viernes, 29 de abril de 2011

Desvelos

Se despertó en mitad de la noche. Llovía. Quizá la había despertado un sueño ingrato, tal vez la ligereza habitual de su sueño. La cama volvía a ser grande, tanto, que los dos cuerpos no se rozaban pero ella notaba la presencia del otro, percibía su calor y, desde luego, recibía el sonido acompasado de la respiración de su acompañante. Se dio cuenta de que odia dormir sola a pesar de que cuando duerme sola lo hace mejor, no hay ningún ruido, ningún movimiento, ningún recelo a la hora de moverse por miedo a despertar al otro… Sin embargo, la reconfortaba aquella presencia. Se convence, en momentos así, de que la vida no es justa con ella y la obliga a perderse momentos como el de esta noche. Cuatro días a la semana obligada al destierro, a la lejanía, a la soledad, a buscar distracciones, entretenimientos, pasatiempos, muchas veces, absurdos.
Se giró sobre su lado derecho. Ya sí podía rozar a su acompañante, ya sí podía rodearlo con su brazo izquierdo, adoptando la posición fetal, encajando sus rodillas flexionadas tras las rodillas flexionadas de él, juntando pecho y espalda. Él se giró, la abrazó con su brazo derecho, pechos juntos, piernas entrelazadas, labios a escasos milímetros. “¿Estás bien?” Preguntó él. “Ahora sí”, contestó ella. En la calle seguía lloviendo.

Coincidencias reales

Qué gracia. Que la princesa británica haya elegido para su boda un vestido tan parecido al mío, con el cuerpo de encaje que cubre las orillas del cuello, me hace pensar que debo de tener buen gusto

Patinaje

Me quedo embobada siempre que veo un campeonato de patinaje artístico sobre hielo. La elegancia con la que se deslizan, la agilidad, la sencillez con la que el patinador la eleva a ella, la sostiene con un brazo, la lanza y ella cae, elegante, sobre el centímetro de la cuchilla de su bota. La velocidad que alcanzan, los patinadores deslizándose a escasos centímetros, sin rozarse nunca, las piruetas que reflejan la ausencia de miedo a fallar y estamparse contra el gélido suelo de hielo. Fascinante.

jueves, 28 de abril de 2011

Mi casa

Mi coche ya se sabe el camino de vuelta. Cada vez llega antes a casa. Qué bonita se ve al llegar. Mis macetas llenando de color el porche de la entrada. Han salido flores nuevas desde la semana pasada, qué bien les sienta cuando las saco del patio interior, cubierto, y vuelven a llenarse con la fuerza del sol, después de todo un invierno sin recibirla de forma directa.
Recuerdo cuando sembré cada una de ellas. La mayoría vinieron del pueblo. Mi abuela me dio tallos de geranio, de helecho, echeverías, cintas, sombrillitas, aloes… El último ha sido el jazmín. Lo compré en un puesto callejero cerca del mirador de San Nicolás. Deseaba tener uno porque su olor es único. Es cierto que hay que dedicarles su tiempo pero a mi es algo que me encanta. Se me puede ir la mañana entera trasplantando, entresacando tallos, sembrando… Cuando les pasan unos días después de haberles hecho cambios, notas que se han renovado, que tienen otra tonalidad, otra textura, y si son plantas olorosas, huelen más. Es su forma de darte las gracias por tus cuidados.
Al girar la llave, respiro de nuevo. No podré nunca explicar las sensaciones que me embargan cuando vuelvo a mi casa. Primero me llena el olor, luego los colores del pasillo que yo misma pinté. Voy encontrándome con cada cuadro, fotos y otros adornos que he ido adquiriendo. Todo está en su sitio, como si aguardara mi regreso. Mi salón, con sus tonos de rojo y ocre, mi chimenea, ahora apagada, claro, pero aún así, dando ese toque de calidez a la estancia. Supongo que es por la lejanía y por vivir en un piso con tan poca y tan mala decoración que cuando vuelvo a casa me parece perfecta.

