No sé qué escribir y, realmente, es una buena noticia, porque no hay ningún gusano corroyéndome por dentro, ni temores, ni remordimientos, ni sueños frustrados, ni atardeceres que hacen daño, ni segunderos ralentizados, ni preguntas sin respuesta. Todo en orden, el tiempo fluyendo a un ritmo plácido y grato y los anhelos acotados (no son necesidades, sólo anhelos, ¡por fin!).
Después de la tempestad llega la calma. Quizá mi tempestad recibía fuerza de frustraciones, de planes derruidos, de “querer y no poder”; o quizá, y aunque no me haya pasado antes, se debiera al cambio estacional, hormonas… Qué sé yo.
Vuelvo a ser feliz con poca cosa (una nueva taza de porcelana en la que reposa una cápsula dosificadora de té “Sueños del Sena”, que sabe tan bien como suena: almendra, manzana, canela, té negro… Yo añado siempre una ramita de hierbabuena que además de dar un agradable sabor, perfuma la casa con un olor muy evocador, al menos, para mí), bandas sonoras de películas en versión original sonando al mínimo volumen. Recuerdo cuando vi muchas de esas películas, todas ellas grandes. Al mismo tiempo, estoy dando los últimos retoques al dichoso documento que tengo que entregar. Lleva semanas prácticamente acabado pero no acabo de sentir que todos los cabos están bien atados. No quiero que luego haya lugar a malas interpretaciones, resquicios que puedan ser puertas abiertas a problemas y quebraderos de cabeza.
Más cosas… ¡Ah! Llevo algunos días corriendo en el gimnasio. Mis problemas de rodilla coartaban cualquier intento de correr más de cinco minutos porque empezaba a notar un pinchazo en el hueco que deja la ausencia del hueso que debería estar y que no está. Me conformaba con andar rápido, nadar… Llevo desde octubre haciendo ejercicios para fortalecer los músculos y ya puedo correr, sin que me duela, casi doce minutos seguidos. Para mí es todo un récord y otra circunstancia que me hace sentir bien hoy.
martes, 31 de mayo de 2011
lunes, 30 de mayo de 2011
Un saco de ánimos
Eso es lo que dices que tienes, un saco de ánimos para cuando los necesite. Hay gente que es así, agradable por naturaleza, servicial, cercana... Qué suerte la mía que conozco personas así.
viernes, 27 de mayo de 2011
De cosas venideras
Que alguna gente ya tenga en la mente (y en la boca) el mes de septiembre me llega a agobiar y es irónico porque yo soy "miss planificación". Tengo planes para varios años, sin embargo, llevaba algún tiempo en el que no planificaba o, al menos, no construía planes nuevos, me sobraba con los antiguos. Será que alguien me contagió esa costumbre (¿buena o mala?) de no pensar en el mañana y centrarse en exprimir el hoy, más que eso, el ahora. Sin embargo, ante la ausencia de planes para dicho mes y después de ver que hay gente que sí planifica, me dan ganas de volver a coger la agenda, retomar esos lapsos de tiempo en blanco, dedicados a pensar hipótesis, a preparar el cuerpo para actuar según pudieran suceder las cosas. Lo bueno es que no soy la única a la que le gusta planificar, ya me creía un bicho raro.
jueves, 26 de mayo de 2011
Rotos y descosidos
Lo que puede llegar a dar de sí una tarde. Puede dar tiempo a preparar un almuerzo y dar buena cuenta de él, a fregar los platos, a tomar el sol, a hacer una llamada, decir y escuchar palabras fuera de lugar, a ver que la pelota cada vez adquiere mayor tamaño y ves que no puedes pararla. Puede dar tiempo a encajar reproches sobre situaciones acontecidas en la edad de piedra, a cambiarse de ropa, coger el coche y conducir durante dos horas, comprar una tarta en el camino, llegar, poner las dos velas, cantar el "cumpleaños feliz" ahogando los sollozos, probar el amargo dulce, volver a patalear la misma pelota enorme, coger el coche de nuevo, volver a conducir dos horas sin ver bien, por la oscuridad de la noche y el exceso de humedad en los ojos. Da tiempo, dio tiempo a llegar, desvestirse, meterse en la cama, repasar cada palabra desafortunada, cada flecha lanzada con toda la intención de herir, cada plomazo que se ha hundido en el corazón, cada lágrima que abrasa la mejilla al deslizarse, los latidos del corazón en las sienes. Da tiempo a sentir que llega, tímida, la claridad incipiente del nuevo día. Da tiempo,da demasiado tiempo y pasan demasiadas cosas.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Sueño inoportuno
No me lo quito de la cabeza. Hace unos días, el pasado viernes, me dormí conduciendo. Seguro que fue un instante pero vuelvo a sentirme aterrorizada cuando recuerdo el momento en el que me despertó el molesto ruído de las bandas sonoras laterales al circular por encima. Me desperté, luego, estaba dormida. Suerte que me desplacé levemente a la derecha, suerte que no había ningún carril de incorporación, ni de deceleración... Tuve suerte. Ya no lo hago más. Me refiero a salir del trabajo e irme directamente, sin comer y, lo que es más importante en mi caso, sin tomarme el café que me evita ese incontrolable sopor, agradable cuando estás en casa pero tremendamente peligroso si vas conduciendo.
