Que caigan las estrellas,
que se inunde el cielo de mar embravecido,
sólo quiero aferrarme a tu cuerpo
y sentir, sólo entoces, que vivo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Poesía constante

Vida constante, muerte constante. Ahí estaba él, con un libro entre sus sabias manos, un libro lleno de marcas para ir al poema preciso, al poema justo, al poema elegido. Recitar poemas de Lorca es sencillo, pues presentan una rima ligera, ágil; pero llegar al alma del que escucha con un poema que de tanto leerlo ya percibe uno como algo propio, eso, tiene mérito. Puede que algunos no entiendan la vehemencia del recitado, el declamar pausado, las cadencias, los ojos cerrados, la mano que se eleva y cierra el puño con fuerza. Seguro que algunos lo juzgarán de ridículo, pero cómo me entusiasma observar esos momentos de entrega total al poema. El sentimiento contenido, la voz serena, rasgada. La cabeza llena de cada una de las letras que componen cada uno de los versos y de imágenes, sin duda, que dichas letras traen a la memoria.
Continúa la magia, esa magia que se acrecentó cuando accedió a leer uno de sus poemas, uno de sus hijos, que late en uno de sus libros y que me hizo sentir emociones infinitas cuando lo leí, no hace mucho.
Es una forma de vida, la poesía, es vivir en paralelo. Pero, también, es una forma de morir, porque te encierras contigo mismo y un papel en blanco para crear vida nueva que ha de nacer de tu continua agonía.
Que siga naciendo poesía, que crezca, que lo inunde todo. Que nos siga dando aliento a estos locos que nos alimentamos del sentimiento.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Misticismos

Últimamente pienso mucho en eso de la existencia del alma inmortal, de la vida después de la muerte corpórea. No es lógico, es incluso ridículo, pensar que una vez que el cuerpo queda inerte, una entidad inmaterial se separa de él, viaja en el tiempo, en el espacio, y sigue viviendo. ¿Siguen, entonces, latiendo los recuerdos, los anhelos, las emociones que nos arrasaron mientras ese alma o espíritu permanecía encerrado en el cuerpo? ¿Seguimos recordando aquello que nos daba vida y, por contra, lo que nos la iba arrebatando? Si es así, quiero recordar una sonrisa, unos ojos, un escalofrío que provocó el tacto de tus dedos en mí. Sólo quiero recordar eso, allá adonde vaya mi alma.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Diciembre

Un camino, unos kilómetros que acercan y que alejan, que me llevan y que me traen. Todo es relativo, dependiendo del punto que se tome como referencia.
Acciones que se han convertido ya en hábitos, todo aquello que se hace por inercia. Abrir cajas, esas cajas que duermen olvidadas durante un año, y sacar aquella figura, aquel candelabro, aquella guirnalda que guardé con resignación y pena porque habían vuelto a acabarse las Navidades. Todo un año que se ha deslizado por mi vida (o yo por él) sin ser muy consciente de ello. Ahora recuerdo largas tardes de verano, paseos buscando la sombra, helados compartidos en remansos de sosiego y calma... Recuerdo el mar inmenso, horas dentro del agua, nadando, bajando a sus entrañas para perderme en el silencio que reina bajo el agua. Contemplar la realidad a cámara lenta bajo el agua, es como si ahí abajo no hubiera prisa. Nadar, exhausta, hacia la orilla y tumbarme para que el sol lánguido secara el agua y dejara la sal y el color en mi piel. Cómo anhelo esos momentos. Pero se fueron y llega el frío, la sombra, el silencio obligado. Sólo momentos puntuales de compañía y luz. Vuelvo a buscar momentos que también en invierno me inyecten vida. Tú, tu voz, tus ojos profundos. Compartir el tiempo, quizá el frío que nos obligue a acercarnos y darnos calor.
Ya estamos en diciembre.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Aprendiendo otro idioma

Aprendiendo el idioma en el que está escrito el destino. No soy de los que creen en él. He comprobado que la perseverancia y el esfuerzo constantes borran cualquier pasaje del libro del destino. Es indiscutible que la suerte tiene mucho que ver, pero puede lograrse todo aquello que uno se proponga en la vida (siempre que se sea realista y no se aspire a lograr imposibles). Sin embargo, hay momentos en los que uno se cuestiona cuánto hay de verdad y de mentira en este planteamiento. Me pregunto si, realmente, no será cierto que el destino está escrito y, por tanto, resulta estéril esta lucha diaria por conseguir que las cosas fluyan por ríos sin caudal alguno. De qué sirve dejarse la piel, la sonsrisa y el alma. De qué sirve ya, después de tanto tiempo contemplando cómo cuando el barco empieza a navegar según el rumbo que le fijas, imprevisiblemente, vira y vuelve a navegar a la deriva. No se puede luchar contra la fuerza del viento, del mar, la atracción de la luna... Ellos conducen el barco y yo zozobro en la angustia y la pena de no conseguir llevarlo a buen puerto.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Despertar tardío

El viento me golpea la cara, me arranca el aroma que se adhiere a mi piel, me tira del pelo, se mete en mis ojos. Es un viento frío, el viento primero de la primera mañana. Ojos cristalizados, imágenes que crecen y menguan entre los añicos rotos del espejo en el que no puedo mirarme porque no devuelve la imagen que quiero. Frío, hace frío, es un frío que deshumaniza y que perpetúa y ensordina las rarezas del latido desacompasado de este corazón que ya noto como algo ajeno a mi. Late a su ritmo, libre albedrío que se estrella contra las encrucijadas que transito en la penumbra, siempre en la penumbra silenciosa. Y el tiempo, ese castigo que dios lanzó a los hombres, hacerlos marionetas del tiempo, que nos zarandea, nos acerca y nos aleja, nos proyecta hacia el abismo o nos suspende eternamente en el limbo incomprensible, inabarcable. Añoro oír la palabra pretendida. Me acabo, me consumo. Sueño o vigilia, sueño o vida, sueño o muerte.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Ha caído entre mis manos
una página en blanco,
nada escrito, ni una letra,
pretende que yo la vaya llenando
con historias venideras,
sueños rotos del pasado,
risas neonatas incesantes,
pasos juntos, mi paso junto a tu paso.
El miedo seca mi pluma,
no me atrevo a dibujar un solo trazo,
de nuevo me siento marioneta,
juguete roto, muñeca de trapo.
Quiero dibujar caricias,
ojos fijos, juegos de brazos,
corazones latiendo a la par
y aromas nuevos en los ocasos.
Dichosa pluma, que sigue seca,
no logro dibujar un solo trazo,
guardo anhelos en la maleta,
mi dicha y mi voz, también las guardo.

El cielo sigue llorando

No deja de llover. El calor de dentro empaña el cristal por el que serpertean, furtivas, las gotas de lluvia que va dejando caer el cielo desde hace ya varios días. Café recién hecho en mi taza favorita, taza que abrazo y que calienta mis manos, como siempre, frías. Me gustaría compartir contigo este momento, este café, este tacto cálido de la taza entre mis manos, asomarnos a la ventana y llenarnos el alma con el aire limpio que dejan las lágrimas celestiales. De nuevo utopías, soledades, latidos desacompasados.

martes, 22 de noviembre de 2011

Leer entre líneas

El don de leer entre líneas no lo tiene mucha gente. A veces me aterra que lean mis "entrelineas", que me entiendan, que entiendan mi pena... mi pena, la mía, esa que filtra la sangre que me da vida y la administra a su antojo, no sea que me llene de vida, de ilusión, y se me desborde la dicha.
Se puede leer entre líneas, imaginar imposibles o realidades, dudo qué es lo mejor. En cualquier caso, como pasatiempo, es una opción que no me desagrada. Sigue leyendo, que yo seguiré construyendo mundos de penumbra y silencio entre línea y línea.

martes, 15 de noviembre de 2011

No hay manera ni forma

No la hay, o quizá sí la hay pero no me brota de forma natural. Me amedrenta el susurro continuo del corazón, la humedad en tus ojos cuando te fallo, porque te fallo, lo sé, lo siento. Quizá, sí, habría que ser como las gotas de lluvia que caen sobre las hojas del árbol y apenas las llegan a rozar. Quizá debería haberme deslizado por tu vida como una sombra, como una ráfaga, que pasa sin pena ni gloria, dejando un leve tacto, un aroma casi imperceptible. Pero yo no soy lluvia suave sino tormenta, con sus truenos y sus rayos, tormenta que apaga el día y mata cualquier resquicio de luz. Y todavía corre el mes de noviembre.

lunes, 24 de octubre de 2011

Vidas anónimas

Terremotos, inundaciones, secuestros, asesinatos, accidentes... me impresiona que pasen tantas cosas en el mundo, ese mundo en el que vivo yo pero que parece ser otro, paralelo, algunas veces. Sufro por cada una de las víctimas, por las que salen en televisión y por todas las anónimas que serán tantas... Sin embargo, mientras el mundo se desmorona, tiembla, es arrasado por huracanes e inundaciones, mientras padres sienten que les retuercen el corazón al saber que han secuestrado a sus hijos, o que están bajo kilos de escombro, o que, simplemente, ya no están, mi vida sigue su curso, paso a paso, hacia los mismos sitios. Me río, olvidándome de todo el dolor y toda la tragedia circundante. Pero es que resulta que es así. Ahora me toca reir. ¿Acaso cuando yo lloro alguien más me acompaña en mi llanto, en mi pena? Hoy es uno de esos días en los que me sonríe el corazón, a pesar de que vuelve a hacer frío, y ya no me crezco con los rayos del sol. Otras cosas habrá que me den vida y aliento. Comienza el otoño para mi. Ese viento frío que se estrella contra mi cara, ese caminar acelerado por la calle para cobijarse cuanto antes, ese deseo de una taza de café entre las manos frías, calcetines, mantas... pronto guantes, gorros y bufandas. Que el frío se quede fuera, por dios, es lo único que pido, que el frío no me hiele el alma esta vez.

miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Qué es lo que buscamos?

Yo empecé deseando una Barbi que venía con una caravana. No debí de portarme demasiado bien cuando los reyes magos preferían siempre dejarme ropa sobre mis zapatitos limpios. Yo aprendí a odiar mi suerte, o mi destino, ya con unos pocos años, porque sabía que no había reyes magos, y en su lugar, pobres plebeyos, de carne y hueso, que aprendieron a sacar cuatro platos de uno, y ropa decente de jirones viejos. Pero mi egoísmo de niña que entendía de sobra la situación, no dejaba de soñar con la Barbi y su caravana.
Luego quise una bicicleta. Ya rondaba los catorce. Me la compraron a los 16, cuando ya se me había pasado el afán por coger la bici y unirme a aquel grupo de chicas que, en aquellos tiempos, eran mis amigas y salían por las tardes a pedalear y echar cuatro risas. Creo que para entonces ya me había tragado deseos que consideraba imposibles (un caballo, una habitación para mi sola, una cama acortinada...). Sin duda, nunca nadie supo que quería aquellas cosas, quizá, en el fondo, yo tampoco las quería. ¿Qué he querido en realidad? Quise todo lo que tengo ahora. Quise este trabajo, quise salud para la gente que me importa, quise una casa con chimenea y patio donde pudieran crecer mis macetas; quise no tener que sacar cuatro platos de uno, ni ropa decente de jirones viejos. Quise tener a alguien a mi lado que me viera por dentro con sólo mirarme a los ojos, alquien que ensordinara mi pena con un abrazo. Quizá ahí radica la frustración, en que tengo todo lo que quise pero no lo tengo aquí. No tengo a los que me importan, no tengo mi casa y mis macetas y el fuego que me calienta el alma. No tengo esos ojos en los que se ahoga mi pena. Yo busqué y hallé, pero tengo las manos vacías y la sensación de no tener lo que me hace falta.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El clavo ardiendo

Uno se agarra a un clavo ardiendo para salvar la caída al vacío, para evitar despeñarse en el abismo, para intentar no perderse y remontar el vuelo. Cuando el clavo aparece sin que lo hayas pedido, cuando, incluso, has dicho claramente que no lo necesitabas, entiendes que la ceguera te estaba impidiendo contemplar la hermosa figura de quien está ahí, a pesar de que hayas sentido que estabas solo en medio de la nada. No, no era más que un espejismo ingrato. Comienzo a respirar de nuevo, pero despacio, de forma contenida, todavía me duele inspirar vida y echar fuera la podredumbre. Poco a poco.