Tic-tac

Es increíble el cambiante ritmo del fluir del tiempo. A veces una hora se convierte en un maldito siglo interminable. Otras veces, una noche se esfuma de forma fugaz y a medida que el segundero roba el tiempo, se lleva también los momentos más especiales que vivo. Hay tardes que pasan sin darme cuenta y otras, como la de hoy, en las que el sol se resiste a ocultarse en el horizonte. ¿Para qué aguardas? Vete de una vez. No quieras detener el tiempo. Ese momento se ha pasado, se ha ido, se ha extinguido y es como si nunca hubiera tenido lugar. No me queda ni el olor, qué pronto lavé la ropa… De nuevo Vanesa Martín leyéndome el alma: “ya he lavado todo, no me queda nada, saqué la basura y abrí la terraza para que corra el aire y se lleve despacio este olor a grito que se me ha quedado. Que no me den la voz, porque puedo llamarte, y será mejor que no”. Lo que yo diera por llamarte y que me contestaras aquí al lado.

miércoles, 27 de abril de 2011

Respirando

Qué bonita sensación notar, en la palma de mi mano, el movimiento de tu abdomen al respirar mientras duermes. Qué bonito el susurro de tu respiración tranquila en mi oído, qué bonito el amanecer temprano, el nuevo sol, el nuevo día...Qué bonito pensarte, soñarte y comprobar que no eres sueño.

lunes, 25 de abril de 2011

La vuelta

Siempre es difícil volver al trabajo después de algunos días sin hacer nada o, mejor dicho, haciendo lo que a uno le viene en gana, que es lo ideal (y encima, días pagados). Sin embargo, será porque he estado muy activa durante las vacaciones que hoy no me ha costado nada volver. La gente se veía feliz, quizá porque sabe que lo que nos queda ya, a estas alturas, es un suspiro para volver a irnos de vacaciones. Vacaciones, vacaciones... parece que sólo pienso en las vacaciones. A mi favor diré que al estar tan lejos de casa, del hogar, de los tuyos, sientes esa necesidad de acercarte, de pasar tiempo con ellos (y conmigo misma, cosa que echo en falta). De todas formas, siempre hay algún aliciente que te anima a parar el despertador y sacar los pies de la cama. Es eso lo que hay que buscar, los alicientes. Que cada uno se busque el suyo.

jueves, 21 de abril de 2011

Paella

"Haznos paella" me han pedido hoy como quien pide la hora. Menos mal que sé hacer paella, que si no...