Ahora, cinco días después, vuelvo a recordarlo, continuamente. Se vé que me he asustado bien y creo que es bueno, porque el miedo es una reacción natural que utiliza el cuerpo como defensa: mi cabeza me está recordando que hay que parar y tomar un café (y no acostarse tan tarde la noche anterior).
Ahora, cinco días después, vuelvo a recordarlo, continuamente. Se vé que me he asustado bien y creo que es bueno, porque el miedo es una reacción natural que utiliza el cuerpo como defensa: mi cabeza me está recordando que hay que parar y tomar un café (y no acostarse tan tarde la noche anterior).
martes, 24 de mayo de 2011
El tiempo
El paso del tiempo como algo inevitable. En todos los tiempos, periodos, países e idiomas, se ha escrito sobre el paso del tiempo, su rápido fluir. A Quevedo se le resbalaba de las manos, para Góngora era el culpable de que toda la belleza de lo que es joven se convirtiera en polvo, en sombra, en nada. Podría citar nombres y nombres y no acabar nunca. Y es que es cierto. Echas la vista atrás y caes en la cuenta de que se te han ido tantos y tantos días... Buenos momentos, otros no tan buenos, pero son idos, todos, y eso tiene su parte buena y su parte... ¿inquietante? Me inquieta recordar como si fuera ayer cuando conocí a todos estos que ahora son mis compañeros. Recuerdo que no conseguía aprenderme los nombres de algunos, ahora me sé hasta sus apellidos. Cuando pasen algunos años me aterrará este rápido, fugaz, paso del tiempo. Ahora no, todavía no.
viernes, 20 de mayo de 2011
Enrollarse ¿un defecto?
Creo que sí. Hablar demasiado es un defecto. Decir demasiado, dar demasiados detalles... Puedes llegar a aburrir. El problema es que, a veces, es inevitable pero el receptor se cansa.
Hoy, un veterano en esto del blog me ha recomendado que evite las entradas demasiado largas porque el que te lee deja de hacerlo. Y es verdad, y es lógico. Pero lo cierto es que yo no escribo para que me lean. En realidad, no sé para qué escribo aquí. Antes lo hacía en papel pero me apunté a la moda del blog, con sus riesgos, entre los que está el hecho de que cualquiera te lea, y, con ello, te juzgue, se contagie de tus emociones, te critique, se monte películas con lo que lee (es sabido que nunca se dan a conocer detalles, sólo esbozos de historias). Cualquiera puede meter sus narices en tus asuntos y viceversa.Y eso es lo bueno (te alegras al ver que sube el número del contador de visitas). Éso es un blog.. Lo que sí me molesta es que esta práctica de escribir casi a diario se esté convirtiendo en una necesidad terapéutica que hace que después de escribir me sienta descargada, más ligera. ¿Y no es triste sentir alegría con algo tan simple como que alguien te deje un comentario y, mucho más, cuando te citan en su blog?.Puede llegar al absurdo.
Hoy, un veterano en esto del blog me ha recomendado que evite las entradas demasiado largas porque el que te lee deja de hacerlo. Y es verdad, y es lógico. Pero lo cierto es que yo no escribo para que me lean. En realidad, no sé para qué escribo aquí. Antes lo hacía en papel pero me apunté a la moda del blog, con sus riesgos, entre los que está el hecho de que cualquiera te lea, y, con ello, te juzgue, se contagie de tus emociones, te critique, se monte películas con lo que lee (es sabido que nunca se dan a conocer detalles, sólo esbozos de historias). Cualquiera puede meter sus narices en tus asuntos y viceversa.Y eso es lo bueno (te alegras al ver que sube el número del contador de visitas). Éso es un blog.. Lo que sí me molesta es que esta práctica de escribir casi a diario se esté convirtiendo en una necesidad terapéutica que hace que después de escribir me sienta descargada, más ligera. ¿Y no es triste sentir alegría con algo tan simple como que alguien te deje un comentario y, mucho más, cuando te citan en su blog?.Puede llegar al absurdo.