martes, 4 de octubre de 2011

A cuestas

Yo cargo con mi vida y sus reveses azarosos, yo cargo con desdenes, con la ausencia de palabras o letras que eran mi biblia, yo cargo con ese frío que me abrasa la piel, el cuerpo, el alma, desde fuera hacia adentro. Es desde fuera hacia adentro. Sentir que no estoy, a pesar de estar ahí. Máscara descarnada que se adueña de mi rostro, de mi cuerpo entero, de mi aliento y de mi voz. Todo es teatro, espectáculo, felicidad desbordante de cara a la galería pero, detrás del telón, entre bastidores llenos de polvo y mugre, se halla la nula esencia que no da, porque no puede, sentido alguno a mis días.
De nada sirve patear las primeras hojas caídas, pisarlas, hacerlas crujir, de nada sirve, si mi mano busca tu mano sin hallarla, sin toparse con un dedo siquiera, ese dedo meñique al que yo engancharía mi dedo meñique y con él, mi vida entera.
Y encima, qué ironía, tú ignoras que ya no soporto más este ahogo, que verdaderamente me cuesta respirar (¿o es que no quiero?), que me da igual que amanezca o que reine la luna indefinidamente, que la risa no me brota de dentro, como antes, que mis ojos ya no sonríen y que cuando hallan soledad y penumbra se cierran y miran hacia adentro, sacando el único calor moribundo que se desliza por las venas, lánguidamente, y convirtiéndolo en lágrimas incesantes de fuego y sal.
Pero tú no lo sabes.

domingo, 2 de octubre de 2011

Lo reconozco

Reconozco que, a veces, muchas veces, me mata el silencio, el vacío, la soledad. Reconozco que cojo el teléfono y que aborto llamadas que inicio porque, en realidad, no tengo nada que decir, sólo busco el contacto. Pero he de reconocer también que me gusta esta soledad, este silencio, este vacío que lleno conmigo misma, con mis quehaceres, con mis reflexiones, mis lecturas, mi música, mis velas y mi incienso... Podría pasarme así algunos días más. Hoy no necesito charlas, risas, compañía... Sola, conmigo, con mis historias, las mías, las que nadie entiende, las que nadie comparte, las que nadie conoce. Yo soy así. Quizá algo rara, quizá demasiado entusiasta de mi trabajo, de mis proyectos, de esta vida que no hace más que darme reveses que, por suerte, suelo ir esquivando.

sábado, 1 de octubre de 2011

Risas

Me haces reír, desde dentro hacia afuera. Me ríe el alma, si es que existe. Tu presencia lo inunda todo de aroma, de esencia, de plenitud. No necesito más que eso, tu presencia, para que mi alma halle sosiego y paz.
La vida no suele ser justa y nos mueve como marionetas, a su antojo. Pero la vida, mi vida, quiso que yo te cogiera de la mano, permitió que tú enredaras tus dedos entre los míos y que estuvieras ahí. No entiendo más que eso, no puedo ni quiero entender ni razonar más que eso: que te busco y te encuentro y que cuando tú me buscas yo estoy ahí.

Un mes

Ya hace un mes, un mes justo, desde el día 1 de septiembre. Recuerdo los proyectos que había para ese día... Todo quedó en planificaciones que van al traste.
Gente que me importaba se alejaría después... Momentos que me importaban, también. Qué ingrata es la vida cuando quiere. ¿O son las personas?

jueves, 29 de septiembre de 2011

Un poema que te llegue

He querido buscar un poema de esos que llegan al alma. Tenía, además, que ir cargado de mensajes hacia ti. Tenía que decir "te extraño", "te busco en mi silencio, en esa mitad vacía de la cama, bajo el agua caliente que resbala por nuestra piel enjabonada...". El poema tenía que hablar de lo que siento cuando me abarcan tus brazos, cuando me quitas el pelo de la cara, del cuello, y lo besas... Tenía que hablar de los ratos en los que el reloj se olvida, en los que estamos tú y yo, y nos olvidamos del resto del mundo. Pero no lo he encontrado. Quizá ningún poeta sintió nunca por nadie esto que tú me haces sentir. Qué extraño.
Quería hallar ese poema, imprimirlo en un papel bonito, ponerle letras en cursiva, quizá también de color... Pero no lo he encontrado. ¿Y tú? ¿Buscarás algún día un poema que describa lo que sientes por mi? Qué va. Esta sensibilidad mía que me lleva al absurdo no suele padecerla el resto de la gente. Afortunados.

martes, 27 de septiembre de 2011

Qué ironía

La vida te ofrece un sinfín de momentos para que te tragues la lengua y te quedes perplejo, atónito. Después de enterrar banderas que ondeaban en el cielo azul, un paseo azaroso por aquel cementerio olvidado hace que tropieces con un retal insignificante de aquella bandera y ese retal enganchado en tu pie, inoportuno, tira del resto. Caja de Pandora abierta. Recuerdos que vuelven a mis pupilas, a las yemas de mis dedos, a cada poro de mi piel. ¿Cuántos recuerdos puede albergar la memoria? La mía es prodigiosa.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Rebosa el vacío

Hay veces que pierdo la voz, pero lo hago a conciencia, la ahogo. Mi corazón se arruga y el dolor me oprime el pecho entero. Se van desgastando las plumas de esas alas que me animaban a levantar el vuelo. Y ya no puedo volar. Me veo condenada a arrastrarme por el suelo, por los caminos zigzagueantes que tú, desde arriba, con tu dedo omnipotente, señalas. Entre los guijarros que quedan de aquellos castillos que construí de ilusiones imposibles, jirones de mi piel muerta, aquélla de la que rezumaba dicha, pasión, éxtasis.
Ya no puedo alzar el vuelo. Ya olvidé cómo se volaban cometas cargadas de sueños. Beso muros de piedra gélidos que me agrietan los labios, que no me devuelven el abrazo y me empujan contra la realidad impasible que quise construir a base de ilusiones.
A lo lejos, aromas, canciones, recuerdos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

A través de los años

Es sumamente gratificante que después de varios años de paréntesis, de ausencia, le pida uno ayuda a alguien y te la brinde al instante, a pesar de ser las 12 y pico de la noche. Y, encima, con amabilidad, cortesía, quitando importancia e interesándose por cómo me trata la vida. Esta ha sido la lección de hoy: hay que cuidar a los amigos, esos que permanecen ahí a pesar de que ni les dediques unas letras en momentos puntuales del año, como Navidad o el día de su santo. Nunca es tarde si la dicha es buena.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Acostumbrarse

Acostumbrarse a dejar las cosas al principio de la mesa y no al final, como hacía antes, cuando la taquilla estaba al otro lado, no al principio, como ahora.
Acostumbrarse a volver a explicarlo todo, desde el principio, porque no saben lo que los demás ya sí sabían, y hay que empezar de cero.
Yo me acostumbro rápidamente a los nuevos hábitos. No me ha costado empezar de nuevo la rutina diaria, madrugar, trabajar, planificar el menú semanal, volver al gimnasio... No me ha costado, la verdad, es más, creo que incluso me hacía falta. Eso sí, no consigo acostumbrarme a las caras nuevas, quizá porque no me hace falta, quizá por pereza, quizá porque ellas no se muestran muy solícitas... o porque con las antiguas me basta.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Acabaré perdiéndote

Sé que te pierdo, soy consciente de que mis manías, mis rarezas me alejan de ti. Acabarás viéndome como un bicho raro que querrás quitarte de encima. Y yo me esfuerzo para ser normal, sentir de forma normal, desear, anhelar, de forma normal, pero no lo logro y me consumo en mi propio vacío. Agarras mi corazón con tu mano derecha y lo aprietas pero, aún así, sigue latiendo para adentro, bombeando hacia adentro. Acabará reventando, digo yo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

¿Qué hago?

¿Qué hago, dime, qué hago con estas ganas insultantes de tenerte? Si no puede ser, si es imposible, por dios, ¿cómo puedo reprimir la pena que me ahoga porque no puedo tenerte aquí y ahora?
El reloj se detiene en seco, mi vida frena en seco, de 2000 a 0, del cielo al infierno, de la absoluta dicha a la más decadente consternación y el más deprimente hastío. No pueden ser buenos estos altibajos, estos cambios bruscos de humor, de ánimo. Me está matando. Debo ocupar mi tiempo, quizá sea el hecho de estar ociosa, de ponerme a escribir, de contemplar cómo va muriendo la tarde y mi vida. De qué me han servido los momentos gratos si ahora sólo sé mirarlos con envidia, si sólo anhelo volver a protagonizarlos, si no me contento con guardarlos en mi recuerdo y rememorar la felicidad que brotaba incesante de mis ojos, de mi garganta y de mi piel. He de aprender tanto…, debo doblegar este absurdo carácter que no hace más que desear y anhelar imposibles, que no se contenta con lo que la vida, grata, me ofrece. Ya no puedo más. Así no. Yo no sirvo para esto, no sé amarte con cuentagotas, no me cabe en la cabeza el hecho de no saber de ti hora tras hora. Tú viviendo tu vida, yo gastando la mía, y, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, tu vida se mete en mi vida y caminamos al unísono. Pero eso acontece tan de tarde en tarde…
Rompo, hago trizas, las nubes que cargaban mis sueños. Tú no conoces mi pena, tú hablas sin conocer mi pena, tú pensarás que soy feliz, tú ignoras que me refugio ante la pantalla, en mitad de la noche, que daría mis ojos a cambio de poder tenerte aquí, que me escucharas, que me entendieras (¿existirá utopía mayor?) y secaras la sal que me escuece en la cara.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Merece la pena

Mereció la pena hacer 300 kilómetros para darte la sorpresa; contener las ganas de ir corriendo a tu casa y abrazarte; aguardar en silencio la llegada de los demás, saludos por señas, risas contenidas y nervios en el estómago a las puertas de tu casa. Y allí estabas tú, en tu sillón de siempre, con tus ojillos de siempre, encajando besos y abrazos suaves que tu cuerpo frágil devuelve con ternura y dejando brotar las lágrimas de tus ojos, derramándose con ellas la alegría inconmensurable de tenernos allí a casi todos nosotros, los tuyos. Regalos materiales que alabas, aún sabiendo todos que el mejor regalo era nuestra presencia, nuestra unión, nuestras ganas de estar juntos y de que tú lo vivas.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Sí y no.

A veces es necesario, trascendental, decir sí a pesar de desear la opción contraria. ¿Por qué? Por seguir convencionalismos unas veces, por no contrariar a nadie, otras; por quedar bien, por el “qué dirán”, por acortar distancias o, al menos, por no agrandarlas… Hay infinidad de razones.
El problema sigue siendo el mismo de siempre. Yo y el mundo. Me convenzo, cada vez más, de que soy rara, de que la gente con la que me codeo no es como yo. No sufren por las nimiedades que a mí me quitan el sueño y la risa; no luchan, segundo tras segundo, por lograr metas fijas, inamovibles; no se obsesionan por que las ilusiones y deseos o anhelos se materialicen, se hagan realidad; o, al menos, no de una forma tan continua como yo. ¿De qué me sirve? Aquí estoy, frente al papel virtual, volcando la tetera para que se derrame la última gota de este ahogo que nunca acaba de salir. Y mientras, otra gente con más problemas, con más obstáculos y que transita por caminos imposibles, sonríe, disfruta del tiempo y vive, aparentemente, feliz.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Acoplamientos.

Estás, y todo vuelve a estar en calma. El corazón recupera su ritmo, el temblor de las manos se ausenta y el sentimiento amontonado en la garganta se difumina. Tengo que enderezar este camino que se tuerce, tengo que segar la hierba seca que se me enreda en los pies, tengo que limpiar el cristal de la cúpula que cubre mi cielo y tengo que mirar hacia arriba, aferrarme a tu mano y dejar que el tiempo se vaya extinguiendo.
Me canso de despertarme de mis sueños a bofetadas, me canso de sentir que soy una pieza más del puzzle, insignificante. Tengo mis sentimientos, quizá sean excesivos, quizá demasiado a flor de piel, pero los tengo, me definen, y no puedo matarlos, no puedo ignorarlos, no puedo fingir que no me afectan ciertas cosas y no puedo cambiar... No puedo y ya no sé si quiero seguir intentando asumir que las cosas son así, que, sencillamente, hay que acoplarse. Y a mí, ¿quién se acopla?

Volar cometas

Yo podría ayudarte a volar cometas. Que el cielo se tintara con tules de color, de vaivenes azarosos, de ilusiones colgadas en la cola y encima, el corazón.
Quisiera ayudarte a segar tu tormento, echarlo al ire, igual que se echa la cometa. Y que volara, que volara muy alto, que un soplo de aire se lo llevara para siempre, lejos... Y que sólo quedara la cometa, ondeando en el cielo azul.

Me conformo

Tu cabeza en mi regazo.
Tus mejillas entre mis manos,
pausada respiración que te hincha el pecho,
presencia y ausencia y ojos cerrados.
Descifraría ahora el enigma de tu piel,
cada poro, a conciencia, iría despertando,
te amaría hasta donde no alcanza ya la plenitud,
pero me conformo siendo la cama de tu letargo.
Mi consuelo sólo necesita mirarte…
Y que puedan tocarte mis manos.

De viceversas

Nadie me contesta,
nadie me da su voz,
música sorda en una orquesta,
flor nacida mustia, sin color.
Yo y el mundo,
el mar, el cielo y yo.
Tú viviendo en el barullo,
en silencio absurdo muriendo yo.
Quiero sombra, pupilas,
Dedos en la espalda, corazón.
Tú buscas luz, palabras,
manos cruzadas, voz.
Se hunden mis pies inciertos
en el lodo que el huracán dejó,
mientras tú caminas certero,
tierra firme y, a lo lejos, yo.

Penitencia

Si tengo que mirar hacia adentro, miraré,
si sólo con respirar tu aire debo contentarme,
me tragaré los ojos y mis manos cortaré
si así contengo las ganas de amarte.

Si tengo que ignorar que me mata el frío,
si debo aparentar que mi alma está en calma,
acallaré las voces que brotan del vacío,
si así finjo que no me faltas.

Si tengo que ser feliz con este aliento intermitente,
con un aroma, un latido, una mirada fija,
aguardaré tu llegada, en silencio, paciente,
y el calor en mi cuello que tu respiración propicia.

Mientras tanto te abrigaré en mi recuerdo,
imaginaré amaneceres blancos,
arcoíris de ilusiones que no tengo,
lienzo virgen y cárcel de brazos.

Me haré pequeña y entraré
por rendijas por las que no cabe nadie,
si he de volar, sin alas podré,
y robaré las estrellas que tu reclames.

Sólo quiero tenerte, despacio,
respirar tu aire, sentir tu aliento,
el tambor de tu pecho marcando mi paso,
y la sangre viva quemando por dentro.

¿Enfermedad?

Qué difícil es nadar a contracorriente. Es combatir contra las olas imparables, eternas, que me tumban, me arrastran a su merced, y luego me dan una tregua para que yo, ingenua, me sienta poderosa y valiente, crea que podré arribar a tierra firme y vuelva nuevamente a iniciar el nado suicida.
Las ganas están dentro, la energía, que se renueva incesante e incomprensiblemente, también nace de dentro, las lágrimas que ahogo, los gritos que tapono, brotan desde dentro. ¿Por qué? ¿Qué parte de mí se quiere tan poco que me inyecta fuerza para que pueda seguir nadando?
Por fuera, imagen falsa de falsa serenidad y control, riendas firmes sobre el caballo desbocado que hipnotizo y que, sorprendentemente, me sigue el juego. “¿A dónde el camino irá?”. Si yo lo supiera…
La tarde va muriendo. He ido matando a conciencia cada segundo que me ha regalado este día, desde el despertar tranquilo y aparentemente acostumbrado ya a estas nuevas cuatro paredes que me aprisionan. He ido contando cada latido de este día para comprobar que no necesito más que aire para que el corazón, el órgano, siga desempeñando su cometido. La enfermedad viene de otro sitio, se cobija en otro sitio, aunque, confusos, la ubiquemos en algún lugar del pecho. Ahí no queda sitio, por dios, dejémonos ya de idioteces. Es un mal y viene de fuera.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Llueve

Cada cosa en su sitio. Ya he colocado cada una de mis cosas en el lugar en el que considero que es su nuevo sitio. De nuevo silencio, eco de soledades y ausencias. El alma... aún no he encontrado el cajón adecuado. Hoy llueve y empiezo a rememorar tardes del pasado invierno en las que el ánimo, el espíritu de plomo se me amontonaba en el pecho y me ahogaba. Todavía no, aún es pronto, demasiado pronto para sufrir este ahogo. Quizá porque soñé con estrellas que podría ver y coger desde la cama, únicamente, estirando la mano. Ilusa. Las estrellas no bajan para que tus sueños se cumplan, muy al contrario, con el cielo cubierto da la sensación de que ni siquiera existen. ¿Tendré que olvidarme de ellas, dejar de soñar con sentir su caricia en mis dedos?
Ojalá sea sólo una tormenta de verano.

martes, 30 de agosto de 2011

Finales y principios

Se acabó el verano. Me refiero a mi verano, mis vacaciones. Dos días para volver a encajar en los patrones de siempre. Despertador, libros, aprendizajes y enseñanzas. Reencuentros, despedidas, caras nuevas...
Me llena de tristeza, y también me anima, la estampa que contemplo: la gente se despide de sus amigos, familia, del mar... Los veo con equipaje, haciendo cálculos para que quepa todo en el coche. Abrazos, citas para dentro de algunos meses, lágrimas... No soy la única que prepara las maletas, que anota todo lo que necesita llevarse. Voy dejando, de nuevo, vacíos los armarios de mi casa, lleno bolsas y maletas. ¿Donde guardo el alma?

Restos de sal

Ya sacan las barcas del mar,
las limpian despacio,
les quitan los restos de sal.
Las guardarán hasta el verano,
casi un año a la sombra, sin navegar.

Yo tambien me voy alejando,
yo también me quito la sal,
yo también estaré a la sombra,
un año entero sin besar el mar.

Ya guardo los recuerdos,
caracolas que podré escuchar,
Te guardo entre las costuras de mi piel,
me giro, emprendo el viaje y te voy dejando atrás.

sábado, 27 de agosto de 2011

Sólo si tu quieres

Si quieres, te cogeré de la mano,
si quieres, te enredarás en mi pelo,
si quieres, te acariciaré los labios,
si quieres tú, porque yo sí quiero.

Si quieres miraremos las mismas nubes,
buscaremos imposibles en el cielo,
si quieres, me colaré en tí por cada poro,
si quieres tú, porque yo sí quiero.

Si quieres compartiremos el espejo,
la taza, la copa, el sofá,
y la toalla en la que sequemos los sueños.
¿Quieres tú? Yo siempre quiero.

Que nos despierten los mismos trinos,
que nos calle el mismo silencio,
que nos arrope el mismo calor
y nos duelan los mismos miedos.

Y cuando te lata el llanto en el alma,
quiero yo ahogar tu tormento,
quiero ser yo quien abrigue tu frío,
y cobijar tu cabeza en mi pecho.
Sólo si quieres tú porque yo... Quiero.

viernes, 26 de agosto de 2011

Desaciertos

Una frase puede dar paz a un espíritu atormentado y la usencia de unas cuantas palabras puede provocar el efecto contrario. Quien espera una respuesta y no la halla entra en un torbellino de hipótesis que se encadenan y que pueden desembocar en conclusiones totalmente radicales y desacertadas. La desgracia de esos espíritus atormentados no es otra que toparse con gente que no conoce esa capacidad innata en aquéllos de montarse películas, de construir montañas a partir de minúsculos granos de arena.

jueves, 25 de agosto de 2011

Otra raza

Unos acordes de guitarra flamenca a lo lejos, calles empedradas, flanqueadas por cuevas encaladas. Gitanos en sillas de anea, con la piel tostada y arrugada, los ojos entornados por el sol, te miran con cierto recelo y curiosidad. Contestan a tu saludo con rotundidad, elegancia y altivo tono de voz. Ellos son un clan, dueños y señores de aquel patrimonio, que los turistas se empeñan en convertir en un escenario público y pintoresco.
Un quejío flamenco, un taconeo y una voz quebrada que habla de amores no correspondidos, de celos y muerte. Un niño pide limosna lastimosamente. La cara sucia, la ropa sucia, las rodillas huesudas, los dientes grandes... Otras gitanas se empeñan en leerte la mano, lo que llaman "la buenaventura". Si es buena (la ventura, el destino), estoy por extender la mano y que me digan que todo va a irme bien. Pero... ¿no me va bien ya? No necesito que una gitana sabionda quiera interpretar, siguiendo con sus dedos negruzcos las líneas desdibujadas de mi mano izquierda (tiene que ser la izquierda, que es la más cercana al corazón).
Gitanillas jóvenes portando en su vientre lo que serán gitanos que volverán a deambular por las mismas calles, perpetuando su raza y su extraña forma de vivir.

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Lo sientes?

Siento no estar cuando y donde debo, siento no tener la palabra idónea y pronta cuando tú la necesitas, siento no saber meterme en tus ojos, en tus manos, en tu palpitar, en el devenir pausado pero continuo de tus días. Siento pensar en un color distinto al tuyo, siento que mis ilusiones se evaporen al calor del tedio y el hastío, siento no verte, a pesar de que te miro.

martes, 23 de agosto de 2011

Sangre de tu sangre.

Te abrazo fuerte porque me alegro de verte. Te aprieto contra mí porque quiero que tú sientas lo que sentía yo cuando me apretabas, de niña, contra tu pecho y me perdía en tu regazo. Dices que vas menguando y que yo cada vez estoy más alta. Si supieras que, muy lejos de menguar, creces cada día dentro de mi alma...
Me escuchas con atención, nadie me presta tanta atención cuando le cuento las trivialidades de mi vida. Te interesa mi vida, mis amaneceres tempranos, mis horas muertas en la penumbra de papel, mis planes, mi día a día. Tú cada vez tienes menos que hacer, cada vez tienes más tiempo para recordarnos y echar de menos tantos momentos que juntas hemos vivido. Yo también los recuerdo, pero desde otra perspectiva, desde abajo, siempre, plano obligado por mi corta estatura de entonces... Has cambiado, sí, y yo también, pero sigues teniendo la misma paz, profunda y sabia, en tus ojillos negros y tu voz sigue llegando a la cúpula y el subsuelo de mi alma, llenándola y otorgándole luz y sentido.

lunes, 22 de agosto de 2011

Preludio

Se va, irremediablemente, el verano. Ayer mismo llovía, anoche mismo se me erizaba la piel, por primera vez, con el frescor incipiente de la media noche. El sol va quemando menos, el agua apetece menos fría, el aire acondicionado se hace innecesario. Preludio del otoño, de días suaves y noches más largas. Pero todavía no, aún quedan los últimos retazos de este verano que, como pasó con el invierno, se ha extinguido lánguidamente. Vivamos, pues.

domingo, 21 de agosto de 2011

Pensamientos

Camina sola, piensa sola,
se detiene y continúa su camino,
no se agarra a ninguna mano,
ni la cobija ningún amigo.
Ya no espera una palabra,
muestra un semblante tranquilo,
ya no teme al agua del pozo,
que cubría de negro el día frío.
Ahora, desnuda, se abraza al mar,
no guarda pesares en el bolsillo,
en el pecho ahoga su pena,
y la suda, ofrenda, sacrificio.
Si la piel hablara...
gritaría los susurros que ha oido,
hablaría de paseos bajo la luna,
de una noche mágica sin abismo.
Pero la piel no articula palabra,
el pelo no ondea, altivo,
sus ojos no miran de frente
y el alma... hace tiempo que la ha perdido.


Ensoñaciones II

Soñé que respirabas a mi espalda,
pero desperté, me giré,
mi mano desperezándose te buscó
y entre los dedos se coló la nada.
Ausente tu cuerpo,
seguían latiendo mis ganas,
y quise sentir tu olor
náufrago entre mis sábanas.
Recuerdos martilleando el silencio,
agitación interior, fuera, absoluta calma,
tu ropa y mi ropa en el mismo cajón,
y el mundo girando tras la ventana.
Me dedico a soñarte,
mariposas en mi espalda,
una imagen, un aroma,
y cadenas en mi cama.