jueves, 19 de mayo de 2011
Retornos
Vuelve el mal tiempo, mejor dicho, no acaba de irse. Nos regala un día de sol y nos castiga con diez de lluvia, de grises, de escalofríos que te hacen recordar la ropa que ya has guardado. Los pies fríos al pisar el suelo frío, el agua fría que me echo a la cara intentando acallar estos sentimientos que ya me embotan el juicio y lo que escapa a él. Leo a otros que también son dueños de almas (me niego a creer que no exista) que se atormentan, quizá por pensar demasiado, por sentir demasiado. Sin embargo, siento y sé, estoy convencida, que no es malo sentir en demasía. Para determinar la bondad o la maldad de situaciones, de comportamientos, de formas de ser, de vivir, hay que comparar, irremediablemente, unos con otros. Yo prefiero sentir, atormentarme cuando toca, reírme hasta que duela cuando toca, escuchar, a veces, las quejas del corazón, tranquilizarlo otras cuando estalla de dicha, de placer, de felicidad y sientes que te parte el esternón. Prefiero ser así porque todo ello me define, como persona, como ser. No voy pasando por la vida, la vivo, agarro cada mota de vida que se acerca y la aspiro, para bien y para mal, y me siento viva. Prefiero ser así porque lo contrario es no sentir, ni dolor ni dicha, ni miedos ni calma, ni rencores ni agradecimientos, ni frío ni calor. Eso es pasar por la vida o dejar que la vida te pase. Por eso, aunque mi alma anhela sentir calor y mis ojos sueñan con quedarse encandilados con el sol que pronto vendrá para quedarse, conservo la calma, no hay prisa, todo llega. Entre tanto, me llenan pequeñas cosas que van llegando y que, para mí, son suficientes para dejar de mirar al cielo.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Querer sí, pero a su manera.
Cuando te insisten para que asistas a un evento, cuando están dispuestos a amoldarse a tus horarios, a tus planes; cuando se enfadan si dejas caer que no irás o que les dedicarás poco tiempo, intuyes que es la manera que tienen de decirte que te echan de menos, que quieren tenerte cerca, disfrutar de tu presencia, tus palabras, tu tiempo. Debería sentirme halagada, pero no, ya no.
No recuerdo cuándo dejé de intentar sorprenderlos, agradarlos. Quizá cuando el constante esfuerzo nunca recibía recompensa, cuando en lugar de palabras de ánimo, de cariño, de reconocimiento hallaba ironías hirientes, reprobaciones, reproches, desdenes. Te acostumbras a que las cosas sólo tienen una forma de hacerse: bien. Si salen bien, no hay que perder tiempo ni saliva elogiando el que hayan salido así, porque es lo que se esperaba. Pero si salen mal... Ahí si hay conversación. Te acostumbras y luego te ruborizas cuando alguien se fija en tus virtudes, en lo que haces bien y que ya te sale por inercia. Y lo que es peor; también te acostumbras a que el resto haga las cosas bien, porque sabes que pueden hacerse así. No se te mete en la cabeza que no todo el mundo ha seguido el mismo camino para llegar aquí.
No recuerdo cuándo dejé de intentar sorprenderlos, agradarlos. Quizá cuando el constante esfuerzo nunca recibía recompensa, cuando en lugar de palabras de ánimo, de cariño, de reconocimiento hallaba ironías hirientes, reprobaciones, reproches, desdenes. Te acostumbras a que las cosas sólo tienen una forma de hacerse: bien. Si salen bien, no hay que perder tiempo ni saliva elogiando el que hayan salido así, porque es lo que se esperaba. Pero si salen mal... Ahí si hay conversación. Te acostumbras y luego te ruborizas cuando alguien se fija en tus virtudes, en lo que haces bien y que ya te sale por inercia. Y lo que es peor; también te acostumbras a que el resto haga las cosas bien, porque sabes que pueden hacerse así. No se te mete en la cabeza que no todo el mundo ha seguido el mismo camino para llegar aquí.
martes, 17 de mayo de 2011
Si todos hiciéramos nuestro trabajo...
No creo yo que sea tan difícil hacer bien el trabajo por el que te pagan. No hablo de dejarse la piel, ni mucho menos, pero sí de cubrir unos mínimos. Admiro a aquéllos que se buscan otra ocupación porque ésta no les llena, o porque no se ven cómodos, o capacitados, o con fuerzas, o con ganas, o porque llegan a la noche con la sensación de estar en el lugar equivocado. Olé por ellos que dejan que otro ocupe su lugar e intente hacerlo lo mejor posible. Si admiro a los susodichos, detesto a quienes reculan y dejan en la taquilla, en la maleta, en un cajón, todo aquello que debía estar en infinidad de cabezas. Detesto oír quejas, por un lado y por otro, y sentir que sé dónde está el error pero que no se le puso remedio desde el principio. Las cosas tenían que ser de otra manera. Y las personas también.