Ensoñaciones

Despiertas, abres los ojos y aún tienes la sensación de estar viviendo aquello que has soñado. Algunas veces, la mayoría, no recuerdo los sueños, otras veces sí, como hoy, que permanece en mi memoria como un recuerdo.
Todos los sueños tienen algo de absurdo. Nos permiten volar, hablar con gente famosa, o con gente que ya no está entre nosotros; tener coches fantásticos, pasear por lugares lejanos... El que tuve anoche no tiene nada de eso, es bastante realista. Conversaciones que bien podrían producirse, situaciones que no son imposibles y que me esforzaré por que se cumplan, por vivirlas,pero esta vez, despierta.

viernes, 19 de agosto de 2011

Collage

Yo sé que te pienso más minutos al día
de los que empleas tú en pensarme.
Yo sé que te sueño y te busco
en momentos en los que tú no buscas a nadie.
Yo sé que creces y menguas en mi alma
según el día o la noche, según el mar que me bañe.
Yo me obligo a descreeme, a deshacerme,
a no oírme... y a gritarme.
Yo ando y desando el camino,
envidiosa de las olas y su lenguaje.
No quiero pero sí quiero,
me enojo y conmigo hago las paces,
te declaro la guerra y con un solo gesto
estoy, de nuevo, dispuesta al desarme.
Y mientras tanto tú,
presente o ausente, valiente o cobarde,
parece que no sueñas, no buscas,
no crees ni gritas al aire.
Tu alma es llanura,
camino ancho y estable;
mi alma es montaña rocosa,
vereda angosta y serpenteante.
Pero andas tú por mi vereda
unas veces, otras seré yo la que ande
por tu camino, dejando mis huellas,
y al final del sendero, ¿quién sabe?
camino y senda, montaña y pradera,
dibujen el mismo paisaje.

Sosiego.

Una pared al norte, otra, la opuesta, lógicamente, al sur; y otras dos, para completar los cuatro puntos cardinales. Cuatro, en definitivia, y un techo y un suelo, que me produce una sensación agradabilísima cuando lo piso descalza y me llena su tacto frío y suave. Ese olor característico aunque artificial, que renuevo desde hace ya cinco años... Es este silencio, el de ahora, el que añoro cuando estoy varios días fuera, aunque me encuentre bien en el lugar en el que esté. Es esta paz, este frescor, esta tranquilidad y armonía que sólo me regala mi casa. ¿Quién me lo iba a decir? No tenía alma la primera vez que la vi. Desnuda, fría, sosa, callada, sola, esperando que alguien llegara y se fijara en su chimenea, el corazón, hoy rojo, que irradiaría sentido a aquella vida nueva que iba a construirse entre esas paredes. Ahora todo es diferente.
Hace unas horas, sólo unas pocas horas, mis ojos vacíos y llenos, a la vez, de tantas cosas, contemplaban el mar azul, las olas blancas. El sol algo oculto entre nubes que ya ocultaban la luna la noche anterior. Una ligera brisa que vitaminaba el alma y refrescaba mi piel. Instantes también aquellos de paz, armonía y serenidad. Es curioso que a pesar de sentarme cara a cara con el mar en diferentes lugares, siempre mantenemos la misma conversación y siempre, si es a esas horas tempranas de la mañana, me queda ese buen sabor de boca, esa sensación impagable que te lleva a decirte, en voz queda, "me alegro de haber venido".

jueves, 18 de agosto de 2011

De cal y arena.

Calle encalada, calle en cuesta,
piedras que cubren el suelo
y que piso sin darme cuenta.
Geranios en las paredes,
helechos, claveles, azucenas,
olor a verde, cielo azul,
y calles que serpentean.
Despierto de la simpleza,
¿por qué la ciudad moderna?
el asfalto que huele a fuego,
atalayas que te condenan,
vidas enterradas, a cal y canto,
y en el alma, pobreza.
Continuo deambular de marionetas,
desgastadas entre las cuerdas,
gritos infinitos que acalla el barullo,
y la vista atada a la tierra.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Luna de nácar

Si sueñas, si eres de los que aún sueñan
abre el cajón para que salga la luna.
Su brillo de nácar, pesado como el acero,
cubrirá tus sueños con armaduras,
los hundirá en las negras aguas,
y ella, desafiante, se reirá en las alturas.
Nadarás en vano, torpemente,
pero ya no habrá salvación alguna.
Respira el agua, trágate el nácar,
miembros paralizados, sueños que se difuminan.
Y entonces te escupe el mar,
vomitas el agua, te secas el nácar enmohecido,
hundes los pies en la tierra fresca,
te giras y emprendes un nuevo camino.
Dejas siempre la luna a la espalda,
prefieres vivir de día, con el sol,
que va de cara.
Y los sueños... ¿qué es eso?
ya no hay que tender el alma mojada,
verás que el nácar es un espejismo
y la luna... una ilusión de nácar.

martes, 16 de agosto de 2011

Defectos

Todos tenemos defectos. Los peores no son los físicos, sino los que tienen que ver con manías, con el carácter, con la personalidad. Yo tengo un defecto de esos pero me enorgullezco de tener también una virtud: ser consciente de dicho defecto, que no es otro que mi afán por planificar. Es una costumbre que me acompaña desde siempre y la achaco a una rara manera de darme ánimos, de soñar despierta. Siempre planifico eventos positivos, agradables, y de esa manera, vuelvo la espalda al momento puntual que vivo. Ahora bien, el problema radica en que algunas veces no sale lo planificado (por suerte, son muy pocas) y en ese momento siento una especie de tribulación, por haber perdido las miguitas de pan que me conducían hacia ese futuro hipotético.
Otro problema que tiene esta manía de querer planificar es que, normalmente, la gente no la entiende y si les comentas que has pensado hacer esto o aquello para un día para el que todavía faltan tres meses, te miran como a un bicho raro, te contestan "ya veremos" y se llevan, nuevamente, las miguitas de pan. Solución: puesto que es una costumbre grabada a fuego que no se puede desechar, la única opción posible es excluir de tus planes a quienes son alérgicos a planificar.

sábado, 13 de agosto de 2011

Hacia atrás

Ni para coger impulso. Siempre mirando hacia adelante; proyectos, sueños, metas... Yo soy mucho de planificar, aunque últimamente he perdido la agenda. Lo mismo me da ocho que ochenta. Ahora no me importa trasnochar, madrugar o remolonear en la cama. No me incomoda comer tarde, no tener ganas de cocinar o pasarme toda una tarde haciéndolo. Mi vida y lo que en ella hay va surgiendo en cada momento. La vida va creándose con cada latido, de nada sirve planificar lo que ha de hacerse si no hay latido con el que se cree nueva vida.
Ya anochece antes. Lo comprobé ayer. Los días se van acortando. Imagino que dentro de nada, sin darme cuenta, estaré volviendo a casa envuelta hasta las cejas en mi bufanda, con las manos en los bolsillos, deseando llegar y tomarme un café bien calentito. Volverán los días en los que las once de la noche es la hora tope para ir a dormir y apetecerán los baños de agua caliente, secarse el pelo y ponerse calecetines para dormir. Lo mismo que cada invierno.

Ahora no

Ahora no me apetece leer ese libro que tenía reservado para este momento. Cuántas veces lo cogí entre mis manos, acaricié la pasta, deslicé mis dedos por las primeras letras de las primeras páginas y lo cerré, con cariño, pensando en un momento mejor, ideal, para perderme dentro de esa historia que llevo soñando, día y noche, desde siempre.
Ahora ya no me apetece andar esos pasos, intentar pisar dentro de la huella que ya existe, aún sabiendo que, de no hacerlo, dicha huella acabará borrándose, difuminándose con las caricias del viento. Y ¿luego qué? Sin migas de pan, sin huellas que seguir, a la deriva nuevamente. Quizá resulte que no me aterroriza tanto como creía abrirme paso entre la maleza, por senderos que no existen y que yo misma decido construir, dejando mis propias huellas. Quizá lo que me asusta es verme obligada a deambular por ese camino recto, ancho y nivelado, que era la meta desde siempre. Ahora no.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Visitas

Una visita me trae de cabeza desde hace varios días. Será porque nunca me visita nadie o porque me he propuesto demostrar que tengo razón cuando digo que mi ciudad es mágica, que no paro de programar la infinidad de cosas que quiero hacer en unas pocas horas. De sobra sé que en estos casos planificar sirve de poco y luego se eligen opciones no programadas pero, aún así, no he podido resistirme.
Ya ha pasado un mes. Juro que no he sido consciente de que ya he gastado más de treinta días de vacaciones. Lo peor (o lo mejor, según se mire) es que tengo planes para casi todos los días de agosto, con lo que pasará sin darme cuenta. De todas formas, no me agobio, no puedo detener el segundero por más que lo intente, con lo cual, la opción más sabia es disfrutar al máximo y poner buena cara al cercano mes de septiembre.

lunes, 1 de agosto de 2011

Silencio obligado

¿Por qué hoy está el mar embravecido? Es como si estuviera enfadado conmigo, con el mundo, y con su incontrolable oleaje nos quisiera alejar de sus aguas. Te recoge y te aleja, vuelve a abrazarte y, nuevamente, te vomita; se mete en tus ojos para hacerte llorar y te deja un sabor desagradable en la boca. En días así, pienso que no todo el monte es orégano y no todos los días de playa son remansos de paz y disfrute.
De nuevo, la soledad en la que habito me permite dar rienda suelta a los pensamientos, absorta en el arbitrario movimiento de las olas. Los pensamientos se encadenan, me alejan y me acercan en el tiempo, recuerdo o sueño, pero no dejo la mente en paz ni un segundo. Hoy no hay voces de niño que me perturben, hoy nadie conversa escandalosamente, hoy se impone el mar, inmenso, imparable, banda sonora de mis películas.

Será egoísmo

Pero qué bien sienta. Que te digan que aprenden de ti, que repitan algo que dijiste en un momento puntal, irrelevante, y que lo inyecten en sus razonamientos cotidianos como un axioma, eleva la moral de cualquiera, aunque se llame Modesto. Será egoísmo, o hedonismo, o narcisismo, pero me laten dos o tres corazones cuando sé que estás al lado, buscando mis palabras, mis gestos, mi presencia, mi voz. A veces, es sólo mi voz lo que buscas, eso basta, y a mi me basta para renovarme entera por dentro, llenarme de aire hasta sentir que me despego de la arena que durante el día entero, vulgar, abrasa mis pies y mi conciencia. Alimentas mis sueños, el tesoro más preciado de los mortales. ¿Qué sería una vida humana sin sueños? Los necesitamos ante la absurda existencia que nos lleva a ser marionetas interpretando un papel infinito y sin sentido. Soñamos, dormidos y despiertos, y nos cambia el color de los ojos y de la sangre cuando tenemos uno de esos sueños extraordinarios. Yo sueño poco, me di cuenta hace tiempo que es una práctica estéril que sólo provoca dolor, pero estoy empezando a cultivarla de nuevo. Es preferible quebrar tus alas contra la cúpula invisible que nos separa del Olimpo a no levantar el vuelo porque sabemos que nunca nuestros ojos se deslumbrarán con la luz celestial que emana de dicho monte. Sueñe el que pueda. Yo te cuidaré, como dios me dé a entender, a cambio de que sigas insuflando oxígeno a mis sueños.

sábado, 23 de julio de 2011

Rebajas

Mañana entera de rebajas. Si me descuido unos días más, no las pillo. Este año no me apetecía pasarme horas y horas rebuscando entre lo rebuscado, la verdad. Pero ha podido más la fuerza de la costumbre y hoy he echado un rato. No ha caído mucho, algún pantalón y alguna camisa, para matar el gusanillo.
Me gusta aprovechar la mañana del sábado cuando voy de compras. Hay poco tráfico, más aparcamiento, menos gente... más traquilidad, en definitiva. Luego, una buena comida, una buena siesta, un grato paseo al atardecer... De lujo. Vivan las vacaciones.

viernes, 22 de julio de 2011

Más recuerdos

Aún recuerdo cómo me pasaba horas y horas frente al ordenador cuando salían los destinos provisionales, el listado de aprobados en las oposiciones, baremos... Me iba la vida en ello. Cuando obtuve plaza en el 2008, pensé que nunca más me preocuparía por los destinos provisionales. Me equivoqué. Llevo días con los dedos cruzados para atrapar la suerte y que cambien algunos de ellos. A veces, si he deseado algo de forma vehemente, se ha cumplido. Ojalá ocurra esta vez.
Me pongo en la piel de los que han de empezar en un sitio nuevo. Algunos con ilusión, porque es un sitio que les agrada. Otros, con desánimo, porque sienten que son desterrados sin conocer el motivo. A todos ellos, sean de los primeros o de los últimos, suerte.

Viejos recuerdos

Llevo varios años viniendo a la misma casa y recuerdo cómo había que poner el ventilador si querías estar un rato en el sofá. Este año no hace tanto calor, basta con tener el balcón abierto. La brisa que viene del mar refresca, perfuma el ambiente y riza mi pelo. Todos duermen todavía. Yo no consigo romper el despertador biológico que debí tragarme durante el invierno y a las 9, como mucho, ya estoy despierta. Salgo de la cama para no despertar a nadie, me sirvo mi café, respiro hondo y me lleno de la paz y la calma que tanto he añorado durante meses. Soy feliz. Suena rotundo, pero lo soy. Siempre hay situaciones que podrían mejorarse, como es lógico, pero puede decirse que tengo todo lo que necesito para reir por dentro. Te tengo ahí, tengo tiempo para lo que me apetece, he aprendido a hacer lo que me place, a decir lo que siento, a buscar y encontrar lo que necesito. Tú me demuestras que puedo contar contigo, a pesar de las diferencias que existen entre ambos, pero me demuestras que soy un pilar en tu vida y eso me hace sentir importante.

lunes, 11 de julio de 2011

Desgana

Trasnochar, levantarse tarde, comer tarde, deambular por calles que quedan en sombra de forma artificial, degustar helados mientras los pies, casi desnudos, se deslizan por el asfalto abrasador o por la refescante arena que acaba de besar el agua salada. Ver atardeceres desde lugares dispares (campo, playa, miradores mágicos...). Da igual si es aquí o allí, no llevo reloj, tengo que preguntar el día que es (¿lunes o martes?, ¿11 ó 12?), no hay prisa, nadie me espera y yo no espero a nadie. Si apetece bien, si no... no importa. Apenas hablo con nadie. Salgo, entro, paseo, observo, miro, curioseo, pienso... sobre todo esto último. Sola con mis pensamientos, mis razonamientos, mis proyectos, posibilidades, utopías. Abruma saber que tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que se te antoje, como descubrir lugares nuevos en la ciudad eterna.
En el fondo no creo que esto sea bueno. Acostumbras al cuerpo a moverse a su antojo, cada órgano, cada neurona, cada poro, se comporta a su libre albedrío. Qué difícil va a ser volver a entrar en cintura dentro de 50 días. 50 días, qué barbaridad.

jueves, 30 de junio de 2011

Despedidas

Quién me iba a decir que me iba a dar pena irme. Mañana de despedidas, alguna lágrima furtiva, emociones, cafés, risas y momentos rememorando el primer día aquí. Volvería a andar los mismos pasos. Nos vemos en septiembre.

lunes, 27 de junio de 2011

Empaquetando

Como se dice comúnmente, "el pescao está vendido". Ya empaquetamos los enseres que nos llevamos a otra parte y tiramos todo aquello que consideramos que no nos hará más falta. Al final, el final ha llegado de forma acelerada. En estos días, se acerca uno más a toda aquella gente con la que has compartido tu vida durante meses sin darte cuenta. Cuánta gente grande voy descubriendo estos últimos días. Lo bueno: ya está descubierta para el próximo curso.

lunes, 20 de junio de 2011

Absurdos

Discusiones absurdas, palabras absurdas, reproches absurdos. Me da igual que escribas o que no, que critiques lo que yo alabo, que ironices sobre lo que hace que me bombee el corazón. Tú no lo entiendes, quizá porque eres de ciencias y yo de letras (aunque hay tantos de ciencias que también valoran lo mismo que yo). En cualquier caso, cuando la bola empieza a crecer, ambos deberíamos ser lo suficientemente sabios como para pararla y no seguir dándole patadas y construyendo muros que luego hay que saltar. Te dije, me has dicho, perdona, no era tu intención, no quería... Más disculpas de ambos frentes pero la batalla sigue latiendo en los tambores que marcan la avanzada.

viernes, 17 de junio de 2011

Agenda

La voz tomada, un ligero escozor en los ojos por la falta de sueño, leve dolor en la planta de los pies por el exceso de tacón (para presumir hay que sufrir), cansancio, desgana y ganas de no tener ya más público. La agenda pesa demasiado: tengo tanto que hacer que me agobio, porque no sé por dónde empezar.
Me impaciento ante las inminentes visitas al mar pero también siento pereza ante la llegada de otros quehaceres propios de la llegada de las ansiadas vacaciones: limpieza a fondo, recolocar enseres que transportaré de aquí para allá, buscar vivienda nueva para el próximo curso, visitas familiares obligadas (no todas deseadas en la misma medida), ausencias que se convertirán en omnipresencias... Cuando quiera darme cuenta, habrá pasado el verano y estaremos de vuelta. En cualquier caso, no es aún el caso, así que disfrutemos del postre, después de haber engullido ya, distraídamente, los primeros y segundos platos (que ya llegan a empachar).

martes, 7 de junio de 2011

Roles

Desde niña tenía claro que quería trabajar como profesora. Dudaba entre Historia y Lengua y, al final, me decanté por la segunda opción (animada por mis profesores que habían leído algunas letras mías de por aquel entonces y que me aseguraban que la Literatura era lo mío, cosa que aún no veo del todo claro). Cuando empecé mi periplo como docente, entendí que enseñar en sentido estricto no era lo que ocuparía los 60 minutos que dura la clase. Ahí entendí que, además de docente tendría que ejercer de psicóloga, de policía, de payaso, del Santo Job, de pseudopadres-que-educan-o-lo-intentan… Todo eso lo asumí sin problema porque “la educación ha cambiado mucho, porque los alumnos ya no son lo que eran, porque ahora funcionan otras técnicas, porque el rol del profesor/alumno no es el mismo…”. Lo que no sabía y me acabo de enterar es que, además de todo eso y de ser también administrativa y burócrata, tengo que negociar. Negociar, sí. No basta que yo crea que un material es mejor que otro y por eso ya debe ser el elegido. Además, tengo que intentar sacar algún provecho. Madre mía. A ver si ahora con los Grados nos ponen una asignatura que se llame “gajes del oficio” y la gente viene mejor preparada.

Presencias

Una presencia siendo ausencia. Lo que logra la tecnología. Sé que estás ahí, que piensas en mí, y tus dedos pulsan la tecla que lleva mi nombre. Para cualquiera puede ser una tontería, no para mí, que se me antoja precioso que a kilómetros de distancia, dediques tu tiempo, aunque sea un instante esporádico, a pensarme; que quieras que yo sepa que me piensas y que pulses la tecla que lleva mi nombre. Y yo, a kilómetros de distancia, me doy cuenta de que la conciencia me engañaba, que no estoy sola, que puedo contar contigo, aunque ahora mismo sólo podamos compartir un eco sordo y frío a través del auricular. No puedo tocarte, ni olerte, ni sentir tu presencia, pero sé que estás ahí y eso es suficiente. Mis sueños se bañan en este remanso de recuerdos en los que te cuelas y no puedo evitar que mis ojos, mi alma, sonrían cuando imagino que mañana viviré otro día en el que tú volverás a estar.

jueves, 2 de junio de 2011

Recuerdos de estudiante

Hoy me he acordado de cuando yo fui a ver mis notas de 2º de Bachillerato. Ahora soy yo la profe que mira con una sonrisa a los alumnos/as que llegan con la misma ropa elegante de la noche anterior, cara de sueño y cansancio, y se amontonan frente al tablón en el que están colgadas sus notas. Recuerdo la alegría que sentí al ver la nota media que obtuve (alta pero muy merecida), recuerdo las lágrimas de algunos que por una no podían presentarse a selectividad y la sonrisa nerviosa de otros que contemplaban sorprendidos que lo habían aprobado todo al final. Abrazos, saltos, más lágrimas... Luego quedaba otro tirón: la selectividad, que después de todo resultó ser un paseo. Y el siguiente escalón: la universidad. Primer curso, nervios, nuevos amigos, nuevos hábitos, nuevos lugares... Vida nueva, cuasi independiente, pisos de estudiantes, salir y entrar sin dar explicaciones... Responsabilidades, fuerza de voluntad... Madurez. Los años fueron pasando; segundo curso, tercero y cuarto. Nueva graduación, nuevo escalón: CAP, primeras experiencias como docente... Primeras oposiciones, aquella llamada desde Málaga para empezar a trabajar... Qué recuerdos. Aún siento el pellizco en el estómago cuando recuerdo mi etapa de opositora. Era una carrera de fondo, era estudiar más de cinco horas al día durante meses, repasar, intentar recordarlo todo, construcción permanente de esquemas mentales, reglas mnemotécnicas, estrés... Ánimo a todos los que ahora pasan por todo eso. Pronto no será más que un recuerdo, como me pasa a mí ahora.

martes, 31 de mayo de 2011

No sé qué escribir

No sé qué escribir y, realmente, es una buena noticia, porque no hay ningún gusano corroyéndome por dentro, ni temores, ni remordimientos, ni sueños frustrados, ni atardeceres que hacen daño, ni segunderos ralentizados, ni preguntas sin respuesta. Todo en orden, el tiempo fluyendo a un ritmo plácido y grato y los anhelos acotados (no son necesidades, sólo anhelos, ¡por fin!).
Después de la tempestad llega la calma. Quizá mi tempestad recibía fuerza de frustraciones, de planes derruidos, de “querer y no poder”; o quizá, y aunque no me haya pasado antes, se debiera al cambio estacional, hormonas… Qué sé yo.
Vuelvo a ser feliz con poca cosa (una nueva taza de porcelana en la que reposa una cápsula dosificadora de té “Sueños del Sena”, que sabe tan bien como suena: almendra, manzana, canela, té negro… Yo añado siempre una ramita de hierbabuena que además de dar un agradable sabor, perfuma la casa con un olor muy evocador, al menos, para mí), bandas sonoras de películas en versión original sonando al mínimo volumen. Recuerdo cuando vi muchas de esas películas, todas ellas grandes. Al mismo tiempo, estoy dando los últimos retoques al dichoso documento que tengo que entregar. Lleva semanas prácticamente acabado pero no acabo de sentir que todos los cabos están bien atados. No quiero que luego haya lugar a malas interpretaciones, resquicios que puedan ser puertas abiertas a problemas y quebraderos de cabeza.
Más cosas… ¡Ah! Llevo algunos días corriendo en el gimnasio. Mis problemas de rodilla coartaban cualquier intento de correr más de cinco minutos porque empezaba a notar un pinchazo en el hueco que deja la ausencia del hueso que debería estar y que no está. Me conformaba con andar rápido, nadar… Llevo desde octubre haciendo ejercicios para fortalecer los músculos y ya puedo correr, sin que me duela, casi doce minutos seguidos. Para mí es todo un récord y otra circunstancia que me hace sentir bien hoy.

lunes, 30 de mayo de 2011

Un saco de ánimos

Eso es lo que dices que tienes, un saco de ánimos para cuando los necesite. Hay gente que es así, agradable por naturaleza, servicial, cercana... Qué suerte la mía que conozco personas así.

viernes, 27 de mayo de 2011

De cosas venideras

Que alguna gente ya tenga en la mente (y en la boca) el mes de septiembre me llega a agobiar y es irónico porque yo soy "miss planificación". Tengo planes para varios años, sin embargo, llevaba algún tiempo en el que no planificaba o, al menos, no construía planes nuevos, me sobraba con los antiguos. Será que alguien me contagió esa costumbre (¿buena o mala?) de no pensar en el mañana y centrarse en exprimir el hoy, más que eso, el ahora. Sin embargo, ante la ausencia de planes para dicho mes y después de ver que hay gente que sí planifica, me dan ganas de volver a coger la agenda, retomar esos lapsos de tiempo en blanco, dedicados a pensar hipótesis, a preparar el cuerpo para actuar según pudieran suceder las cosas. Lo bueno es que no soy la única a la que le gusta planificar, ya me creía un bicho raro.

jueves, 26 de mayo de 2011

Rotos y descosidos

Lo que puede llegar a dar de sí una tarde. Puede dar tiempo a preparar un almuerzo y dar buena cuenta de él, a fregar los platos, a tomar el sol, a hacer una llamada, decir y escuchar palabras fuera de lugar, a ver que la pelota cada vez adquiere mayor tamaño y ves que no puedes pararla. Puede dar tiempo a encajar reproches sobre situaciones acontecidas en la edad de piedra, a cambiarse de ropa, coger el coche y conducir durante dos horas, comprar una tarta en el camino, llegar, poner las dos velas, cantar el "cumpleaños feliz" ahogando los sollozos, probar el amargo dulce, volver a patalear la misma pelota enorme, coger el coche de nuevo, volver a conducir dos horas sin ver bien, por la oscuridad de la noche y el exceso de humedad en los ojos. Da tiempo, dio tiempo a llegar, desvestirse, meterse en la cama, repasar cada palabra desafortunada, cada flecha lanzada con toda la intención de herir, cada plomazo que se ha hundido en el corazón, cada lágrima que abrasa la mejilla al deslizarse, los latidos del corazón en las sienes. Da tiempo a sentir que llega, tímida, la claridad incipiente del nuevo día. Da tiempo,da demasiado tiempo y pasan demasiadas cosas.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Sueño inoportuno