Empatía o espejo
No sé si estas lágrimas que se me escapan se deben a que soy muy empática o a que leo unas letras que bien podría haber escrito yo, si bien, no con tanto acierto, pero expresando el mismo sentir.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche
No los versos más tristes, pero casi. Tengo sobre la mesa todos los ingredientes para hacer que hable el alma, que grite en silencio, que llore en seco , como siempre. Tu ausencia, una ausencia absoluta: ni olor, ni tacto, ni tu voz, ni tus ojos en mis ojos. Sonrío, qué ironía. Te tengo aunque no te tenga ahora y eso me entristece. Tengo la varita mágica para lograr que la calabaza se convierta en carroza y mi miseria en plenitud: no pensarte. Lo consigo escondiéndote entre mis libros, en el cajón; haciendo que mires hacia la pared, entreteniéndome con todo lo que se acerca a mis manos, asuntos que me llenan o me vacían pero que, en cualquier caso, me ocupan el tiempo y, lo que más me interesa, la mente. Aún así, eres como una intuición, como uno de esos memorándum que tienes de forma permanente en la cabeza porque no puedes olvidarte de hacer algo e, inconscientemente, te obligas a recordarlo, a tenerlo presente (“que no se me olvide, que no se me olvide”).Así eres tú, siempre presente, en un porcentaje mayor o menor, pero siempre ahí, asomándote por cada uno de mis pensamientos. Omnipresente. Ahora entiendo a Calisto y su herejía al confesarse melibeo. Ahora entiendo que pidiera que cerraran puertas y ventanas, impidiendo que entrara la luz. Aquella desdicha sólo merecía sombra y tiniebla. Ya no tenía sentido la vida, era gratuito vivir soportando esa punzada que se clava cada vez que late el corazón, como si cada latido fuera robado y no propio. El corazón ya no te pertenece y con cada latigazo te recuerda que sólo late para que sigas viviendo y, así, puedas seguir sufriendo ese dolor dulce que provoca la ausencia. A pesar de todo, te pienso, te vuelvo a poner mirando hacia mí, te saco de mis libros, del cajón; te acaricio aunque sé que no te toco, te huelo a pesar de que hace tiempo que no queda olor. Otro latido, esta vez, más fuerte si cabe. Estás ahí, te tengo ahí. Plenitud.
lunes, 16 de mayo de 2011
Salud
Es como la electricidad, cuando te falta, te das cuenta de lo importante que es. Después de dejar pasar tres días en blanco, sin hacer nada, absolutamente nada productivo, el dolor punzante se va despidiendo y hay ratos en los que llego a olvidarlo. La única ventaja es que he dormido horas y horas (aunque fuera un sueño inducido era, al fin y al cabo, sueño) y me siento muy bien, descansada y con fuerzas para soportar el último tirón, periodo que viene acompañado de exámenes y exámenes, tardes enteras corrigiendo... Aunque supongo que como los días ya se estiran tanto, habrá tiempo para todo. El tiempo, el tiempo, siempre a su merced.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Electricidad (o, más bien, falta de ello)
Cuando te falta, te das cuenta de lo necesaria que es. Al llegar a casa, giré la llave, pulsé el interruptor y no se hizo la luz. Tras verificar que era un problema del bloque, no sólo mío (mal de muchos, consuelo de tontos), decido encender una vela y esperar a que vuelva tan preciado bien. No echo de menos la televisión, de hecho, últimamente ha quedado relegada a la función de fuente de información, no de entretenimiento y como a lo primero le dedican tan poco tiempo (prima más el entretenimiento barriobajero, que desprecio), pues eso, que no la echo de menos. La luz, tampoco, si no voy a leer o escribir, no necesito más luz que la que me proporciona la nerviosa llama de la vela. El tiempo empieza a estirarse más de la cuenta. ¿Qué hago? Voy a llamar por teléfono. Error. Has agotado la batería del móvil. Vale, voy a ducharme mientras vuelve. Error. El calentador es eléctrico. Bueno… ¿un té? Nuevamente error. Electrodomésticos: microondas, placa, horno… Te das cuenta de que como no venga la luz pronto se te va a arruinar la vida: no puedes cenar, no puedes comunicarte, no puedes ducharte y, encima, llegarás tarde al trabajo mañana porque el móvil, que además de teléfono, es tu despertador, no tiene ni gota de batería. Por suerte, los apagones duran minutos.