No me lo quito de la cabeza. Hace unos días, el pasado viernes, me dormí conduciendo. Seguro que fue un instante pero vuelvo a sentirme aterrorizada cuando recuerdo el momento en el que me despertó el molesto ruído de las bandas sonoras laterales al circular por encima. Me desperté, luego, estaba dormida. Suerte que me desplacé levemente a la derecha, suerte que no había ningún carril de incorporación, ni de deceleración... Tuve suerte. Ya no lo hago más. Me refiero a salir del trabajo e irme directamente, sin comer y, lo que es más importante en mi caso, sin tomarme el café que me evita ese incontrolable sopor, agradable cuando estás en casa pero tremendamente peligroso si vas conduciendo.
Ahora, cinco días después, vuelvo a recordarlo, continuamente. Se vé que me he asustado bien y creo que es bueno, porque el miedo es una reacción natural que utiliza el cuerpo como defensa: mi cabeza me está recordando que hay que parar y tomar un café (y no acostarse tan tarde la noche anterior).

martes, 24 de mayo de 2011

El tiempo

El paso del tiempo como algo inevitable. En todos los tiempos, periodos, países e idiomas, se ha escrito sobre el paso del tiempo, su rápido fluir. A Quevedo se le resbalaba de las manos, para Góngora era el culpable de que toda la belleza de lo que es joven se convirtiera en polvo, en sombra, en nada. Podría citar nombres y nombres y no acabar nunca. Y es que es cierto. Echas la vista atrás y caes en la cuenta de que se te han ido tantos y tantos días... Buenos momentos, otros no tan buenos, pero son idos, todos, y eso tiene su parte buena y su parte... ¿inquietante? Me inquieta recordar como si fuera ayer cuando conocí a todos estos que ahora son mis compañeros. Recuerdo que no conseguía aprenderme los nombres de algunos, ahora me sé hasta sus apellidos. Cuando pasen algunos años me aterrará este rápido, fugaz, paso del tiempo. Ahora no, todavía no.

viernes, 20 de mayo de 2011

Enrollarse ¿un defecto?

Creo que sí. Hablar demasiado es un defecto. Decir demasiado, dar demasiados detalles... Puedes llegar a aburrir. El problema es que, a veces, es inevitable pero el receptor se cansa.
Hoy, un veterano en esto del blog me ha recomendado que evite las entradas demasiado largas porque el que te lee deja de hacerlo. Y es verdad, y es lógico. Pero lo cierto es que yo no escribo para que me lean. En realidad, no sé para qué escribo aquí. Antes lo hacía en papel pero me apunté a la moda del blog, con sus riesgos, entre los que está el hecho de que cualquiera te lea, y, con ello, te juzgue, se contagie de tus emociones, te critique, se monte películas con lo que lee (es sabido que nunca se dan a conocer detalles, sólo esbozos de historias). Cualquiera puede meter sus narices en tus asuntos y viceversa.Y eso es lo bueno (te alegras al ver que sube el número del contador de visitas). Éso es un blog.. Lo que sí me molesta es que esta práctica de escribir casi a diario se esté convirtiendo en una necesidad terapéutica que hace que después de escribir me sienta descargada, más ligera. ¿Y no es triste sentir alegría con algo tan simple como que alguien te deje un comentario y, mucho más, cuando te citan en su blog?.Puede llegar al absurdo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Retornos

Vuelve el mal tiempo, mejor dicho, no acaba de irse. Nos regala un día de sol y nos castiga con diez de lluvia, de grises, de escalofríos que te hacen recordar la ropa que ya has guardado. Los pies fríos al pisar el suelo frío, el agua fría que me echo a la cara intentando acallar estos sentimientos que ya me embotan el juicio y lo que escapa a él. Leo a otros que también son dueños de almas (me niego a creer que no exista) que se atormentan, quizá por pensar demasiado, por sentir demasiado. Sin embargo, siento y sé, estoy convencida, que no es malo sentir en demasía. Para determinar la bondad o la maldad de situaciones, de comportamientos, de formas de ser, de vivir, hay que comparar, irremediablemente, unos con otros. Yo prefiero sentir, atormentarme cuando toca, reírme hasta que duela cuando toca, escuchar, a veces, las quejas del corazón, tranquilizarlo otras cuando estalla de dicha, de placer, de felicidad y sientes que te parte el esternón. Prefiero ser así porque todo ello me define, como persona, como ser. No voy pasando por la vida, la vivo, agarro cada mota de vida que se acerca y la aspiro, para bien y para mal, y me siento viva. Prefiero ser así porque lo contrario es no sentir, ni dolor ni dicha, ni miedos ni calma, ni rencores ni agradecimientos, ni frío ni calor. Eso es pasar por la vida o dejar que la vida te pase. Por eso, aunque mi alma anhela sentir calor y mis ojos sueñan con quedarse encandilados con el sol que pronto vendrá para quedarse, conservo la calma, no hay prisa, todo llega. Entre tanto, me llenan pequeñas cosas que van llegando y que, para mí, son suficientes para dejar de mirar al cielo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Querer sí, pero a su manera.

Cuando te insisten para que asistas a un evento, cuando están dispuestos a amoldarse a tus horarios, a tus planes; cuando se enfadan si dejas caer que no irás o que les dedicarás poco tiempo, intuyes que es la manera que tienen de decirte que te echan de menos, que quieren tenerte cerca, disfrutar de tu presencia, tus palabras, tu tiempo. Debería sentirme halagada, pero no, ya no.
No recuerdo cuándo dejé de intentar sorprenderlos, agradarlos. Quizá cuando el constante esfuerzo nunca recibía recompensa, cuando en lugar de palabras de ánimo, de cariño, de reconocimiento hallaba ironías hirientes, reprobaciones, reproches, desdenes. Te acostumbras a que las cosas sólo tienen una forma de hacerse: bien. Si salen bien, no hay que perder tiempo ni saliva elogiando el que hayan salido así, porque es lo que se esperaba. Pero si salen mal... Ahí si hay conversación. Te acostumbras y luego te ruborizas cuando alguien se fija en tus virtudes, en lo que haces bien y que ya te sale por inercia. Y lo que es peor; también te acostumbras a que el resto haga las cosas bien, porque sabes que pueden hacerse así. No se te mete en la cabeza que no todo el mundo ha seguido el mismo camino para llegar aquí.

martes, 17 de mayo de 2011

Si todos hiciéramos nuestro trabajo...

No creo yo que sea tan difícil hacer bien el trabajo por el que te pagan. No hablo de dejarse la piel, ni mucho menos, pero sí de cubrir unos mínimos. Admiro a aquéllos que se buscan otra ocupación porque ésta no les llena, o porque no se ven cómodos, o capacitados, o con fuerzas, o con ganas, o porque llegan a la noche con la sensación de estar en el lugar equivocado. Olé por ellos que dejan que otro ocupe su lugar e intente hacerlo lo mejor posible. Si admiro a los susodichos, detesto a quienes reculan y dejan en la taquilla, en la maleta, en un cajón, todo aquello que debía estar en infinidad de cabezas. Detesto oír quejas, por un lado y por otro, y sentir que sé dónde está el error pero que no se le puso remedio desde el principio. Las cosas tenían que ser de otra manera. Y las personas también.

Empatía o espejo

No sé si estas lágrimas que se me escapan se deben a que soy muy empática o a que leo unas letras que bien podría haber escrito yo, si bien, no con tanto acierto, pero expresando el mismo sentir.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

No los versos más tristes, pero casi. Tengo sobre la mesa todos los ingredientes para hacer que hable el alma, que grite en silencio, que llore en seco , como siempre. Tu ausencia, una ausencia absoluta: ni olor, ni tacto, ni tu voz, ni tus ojos en mis ojos. Sonrío, qué ironía. Te tengo aunque no te tenga ahora y eso me entristece. Tengo la varita mágica para lograr que la calabaza se convierta en carroza y mi miseria en plenitud: no pensarte. Lo consigo escondiéndote entre mis libros, en el cajón; haciendo que mires hacia la pared, entreteniéndome con todo lo que se acerca a mis manos, asuntos que me llenan o me vacían pero que, en cualquier caso, me ocupan el tiempo y, lo que más me interesa, la mente. Aún así, eres como una intuición, como uno de esos memorándum que tienes de forma permanente en la cabeza porque no puedes olvidarte de hacer algo e, inconscientemente, te obligas a recordarlo, a tenerlo presente (“que no se me olvide, que no se me olvide”).Así eres tú, siempre presente, en un porcentaje mayor o menor, pero siempre ahí, asomándote por cada uno de mis pensamientos. Omnipresente. Ahora entiendo a Calisto y su herejía al confesarse melibeo. Ahora entiendo que pidiera que cerraran puertas y ventanas, impidiendo que entrara la luz. Aquella desdicha sólo merecía sombra y tiniebla. Ya no tenía sentido la vida, era gratuito vivir soportando esa punzada que se clava cada vez que late el corazón, como si cada latido fuera robado y no propio. El corazón ya no te pertenece y con cada latigazo te recuerda que sólo late para que sigas viviendo y, así, puedas seguir sufriendo ese dolor dulce que provoca la ausencia. A pesar de todo, te pienso, te vuelvo a poner mirando hacia mí, te saco de mis libros, del cajón; te acaricio aunque sé que no te toco, te huelo a pesar de que hace tiempo que no queda olor. Otro latido, esta vez, más fuerte si cabe. Estás ahí, te tengo ahí. Plenitud.

lunes, 16 de mayo de 2011

Salud

Es como la electricidad, cuando te falta, te das cuenta de lo importante que es. Después de dejar pasar tres días en blanco, sin hacer nada, absolutamente nada productivo, el dolor punzante se va despidiendo y hay ratos en los que llego a olvidarlo. La única ventaja es que he dormido horas y horas (aunque fuera un sueño inducido era, al fin y al cabo, sueño) y me siento muy bien, descansada y con fuerzas para soportar el último tirón, periodo que viene acompañado de exámenes y exámenes, tardes enteras corrigiendo... Aunque supongo que como los días ya se estiran tanto, habrá tiempo para todo. El tiempo, el tiempo, siempre a su merced.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Electricidad (o, más bien, falta de ello)

Cuando te falta, te das cuenta de lo necesaria que es. Al llegar a casa, giré la llave, pulsé el interruptor y no se hizo la luz. Tras verificar que era un problema del bloque, no sólo mío (mal de muchos, consuelo de tontos), decido encender una vela y esperar a que vuelva tan preciado bien. No echo de menos la televisión, de hecho, últimamente ha quedado relegada a la función de fuente de información, no de entretenimiento y como a lo primero le dedican tan poco tiempo (prima más el entretenimiento barriobajero, que desprecio), pues eso, que no la echo de menos. La luz, tampoco, si no voy a leer o escribir, no necesito más luz que la que me proporciona la nerviosa llama de la vela. El tiempo empieza a estirarse más de la cuenta. ¿Qué hago? Voy a llamar por teléfono. Error. Has agotado la batería del móvil. Vale, voy a ducharme mientras vuelve. Error. El calentador es eléctrico. Bueno… ¿un té? Nuevamente error. Electrodomésticos: microondas, placa, horno… Te das cuenta de que como no venga la luz pronto se te va a arruinar la vida: no puedes cenar, no puedes comunicarte, no puedes ducharte y, encima, llegarás tarde al trabajo mañana porque el móvil, que además de teléfono, es tu despertador, no tiene ni gota de batería. Por suerte, los apagones duran minutos.

Desapego

Otra palabra que aborrezco. Hay quien necesita el desapego, porque, al parecer, le da tranquilidad. Qué curioso. Una semana después de enterarme de que yo tenía un problema (esto es, que no sentía el desapego), me cuestiono qué es aquello que llena el interior de una persona que sí lo siente y que lo busca. Si cambiamos la categoría gramatical y buscamos el adjetivo que surge de dicho sustantivo, nos sale… ¿despegado?, porque “desapegado” es, a todas luces, un vulgarismo. Así pues, poniendo las cosas en claro, el que siente desapego (o lo promociona) es un “despegado”. El prefijo des- expresa la negación de una acción anterior: deshacer (acabar con lo hecho), desilusionar (acabar con la ilusión), despegar (acabar con lo que estaba pegado). Si hablamos de desapego, entendemos que es la situación a la que se llega cuando te alejas de algo, o de alguien, a lo que, en algún momento has estado unido (pegado, si nos ceñimos al étimo). En ese momento adquieres, sin comerlo ni beberlo, la condición de “despegado”. Si esa condición adquirida es deseada, no hay problema, muy al contrario, hay dicha, pues era la meta fijada desde el principio: conseguir el desapego con aquello a lo que me uno (qué absurdo, entonces, unirse). El problema surge cuando uno no es un “despegado” y lo obligan a serlo, esto es, a despegarse. Entonces aprendes, amigo mío, que es muy triste, primero, ir predispuesto, desde un principio, a que no haya apego, sino lo contrario; y, segundo, si no se ha conseguido lo primero, tener que despegarse a la fuerza.
El refranero rebosa de grandes enseñanzas. Puedo aplicar alguna a todo este trabalenguas. Por ejemplo: en el roce está el querer. Verdad absoluta. Si no hay roce no hay querer, con lo cual, en el momento en el que deja de haber roce, deja de haber querer, que en este contexto, se me antoja sinónimo de apego. Visto así, y concluyo, en el momento en el que cesara el roce, cesaría el temido apego, sin que hubiera necesidad de “desapegos” forzados.

Distancias relativas

Digo yo que los mismos pasos hay de aquí a allí que desde allí a aquí, sin embargo, tengo gastadas las suelas de los zapatos de ir de aquí a allí para que tú nunca vengas de allí a aquí. Moraleja: si habiendo la misma distancia, siempre eres tú el que va, deja de ir.

martes, 10 de mayo de 2011

Cansancio

Mira que intento descansar los fines de semana pero es volver al trabajo y sentirme cansada. Será que sigo sin poder dormir bien y, como es sabido, el sueño es la acción más reparadora para el cuerpo y la mente. Además, tanto papeleo, tanta burocracia, tanto trabajo extra, reuniones, horas ante el ordenador, libros que no terminan de llenarme... Lo bueno: hace buen tiempo, se disfruta al sol, voy sacando la ropa de verano, organizando eventos al aire libre, inminentes visitas a la playa... Parece que ya me siento menos cansada. Va a ser verdad que todo está en el subconsciente.

lunes, 9 de mayo de 2011

sábado, 7 de mayo de 2011

Escribir

Exactamente, escribir es eso

Reecuentros

La cama estaba vestida con sábanas blancas de satén. Una vela titilaba sobre la mesilla de noche. El dulce aroma a incienso y el sereno ruído de la lluvia en la calle lo llenaban todo de una sensación de absoluta calma. Las narices a punto de rozarse. Pies descalzos, piel desnuda. No eran necesarias las palabras, todo miradas, latir de corazones, sonrisas que asomaban... El tiempo detenido o fluyendo de forma inconsciente porque ya no importaba, no había prisas, no había nada más importante que hacer.

viernes, 6 de mayo de 2011

Increíble

Lo dicho, increíble

Cuenta atrás

Ya casi puede decirse que ha empezado la cuenta atrás. Algunos ya han eliminado los fines de semana y dicen que quedan 32 días, con público, claro. Luego, algunos más de papeleo burocrático y... listos.
Si pienso detenidamente, se me ha ido el curso sin darme cuenta, la verdad.Por un lado, me alegro, porque no ha sido nada tedioso a pesar de la distancia y la soledad y empezar en un sitio nuevo... Por otro lado me fastidia porque ya puedo contar un año más, otro que me echo a la espalda. Va a ser verdad que cuando quiera darme cuenta voy a ser una viejecita arrugada. Tampoco le tengo miedo, sólo que como alguien me dijo no hace mucho, en esa carrera intentamos llegar los últimos a la meta.

Sobremesas

Qué agradable es pasar una sobremesa rodeada de gente que vale la pena. Quizá algunos, o algunas, son más escandalosos de lo que me gustaría, otros utilizan demasiadas sutilezas y juegos de conceptos; los hay que rememoran anécdotas que te obligan a reír a boca llena… Compartes los platos, te pasas el agua, rellenas las copas, pides la sal… En fin, compartes, que es algo que me agrada y mucho más últimamente, que mis sobremesas suelen ser absolutamente solitarias. La guinda del pastel es que he probado un postre delicioso y me han prometido darme la receta mañana mismo, asegurándome que puede lograrse el mismo resultado. Qué bien, este mismo fin de semana lo pruebo. ¿Ves? Otro detalle insustancial que me ilusiona. Va a ser que soy demasiado simple. Pero me alegro. Ya dije que es un alivio ser feliz necesitando tan poco para ello.
Me había jurado que cuando volviera el sol empezaría a vivir de otra manera. Lo he cumplido a rajatabla. Mi poder de convocatoria ha quedado demostrado y en poco más de veinte minutos conseguía que unos pocos, los suficientes, nos juntáramos para, simplemente, compartir el tiempo. Al parecer, no soy la única que se cansa de estar sola. Cuando lo he comentado a alguien que me llamó por teléfono después, me dice que se alegra de que tenga amigos aquí. Lo cierto es que no a todos los considero como tales. Algunos son sólo compañeros de trabajo pero es cierto que, con algunos, paso mucho tiempo, hablamos, reímos, nos quejamos de situaciones que compartimos, salimos bastante a deambular por ahí… Creo que hay muchos de ellos a los que sí podría calificar ya como mis amigos/as. El tiempo lo dirá.
Y después, aún quedaba energía para ir al gimnasio donde, paradójicamente, también he compartido algunos buenos momentos, algunas risas y bromas. Qué lástima que el invierno haya durado tanto y con él, mi hermetismo, mi desgana, mi nostalgia… Me sienta mal el frío y la ausencia de sol, lo tengo más que comprobado. Por eso hoy me siento nueva, por el sol y porque he vivido un día repleto de buenos momentos.

Chocolate

Tenían razón cuando, en Suiza, me convencieron para que llenara mi maleta de chocolate de allí. Chocolate negro, con leche, con trozos de cacao, de caramelo, con almendra, con avellana, con café, con licor, con galleta… Una lista inacabable. Si me pusiera a sumar las calorías, no lo probaría o, como alternativa, tendría que sustituir una comida por varios trocitos de tan delicioso manjar, cosa que, sin duda, no me costaría nada. Me encanta saborear un trozo de chocolate negro acompañado de una buena taza de café. La mezcla de sabores en el paladar es exquisita. Otra mezcla deliciosa: fresas bañadas en chocolate negro fundido, aún templado. Hace unos días elaboré un pastel que terminé con una cobertura de chocolate fundido y quedó estupendo. También influyó el hecho de que llevaba días sin comer algo dulce. Quizá por eso lo disfruto más, porque es algo “prohibido” en mi menú diario y, ya se sabe, cuanto más prohibido, más deseado.

Nacimientos

Qué bonito ha sido sentir su euforia al otro lado del teléfono. La misma voz pero transmitiendo una alegría inmensa que incluso llegaba a través del auricular. Debe de ser precioso, es verdad, verle la cara por fin, después de imaginar durante meses cómo sería, cómo olería, cómo movería sus deditos, sus ojos, cómo serían sus rasgos, su pelo, su llanto… Debe ser, sin duda, la razón primera de tu existencia, debe hacerte sentir especial por el hecho de haber sido tú quien has dado vida a ese ser que ahora te provoca esa felicidad inefable que se derrama de tu pecho.

jueves, 5 de mayo de 2011

Pasando página

Cuando releo las últimas entradas, me quedo con un sabor agridulce. Lo dulce surge del placer de leerme (modestia aparte, escribo bien). Lo agrio se desprende de la melancolía y el sentimentalismo con los que escribí cada una de las letras. Yo soy así. Puedo escribir el mensaje más triste, más sentido, más profundo y luego, salir al pasillo y reírme con los demás sobre cosas triviales. Es como si al escribir diera la medicina que mi alma necesita para estar en calma, es como si, al dar voz al sentimiento, se calmaran los bullicios interiores. Siempre he sido así, siempre he escrito y he de reconocer que las cosas realmente buenas que han salido de mi pluma, lo han hecho en momentos de melancolía y tormento. Cuando me arrasa la felicidad, se lleva consigo la inspiración y el arte de encontrar las palabras precisas.
La vida es lo mejor que tiene el que vive. Poder ver el momento último en el que se pone el sol, esos ocasos o esas alboradas que tiñen el cielo de tonos rojizos, por ejemplo, son momentos que me alegro de poder vivir. Reír, bromear, ironizar y que te entiendan, escuchar, desahogarte, correr, oler, paladear, acariciar, besar... Son placeres que inyectan vida a mi vida y, por suerte, puedo disfrutar de todos y cada uno de ellos. Por ese motivo soy feliz y me alegro de no necesitar nada más para serlo. Me enorgullezco de ser tan sencilla porque no me resulta arduo sentirme bien en el mundo.
Hoy, por fin, hace sol.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lluvia

Vuelve a llover. Hacía años, siglos, que no sentía este peso en el alma. No puedo explicarlo. Ese pellizco que se siente cuando alguien deja de contar contigo, cuando sabes que alguien deja de contar contigo, dejas de ocupar un trocito, aunque sea minúsculo, en su cabeza o, en casos muy hipotéticos, en su corazón. Pues bien, ese pellizco es el que no me deja paz alguna desde hace ya varias horas. Lo que empieza como un absurdo se va enredando y acaba por convertirse en un obstáculo insalvable que te separa inexorablemente de alguien a quien querías tener cerca. Sigue lloviendo y como siempre que llueve, algo me obliga a salir y mojarme. Es una manía convertida ya en necesidad. Cerrar los ojos, abrir los brazos y dejar que el agua me cale hasta los huesos. Vas notando el golpe de cada gota, el frío, la humedad, escuchas el sonido que producen las gotas al estrellarse contra ti. Son experiencias que hacen que te encuentres un poco contigo mismo. Encontrarse con uno mismo, con tu voz. Nunca tengo tiempo para estar conmigo, para oírme e intentar saber qué narices es lo que siento. Quizá evito momentos como este, en los que me escucho, me hablo e intento razonar, porque me doy cuenta de que la mayoría de las circunstancias y sentimientos no tienen razón alguna, son un sinsentido, y es algo que me enerva, me llena de impotencia. Quisiera sentir menos, o razonar menos, o querer menos, o ser más animal, más máquina, más autómata… Más, menos, pero no ser tan como soy.
El agua me resbala por el pelo, por el pecho, por la espalda, por las piernas. Noto los párpados mojados, los labios, los pies. La piel erizada, cada poro luchando por repeler cada gota, por impedir que el agua traspase la piel. Deberíamos tener un sistema de defensa parecido que alejara a todo aquel agente externo que se acerca para hacer daño. Ahí falló el Señor Dios, porque en lugar de notar algo que nos alertara de que hay peligro y nos llevara a huir, sentimos maripositas en el estómago, cosquilleos placenteros que nos acercan más y nos convierten en marionetas del puto destino, mariposas que queman sus alas por acercarse a la llama que tanto las atrae.
Llueve demasiado fuerte, casi me ahoga el agua, huele a mojado; soy yo, es mi piel, es mi pena, las incongruencias, los “autorreproches”, los absurdos… Se me amontona el sentimiento, me ahogo; es el agua, que cae fuerte, demasiado fuerte. Me hace daño al estrellarse contra mí. Quiero entrar, cobijarme, quitarme la ropa mojada que se adhiere a mí como una segunda piel. Pero aguanto un poco más. A ver si esta lluvia de mayo se lleva los recuerdos de abril y en junio, cuando luzca el sol, cuando me moje el mar y no la lluvia, sean otros los recuerdos que me llenen el alma y en lugar de llorar, sonría. Yo sólo quería tenerte cerca.

martes, 3 de mayo de 2011

Calma

Las aguas de ríos grandes y pequeños vuelven a su cauce después de las riadas. Da igual lo que se llevaran a su paso, ya no importa la fuerza que tuvieron ni a los lugares a los que llegaron. Todo vuelve a su sitio, a la normalidad, a la calma, al aburrimiento y, al fin, al hastío.