Desapego
Otra palabra que aborrezco. Hay quien necesita el desapego, porque, al parecer, le da tranquilidad. Qué curioso. Una semana después de enterarme de que yo tenía un problema (esto es, que no sentía el desapego), me cuestiono qué es aquello que llena el interior de una persona que sí lo siente y que lo busca. Si cambiamos la categoría gramatical y buscamos el adjetivo que surge de dicho sustantivo, nos sale… ¿despegado?, porque “desapegado” es, a todas luces, un vulgarismo. Así pues, poniendo las cosas en claro, el que siente desapego (o lo promociona) es un “despegado”. El prefijo des- expresa la negación de una acción anterior: deshacer (acabar con lo hecho), desilusionar (acabar con la ilusión), despegar (acabar con lo que estaba pegado). Si hablamos de desapego, entendemos que es la situación a la que se llega cuando te alejas de algo, o de alguien, a lo que, en algún momento has estado unido (pegado, si nos ceñimos al étimo). En ese momento adquieres, sin comerlo ni beberlo, la condición de “despegado”. Si esa condición adquirida es deseada, no hay problema, muy al contrario, hay dicha, pues era la meta fijada desde el principio: conseguir el desapego con aquello a lo que me uno (qué absurdo, entonces, unirse). El problema surge cuando uno no es un “despegado” y lo obligan a serlo, esto es, a despegarse. Entonces aprendes, amigo mío, que es muy triste, primero, ir predispuesto, desde un principio, a que no haya apego, sino lo contrario; y, segundo, si no se ha conseguido lo primero, tener que despegarse a la fuerza.
El refranero rebosa de grandes enseñanzas. Puedo aplicar alguna a todo este trabalenguas. Por ejemplo: en el roce está el querer. Verdad absoluta. Si no hay roce no hay querer, con lo cual, en el momento en el que deja de haber roce, deja de haber querer, que en este contexto, se me antoja sinónimo de apego. Visto así, y concluyo, en el momento en el que cesara el roce, cesaría el temido apego, sin que hubiera necesidad de “desapegos” forzados.
El refranero rebosa de grandes enseñanzas. Puedo aplicar alguna a todo este trabalenguas. Por ejemplo: en el roce está el querer. Verdad absoluta. Si no hay roce no hay querer, con lo cual, en el momento en el que deja de haber roce, deja de haber querer, que en este contexto, se me antoja sinónimo de apego. Visto así, y concluyo, en el momento en el que cesara el roce, cesaría el temido apego, sin que hubiera necesidad de “desapegos” forzados.
Distancias relativas
Digo yo que los mismos pasos hay de aquí a allí que desde allí a aquí, sin embargo, tengo gastadas las suelas de los zapatos de ir de aquí a allí para que tú nunca vengas de allí a aquí. Moraleja: si habiendo la misma distancia, siempre eres tú el que va, deja de ir.
martes, 10 de mayo de 2011
Cansancio
Mira que intento descansar los fines de semana pero es volver al trabajo y sentirme cansada. Será que sigo sin poder dormir bien y, como es sabido, el sueño es la acción más reparadora para el cuerpo y la mente. Además, tanto papeleo, tanta burocracia, tanto trabajo extra, reuniones, horas ante el ordenador, libros que no terminan de llenarme... Lo bueno: hace buen tiempo, se disfruta al sol, voy sacando la ropa de verano, organizando eventos al aire libre, inminentes visitas a la playa... Parece que ya me siento menos cansada. Va a ser verdad que todo está en el subconsciente.
lunes, 9 de mayo de 2011
Recompensas
Me alegro de que el esfuerzo tenga su recompensa. Ojalá en todos los ámbitos fuera igual.
sábado, 7 de mayo de 2011
Reecuentros
La cama estaba vestida con sábanas blancas de satén. Una vela titilaba sobre la mesilla de noche. El dulce aroma a incienso y el sereno ruído de la lluvia en la calle lo llenaban todo de una sensación de absoluta calma. Las narices a punto de rozarse. Pies descalzos, piel desnuda. No eran necesarias las palabras, todo miradas, latir de corazones, sonrisas que asomaban... El tiempo detenido o fluyendo de forma inconsciente porque ya no importaba, no había prisas, no había nada más importante que hacer.
viernes, 6 de mayo de 2011
Cuenta atrás
Ya casi puede decirse que ha empezado la cuenta atrás. Algunos ya han eliminado los fines de semana y dicen que quedan 32 días, con público, claro. Luego, algunos más de papeleo burocrático y... listos.
Si pienso detenidamente, se me ha ido el curso sin darme cuenta, la verdad.Por un lado, me alegro, porque no ha sido nada tedioso a pesar de la distancia y la soledad y empezar en un sitio nuevo... Por otro lado me fastidia porque ya puedo contar un año más, otro que me echo a la espalda. Va a ser verdad que cuando quiera darme cuenta voy a ser una viejecita arrugada. Tampoco le tengo miedo, sólo que como alguien me dijo no hace mucho, en esa carrera intentamos llegar los últimos a la meta.
Si pienso detenidamente, se me ha ido el curso sin darme cuenta, la verdad.Por un lado, me alegro, porque no ha sido nada tedioso a pesar de la distancia y la soledad y empezar en un sitio nuevo... Por otro lado me fastidia porque ya puedo contar un año más, otro que me echo a la espalda. Va a ser verdad que cuando quiera darme cuenta voy a ser una viejecita arrugada. Tampoco le tengo miedo, sólo que como alguien me dijo no hace mucho, en esa carrera intentamos llegar los últimos a la meta.
Sobremesas
Qué agradable es pasar una sobremesa rodeada de gente que vale la pena. Quizá algunos, o algunas, son más escandalosos de lo que me gustaría, otros utilizan demasiadas sutilezas y juegos de conceptos; los hay que rememoran anécdotas que te obligan a reír a boca llena… Compartes los platos, te pasas el agua, rellenas las copas, pides la sal… En fin, compartes, que es algo que me agrada y mucho más últimamente, que mis sobremesas suelen ser absolutamente solitarias. La guinda del pastel es que he probado un postre delicioso y me han prometido darme la receta mañana mismo, asegurándome que puede lograrse el mismo resultado. Qué bien, este mismo fin de semana lo pruebo. ¿Ves? Otro detalle insustancial que me ilusiona. Va a ser que soy demasiado simple. Pero me alegro. Ya dije que es un alivio ser feliz necesitando tan poco para ello.
Me había jurado que cuando volviera el sol empezaría a vivir de otra manera. Lo he cumplido a rajatabla. Mi poder de convocatoria ha quedado demostrado y en poco más de veinte minutos conseguía que unos pocos, los suficientes, nos juntáramos para, simplemente, compartir el tiempo. Al parecer, no soy la única que se cansa de estar sola. Cuando lo he comentado a alguien que me llamó por teléfono después, me dice que se alegra de que tenga amigos aquí. Lo cierto es que no a todos los considero como tales. Algunos son sólo compañeros de trabajo pero es cierto que, con algunos, paso mucho tiempo, hablamos, reímos, nos quejamos de situaciones que compartimos, salimos bastante a deambular por ahí… Creo que hay muchos de ellos a los que sí podría calificar ya como mis amigos/as. El tiempo lo dirá.
Y después, aún quedaba energía para ir al gimnasio donde, paradójicamente, también he compartido algunos buenos momentos, algunas risas y bromas. Qué lástima que el invierno haya durado tanto y con él, mi hermetismo, mi desgana, mi nostalgia… Me sienta mal el frío y la ausencia de sol, lo tengo más que comprobado. Por eso hoy me siento nueva, por el sol y porque he vivido un día repleto de buenos momentos.
Me había jurado que cuando volviera el sol empezaría a vivir de otra manera. Lo he cumplido a rajatabla. Mi poder de convocatoria ha quedado demostrado y en poco más de veinte minutos conseguía que unos pocos, los suficientes, nos juntáramos para, simplemente, compartir el tiempo. Al parecer, no soy la única que se cansa de estar sola. Cuando lo he comentado a alguien que me llamó por teléfono después, me dice que se alegra de que tenga amigos aquí. Lo cierto es que no a todos los considero como tales. Algunos son sólo compañeros de trabajo pero es cierto que, con algunos, paso mucho tiempo, hablamos, reímos, nos quejamos de situaciones que compartimos, salimos bastante a deambular por ahí… Creo que hay muchos de ellos a los que sí podría calificar ya como mis amigos/as. El tiempo lo dirá.
Y después, aún quedaba energía para ir al gimnasio donde, paradójicamente, también he compartido algunos buenos momentos, algunas risas y bromas. Qué lástima que el invierno haya durado tanto y con él, mi hermetismo, mi desgana, mi nostalgia… Me sienta mal el frío y la ausencia de sol, lo tengo más que comprobado. Por eso hoy me siento nueva, por el sol y porque he vivido un día repleto de buenos momentos.
Chocolate
Tenían razón cuando, en Suiza, me convencieron para que llenara mi maleta de chocolate de allí. Chocolate negro, con leche, con trozos de cacao, de caramelo, con almendra, con avellana, con café, con licor, con galleta… Una lista inacabable. Si me pusiera a sumar las calorías, no lo probaría o, como alternativa, tendría que sustituir una comida por varios trocitos de tan delicioso manjar, cosa que, sin duda, no me costaría nada. Me encanta saborear un trozo de chocolate negro acompañado de una buena taza de café. La mezcla de sabores en el paladar es exquisita. Otra mezcla deliciosa: fresas bañadas en chocolate negro fundido, aún templado. Hace unos días elaboré un pastel que terminé con una cobertura de chocolate fundido y quedó estupendo. También influyó el hecho de que llevaba días sin comer algo dulce. Quizá por eso lo disfruto más, porque es algo “prohibido” en mi menú diario y, ya se sabe, cuanto más prohibido, más deseado.