Bin Laden

Alegrías mezcladas con miedos. Durante años se anheló poder anunciar la muerte de Bin Laden y hoy, llegado tan ansiado momento, hay miedos, hay contención y recelo a la hora de mostrar satisfacción y alegría. Se temen represalias de Al Qaeda que las habrá, sin duda. Nunca se podrá vivir con tranquilidad absoluta pues los fanatismos llevan a que haya individuos que asumen un poder divino, que entienden que tienen una labor necesaria e inevitable que es acabar con los infieles, esto es, con el 90% de la población mundial que no comparte sus radicales creencias. A ver cuáles son sus siguientes pasos. De todas formas, sigue siendo una buena noticia que haya muerto un ser que tanto ha dañado a tanta gente.

Las vueltas de la vida

Hace quince años nadie era como es hoy. Hace quince años aún tenía yo pájaros en la cabeza aunque no tantos como otras chicas de mi edad. Quizá se dan pasos de forma poco consciente o, quizá, la consciencia con la que uno cree obrar entonces es todo un acto de inmadurez desde la perspectiva actual. Lo cierto es que cuando te encuentras con alguien después de quince años y ese alguien te recuerda los pasos que diste, y lo que es peor, los que no, te planteas cómo habría sido tu vida si hubieras actuado de forma diferente.
Llega a agobiarme la ironía con la que puede comportarse la vida. Saber, después de tantos años, que fuiste un referente para alguien, que ocupabas su consciencia y su parte más pasional, provoca sensación de orgullo unas veces y de impotencia otras. Nadie debería ahogar palabras cargadas de tanto significado y si lo hace, no deberían darles voz pasados ya quince años. Alea iacta est.

viernes, 29 de abril de 2011

Desvelos

Se despertó en mitad de la noche. Llovía. Quizá la había despertado un sueño ingrato, tal vez la ligereza habitual de su sueño. La cama volvía a ser grande, tanto, que los dos cuerpos no se rozaban pero ella notaba la presencia del otro, percibía su calor y, desde luego, recibía el sonido acompasado de la respiración de su acompañante. Se dio cuenta de que odia dormir sola a pesar de que cuando duerme sola lo hace mejor, no hay ningún ruido, ningún movimiento, ningún recelo a la hora de moverse por miedo a despertar al otro… Sin embargo, la reconfortaba aquella presencia. Se convence, en momentos así, de que la vida no es justa con ella y la obliga a perderse momentos como el de esta noche. Cuatro días a la semana obligada al destierro, a la lejanía, a la soledad, a buscar distracciones, entretenimientos, pasatiempos, muchas veces, absurdos.
Se giró sobre su lado derecho. Ya sí podía rozar a su acompañante, ya sí podía rodearlo con su brazo izquierdo, adoptando la posición fetal, encajando sus rodillas flexionadas tras las rodillas flexionadas de él, juntando pecho y espalda. Él se giró, la abrazó con su brazo derecho, pechos juntos, piernas entrelazadas, labios a escasos milímetros. “¿Estás bien?” Preguntó él. “Ahora sí”, contestó ella. En la calle seguía lloviendo.

Coincidencias reales

Qué gracia. Que la princesa británica haya elegido para su boda un vestido tan parecido al mío, con el cuerpo de encaje que cubre las orillas del cuello, me hace pensar que debo de tener buen gusto

Patinaje

Me quedo embobada siempre que veo un campeonato de patinaje artístico sobre hielo. La elegancia con la que se deslizan, la agilidad, la sencillez con la que el patinador la eleva a ella, la sostiene con un brazo, la lanza y ella cae, elegante, sobre el centímetro de la cuchilla de su bota. La velocidad que alcanzan, los patinadores deslizándose a escasos centímetros, sin rozarse nunca, las piruetas que reflejan la ausencia de miedo a fallar y estamparse contra el gélido suelo de hielo. Fascinante.

jueves, 28 de abril de 2011

Mi casa

Mi coche ya se sabe el camino de vuelta. Cada vez llega antes a casa. Qué bonita se ve al llegar. Mis macetas llenando de color el porche de la entrada. Han salido flores nuevas desde la semana pasada, qué bien les sienta cuando las saco del patio interior, cubierto, y vuelven a llenarse con la fuerza del sol, después de todo un invierno sin recibirla de forma directa.
Recuerdo cuando sembré cada una de ellas. La mayoría vinieron del pueblo. Mi abuela me dio tallos de geranio, de helecho, echeverías, cintas, sombrillitas, aloes… El último ha sido el jazmín. Lo compré en un puesto callejero cerca del mirador de San Nicolás. Deseaba tener uno porque su olor es único. Es cierto que hay que dedicarles su tiempo pero a mi es algo que me encanta. Se me puede ir la mañana entera trasplantando, entresacando tallos, sembrando… Cuando les pasan unos días después de haberles hecho cambios, notas que se han renovado, que tienen otra tonalidad, otra textura, y si son plantas olorosas, huelen más. Es su forma de darte las gracias por tus cuidados.
Al girar la llave, respiro de nuevo. No podré nunca explicar las sensaciones que me embargan cuando vuelvo a mi casa. Primero me llena el olor, luego los colores del pasillo que yo misma pinté. Voy encontrándome con cada cuadro, fotos y otros adornos que he ido adquiriendo. Todo está en su sitio, como si aguardara mi regreso. Mi salón, con sus tonos de rojo y ocre, mi chimenea, ahora apagada, claro, pero aún así, dando ese toque de calidez a la estancia. Supongo que es por la lejanía y por vivir en un piso con tan poca y tan mala decoración que cuando vuelvo a casa me parece perfecta.

Tic-tac

Es increíble el cambiante ritmo del fluir del tiempo. A veces una hora se convierte en un maldito siglo interminable. Otras veces, una noche se esfuma de forma fugaz y a medida que el segundero roba el tiempo, se lleva también los momentos más especiales que vivo. Hay tardes que pasan sin darme cuenta y otras, como la de hoy, en las que el sol se resiste a ocultarse en el horizonte. ¿Para qué aguardas? Vete de una vez. No quieras detener el tiempo. Ese momento se ha pasado, se ha ido, se ha extinguido y es como si nunca hubiera tenido lugar. No me queda ni el olor, qué pronto lavé la ropa… De nuevo Vanesa Martín leyéndome el alma: “ya he lavado todo, no me queda nada, saqué la basura y abrí la terraza para que corra el aire y se lleve despacio este olor a grito que se me ha quedado. Que no me den la voz, porque puedo llamarte, y será mejor que no”. Lo que yo diera por llamarte y que me contestaras aquí al lado.

miércoles, 27 de abril de 2011

Respirando

Qué bonita sensación notar, en la palma de mi mano, el movimiento de tu abdomen al respirar mientras duermes. Qué bonito el susurro de tu respiración tranquila en mi oído, qué bonito el amanecer temprano, el nuevo sol, el nuevo día...Qué bonito pensarte, soñarte y comprobar que no eres sueño.

lunes, 25 de abril de 2011

La vuelta

Siempre es difícil volver al trabajo después de algunos días sin hacer nada o, mejor dicho, haciendo lo que a uno le viene en gana, que es lo ideal (y encima, días pagados). Sin embargo, será porque he estado muy activa durante las vacaciones que hoy no me ha costado nada volver. La gente se veía feliz, quizá porque sabe que lo que nos queda ya, a estas alturas, es un suspiro para volver a irnos de vacaciones. Vacaciones, vacaciones... parece que sólo pienso en las vacaciones. A mi favor diré que al estar tan lejos de casa, del hogar, de los tuyos, sientes esa necesidad de acercarte, de pasar tiempo con ellos (y conmigo misma, cosa que echo en falta). De todas formas, siempre hay algún aliciente que te anima a parar el despertador y sacar los pies de la cama. Es eso lo que hay que buscar, los alicientes. Que cada uno se busque el suyo.

jueves, 21 de abril de 2011

Paella

"Haznos paella" me han pedido hoy como quien pide la hora. Menos mal que sé hacer paella, que si no...

Paseos

(Aviso de que sigo escribiendo en un teclado francés que carece de tecla para la tilde) .
Hay dias que soy capaz de levantarme a las 11 y otros, como hoy, en los que me desvelo y es preferible saltar de la cama (si no quieres contagiar tu desvelo) . Cuando me ocurre esto estando en casa suelo levantarme, tomarme una tila, leer un rato y si no es demasiado tarde, vuelvo a la cama para, con un poco de suerte, volver a dormirme. Hoy no estaba en casa, ni tenia libro que leer ni tila …
Bajé a la primera planta y cambié el suelo enmoquetado por otro de madera, muy elegante. Nos alojamos en una preciosa casa colonial de finales del XIX, con altos techos de madera, escalinatas en curva y amplias habitaciones . Lo unico que falla, para mi gusto, es la iluminacion, que es muy pobre .
A falta de tila, me servi una taza de café francés y lo acompañé con un trocito de chocolate negro. Abri la ventana del salon, saqué un poco el cuerpo y me dejé embriagar por el peculiar aroma de un lilo florecido cuya copa descansa entre las rejas del balcon. Me acordé entonces de que cuando era pequeña y me fui a vivir al campo habia un lilo en una cortijada abandonada que habia cerca. Cuando llegaba el momento de su floracion, yo cortaba algunas ramitas con flores y las ponia en mi cuarto, en un tarro con agua. Me encantaba entrar en mi habitacion y chocar contra ese olor tan delicado…
Acababa de amanecer. En la tele todo en francés… Cogi prestadas unas zapatillas de deporte (que suerte la mia que comparto numero de pie con algun habitante de la casa) y sali a dar un paseo. Me costo encontrar la senda de la que me hablaron dias antes. Se trata de un camino asfaltado pensado para caminantes y ciclistas que une mas de veinte pueblos . Espectacular. Es una senda que parece una cicatriz en el bosque ; los arboles centenarios cruzan sus ramas a unos seis metros del suelo y el silencio que reina es sobrecogedor. Es un bosque que me ha recordado a la pelicula de Narnia. Solo faltaba el fauno.
Diversos pajaros amenizaban mi paseo con su canto ; unos con un trinar repetitivo y dinamico ; otros, mas acompasado y tranquilo… Toda una gozada.
Habia dejado una nota informando de mi salida pero no queria preocupar a nadie con una ausencia demasiado prolongada , asi que volvi despues de tres horas de paseo (contando la ida y la vuelta) . Llevaba el alma repleta de tranquilidad, de paz… Era una de esas veces que sientes que incluso respiras mejor, sientes que los ojos te sonrien… Desafortunadamente , toda esa paz interior se esfumo al girar la llave : todos desayunaban ruidosamente, madres que reprochaban en francés a sus hijos que dejaran enfriar los croissants, otros que se sorprendian de mi salida y en un mal español me preguntaban si me encontraba bien mientras, al mismo tiempo, otros me preguntaban si tostadas o croissants, te o « café au lait »… La hospitalidad gala .

martes, 19 de abril de 2011

No hay manera

Incluso en vaciones, a 2000 kilometros de mi habitat natural, sigo sintiendo melancolia, pena, nostalgia... Ahora mismo echo de menos a mi famila. En Semana Santa siempre nos juntamos a comer. Mi madre comienza a cocinar desde la vispera para que el viernes santo degustemos sus maravillosos platos. Y luego, casi por intuicion, nos arreglamos y vamos a ver la procesion de los legionarios que acompañan a la virgen. Yo no soy creyente, ni devota, pero me estalla la emocion en el pecho cuando escucho las cornetas de las bandas que acompañan a los pasos, y el latido sordo del tambor que va marcando el lento fluir de la procesion. Y la saeta... Ese silencio abrumador, esa voz "a cappela" que puede oirse a lo lejos...No sé por qué, pero me emociona y este año, por primera vez, no voy a poder asistir.

lunes, 18 de abril de 2011

Cosas curiosas

Sigo escribiendo desde el mismo ordenador francés que me obliga a tener alguna que otra falta de ortografia.
Después de tres dias rodeada de franceses/as empiezo a enterarme de lo que dicen casi sin esfuerzo. Es la adaptacion al habitat.
Me fascina esta arquitectura, las casas con los tejados en punta que bajan hasta la mitad de las fachadas, las tejas oscuras, ventanas en los tejados, cortinitas horteras de encaje que tapan solo el cristal, caminos angostos que cortan los campos verdes, el sol calentando timidamente... Los lugareños (!he conseguido hacer la ñ!) no aprecian toda esa belleza. Una pena: cuando yo contemplo los lugares unicos de mi tierra soy consciente de que son fascinantes, bellos, irrepetibles, y respiro hondo, y cierro los ojos, como queriendo llenarme de ellos. Nostalgia que nace de la distacia...