Nacimientos
Qué bonito ha sido sentir su euforia al otro lado del teléfono. La misma voz pero transmitiendo una alegría inmensa que incluso llegaba a través del auricular. Debe de ser precioso, es verdad, verle la cara por fin, después de imaginar durante meses cómo sería, cómo olería, cómo movería sus deditos, sus ojos, cómo serían sus rasgos, su pelo, su llanto… Debe ser, sin duda, la razón primera de tu existencia, debe hacerte sentir especial por el hecho de haber sido tú quien has dado vida a ese ser que ahora te provoca esa felicidad inefable que se derrama de tu pecho.
jueves, 5 de mayo de 2011
Pasando página
Cuando releo las últimas entradas, me quedo con un sabor agridulce. Lo dulce surge del placer de leerme (modestia aparte, escribo bien). Lo agrio se desprende de la melancolía y el sentimentalismo con los que escribí cada una de las letras. Yo soy así. Puedo escribir el mensaje más triste, más sentido, más profundo y luego, salir al pasillo y reírme con los demás sobre cosas triviales. Es como si al escribir diera la medicina que mi alma necesita para estar en calma, es como si, al dar voz al sentimiento, se calmaran los bullicios interiores. Siempre he sido así, siempre he escrito y he de reconocer que las cosas realmente buenas que han salido de mi pluma, lo han hecho en momentos de melancolía y tormento. Cuando me arrasa la felicidad, se lleva consigo la inspiración y el arte de encontrar las palabras precisas.
La vida es lo mejor que tiene el que vive. Poder ver el momento último en el que se pone el sol, esos ocasos o esas alboradas que tiñen el cielo de tonos rojizos, por ejemplo, son momentos que me alegro de poder vivir. Reír, bromear, ironizar y que te entiendan, escuchar, desahogarte, correr, oler, paladear, acariciar, besar... Son placeres que inyectan vida a mi vida y, por suerte, puedo disfrutar de todos y cada uno de ellos. Por ese motivo soy feliz y me alegro de no necesitar nada más para serlo. Me enorgullezco de ser tan sencilla porque no me resulta arduo sentirme bien en el mundo.
Hoy, por fin, hace sol.
La vida es lo mejor que tiene el que vive. Poder ver el momento último en el que se pone el sol, esos ocasos o esas alboradas que tiñen el cielo de tonos rojizos, por ejemplo, son momentos que me alegro de poder vivir. Reír, bromear, ironizar y que te entiendan, escuchar, desahogarte, correr, oler, paladear, acariciar, besar... Son placeres que inyectan vida a mi vida y, por suerte, puedo disfrutar de todos y cada uno de ellos. Por ese motivo soy feliz y me alegro de no necesitar nada más para serlo. Me enorgullezco de ser tan sencilla porque no me resulta arduo sentirme bien en el mundo.
Hoy, por fin, hace sol.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Lluvia
Vuelve a llover. Hacía años, siglos, que no sentía este peso en el alma. No puedo explicarlo. Ese pellizco que se siente cuando alguien deja de contar contigo, cuando sabes que alguien deja de contar contigo, dejas de ocupar un trocito, aunque sea minúsculo, en su cabeza o, en casos muy hipotéticos, en su corazón. Pues bien, ese pellizco es el que no me deja paz alguna desde hace ya varias horas. Lo que empieza como un absurdo se va enredando y acaba por convertirse en un obstáculo insalvable que te separa inexorablemente de alguien a quien querías tener cerca. Sigue lloviendo y como siempre que llueve, algo me obliga a salir y mojarme. Es una manía convertida ya en necesidad. Cerrar los ojos, abrir los brazos y dejar que el agua me cale hasta los huesos. Vas notando el golpe de cada gota, el frío, la humedad, escuchas el sonido que producen las gotas al estrellarse contra ti. Son experiencias que hacen que te encuentres un poco contigo mismo. Encontrarse con uno mismo, con tu voz. Nunca tengo tiempo para estar conmigo, para oírme e intentar saber qué narices es lo que siento. Quizá evito momentos como este, en los que me escucho, me hablo e intento razonar, porque me doy cuenta de que la mayoría de las circunstancias y sentimientos no tienen razón alguna, son un sinsentido, y es algo que me enerva, me llena de impotencia. Quisiera sentir menos, o razonar menos, o querer menos, o ser más animal, más máquina, más autómata… Más, menos, pero no ser tan como soy.
El agua me resbala por el pelo, por el pecho, por la espalda, por las piernas. Noto los párpados mojados, los labios, los pies. La piel erizada, cada poro luchando por repeler cada gota, por impedir que el agua traspase la piel. Deberíamos tener un sistema de defensa parecido que alejara a todo aquel agente externo que se acerca para hacer daño. Ahí falló el Señor Dios, porque en lugar de notar algo que nos alertara de que hay peligro y nos llevara a huir, sentimos maripositas en el estómago, cosquilleos placenteros que nos acercan más y nos convierten en marionetas del puto destino, mariposas que queman sus alas por acercarse a la llama que tanto las atrae.
Llueve demasiado fuerte, casi me ahoga el agua, huele a mojado; soy yo, es mi piel, es mi pena, las incongruencias, los “autorreproches”, los absurdos… Se me amontona el sentimiento, me ahogo; es el agua, que cae fuerte, demasiado fuerte. Me hace daño al estrellarse contra mí. Quiero entrar, cobijarme, quitarme la ropa mojada que se adhiere a mí como una segunda piel. Pero aguanto un poco más. A ver si esta lluvia de mayo se lleva los recuerdos de abril y en junio, cuando luzca el sol, cuando me moje el mar y no la lluvia, sean otros los recuerdos que me llenen el alma y en lugar de llorar, sonría. Yo sólo quería tenerte cerca.
El agua me resbala por el pelo, por el pecho, por la espalda, por las piernas. Noto los párpados mojados, los labios, los pies. La piel erizada, cada poro luchando por repeler cada gota, por impedir que el agua traspase la piel. Deberíamos tener un sistema de defensa parecido que alejara a todo aquel agente externo que se acerca para hacer daño. Ahí falló el Señor Dios, porque en lugar de notar algo que nos alertara de que hay peligro y nos llevara a huir, sentimos maripositas en el estómago, cosquilleos placenteros que nos acercan más y nos convierten en marionetas del puto destino, mariposas que queman sus alas por acercarse a la llama que tanto las atrae.
Llueve demasiado fuerte, casi me ahoga el agua, huele a mojado; soy yo, es mi piel, es mi pena, las incongruencias, los “autorreproches”, los absurdos… Se me amontona el sentimiento, me ahogo; es el agua, que cae fuerte, demasiado fuerte. Me hace daño al estrellarse contra mí. Quiero entrar, cobijarme, quitarme la ropa mojada que se adhiere a mí como una segunda piel. Pero aguanto un poco más. A ver si esta lluvia de mayo se lleva los recuerdos de abril y en junio, cuando luzca el sol, cuando me moje el mar y no la lluvia, sean otros los recuerdos que me llenen el alma y en lugar de llorar, sonría. Yo sólo quería tenerte cerca.
martes, 3 de mayo de 2011
Calma
Las aguas de ríos grandes y pequeños vuelven a su cauce después de las riadas. Da igual lo que se llevaran a su paso, ya no importa la fuerza que tuvieron ni a los lugares a los que llegaron. Todo vuelve a su sitio, a la normalidad, a la calma, al aburrimiento y, al fin, al hastío.
Bin Laden
Alegrías mezcladas con miedos. Durante años se anheló poder anunciar la muerte de Bin Laden y hoy, llegado tan ansiado momento, hay miedos, hay contención y recelo a la hora de mostrar satisfacción y alegría. Se temen represalias de Al Qaeda que las habrá, sin duda. Nunca se podrá vivir con tranquilidad absoluta pues los fanatismos llevan a que haya individuos que asumen un poder divino, que entienden que tienen una labor necesaria e inevitable que es acabar con los infieles, esto es, con el 90% de la población mundial que no comparte sus radicales creencias. A ver cuáles son sus siguientes pasos. De todas formas, sigue siendo una buena noticia que haya muerto un ser que tanto ha dañado a tanta gente.
Las vueltas de la vida
Hace quince años nadie era como es hoy. Hace quince años aún tenía yo pájaros en la cabeza aunque no tantos como otras chicas de mi edad. Quizá se dan pasos de forma poco consciente o, quizá, la consciencia con la que uno cree obrar entonces es todo un acto de inmadurez desde la perspectiva actual. Lo cierto es que cuando te encuentras con alguien después de quince años y ese alguien te recuerda los pasos que diste, y lo que es peor, los que no, te planteas cómo habría sido tu vida si hubieras actuado de forma diferente.
Llega a agobiarme la ironía con la que puede comportarse la vida. Saber, después de tantos años, que fuiste un referente para alguien, que ocupabas su consciencia y su parte más pasional, provoca sensación de orgullo unas veces y de impotencia otras. Nadie debería ahogar palabras cargadas de tanto significado y si lo hace, no deberían darles voz pasados ya quince años. Alea iacta est.
Llega a agobiarme la ironía con la que puede comportarse la vida. Saber, después de tantos años, que fuiste un referente para alguien, que ocupabas su consciencia y su parte más pasional, provoca sensación de orgullo unas veces y de impotencia otras. Nadie debería ahogar palabras cargadas de tanto significado y si lo hace, no deberían darles voz pasados ya quince años. Alea iacta est.
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