Paseos

(Aviso de que sigo escribiendo en un teclado francés que carece de tecla para la tilde) .
Hay dias que soy capaz de levantarme a las 11 y otros, como hoy, en los que me desvelo y es preferible saltar de la cama (si no quieres contagiar tu desvelo) . Cuando me ocurre esto estando en casa suelo levantarme, tomarme una tila, leer un rato y si no es demasiado tarde, vuelvo a la cama para, con un poco de suerte, volver a dormirme. Hoy no estaba en casa, ni tenia libro que leer ni tila …
Bajé a la primera planta y cambié el suelo enmoquetado por otro de madera, muy elegante. Nos alojamos en una preciosa casa colonial de finales del XIX, con altos techos de madera, escalinatas en curva y amplias habitaciones . Lo unico que falla, para mi gusto, es la iluminacion, que es muy pobre .
A falta de tila, me servi una taza de café francés y lo acompañé con un trocito de chocolate negro. Abri la ventana del salon, saqué un poco el cuerpo y me dejé embriagar por el peculiar aroma de un lilo florecido cuya copa descansa entre las rejas del balcon. Me acordé entonces de que cuando era pequeña y me fui a vivir al campo habia un lilo en una cortijada abandonada que habia cerca. Cuando llegaba el momento de su floracion, yo cortaba algunas ramitas con flores y las ponia en mi cuarto, en un tarro con agua. Me encantaba entrar en mi habitacion y chocar contra ese olor tan delicado…
Acababa de amanecer. En la tele todo en francés… Cogi prestadas unas zapatillas de deporte (que suerte la mia que comparto numero de pie con algun habitante de la casa) y sali a dar un paseo. Me costo encontrar la senda de la que me hablaron dias antes. Se trata de un camino asfaltado pensado para caminantes y ciclistas que une mas de veinte pueblos . Espectacular. Es una senda que parece una cicatriz en el bosque ; los arboles centenarios cruzan sus ramas a unos seis metros del suelo y el silencio que reina es sobrecogedor. Es un bosque que me ha recordado a la pelicula de Narnia. Solo faltaba el fauno.
Diversos pajaros amenizaban mi paseo con su canto ; unos con un trinar repetitivo y dinamico ; otros, mas acompasado y tranquilo… Toda una gozada.
Habia dejado una nota informando de mi salida pero no queria preocupar a nadie con una ausencia demasiado prolongada , asi que volvi despues de tres horas de paseo (contando la ida y la vuelta) . Llevaba el alma repleta de tranquilidad, de paz… Era una de esas veces que sientes que incluso respiras mejor, sientes que los ojos te sonrien… Desafortunadamente , toda esa paz interior se esfumo al girar la llave : todos desayunaban ruidosamente, madres que reprochaban en francés a sus hijos que dejaran enfriar los croissants, otros que se sorprendian de mi salida y en un mal español me preguntaban si me encontraba bien mientras, al mismo tiempo, otros me preguntaban si tostadas o croissants, te o « café au lait »… La hospitalidad gala .

martes, 19 de abril de 2011

No hay manera

Incluso en vaciones, a 2000 kilometros de mi habitat natural, sigo sintiendo melancolia, pena, nostalgia... Ahora mismo echo de menos a mi famila. En Semana Santa siempre nos juntamos a comer. Mi madre comienza a cocinar desde la vispera para que el viernes santo degustemos sus maravillosos platos. Y luego, casi por intuicion, nos arreglamos y vamos a ver la procesion de los legionarios que acompañan a la virgen. Yo no soy creyente, ni devota, pero me estalla la emocion en el pecho cuando escucho las cornetas de las bandas que acompañan a los pasos, y el latido sordo del tambor que va marcando el lento fluir de la procesion. Y la saeta... Ese silencio abrumador, esa voz "a cappela" que puede oirse a lo lejos...No sé por qué, pero me emociona y este año, por primera vez, no voy a poder asistir.

lunes, 18 de abril de 2011

Cosas curiosas

Sigo escribiendo desde el mismo ordenador francés que me obliga a tener alguna que otra falta de ortografia.
Después de tres dias rodeada de franceses/as empiezo a enterarme de lo que dicen casi sin esfuerzo. Es la adaptacion al habitat.
Me fascina esta arquitectura, las casas con los tejados en punta que bajan hasta la mitad de las fachadas, las tejas oscuras, ventanas en los tejados, cortinitas horteras de encaje que tapan solo el cristal, caminos angostos que cortan los campos verdes, el sol calentando timidamente... Los lugareños (!he conseguido hacer la ñ!) no aprecian toda esa belleza. Una pena: cuando yo contemplo los lugares unicos de mi tierra soy consciente de que son fascinantes, bellos, irrepetibles, y respiro hondo, y cierro los ojos, como queriendo llenarme de ellos. Nostalgia que nace de la distacia...

sábado, 16 de abril de 2011

Lugares nuevos

A 1800 kilometros de casa, escribo en un teclado que me impide hacerlo de acuerdo a las normas ortograficas ya que no existe la tecla para la tilde. Me hace gracia.

jueves, 7 de abril de 2011

Estrenando blog

Cansada ya de tener un blog que me daba más problemas que satisfacciones me he cambiado de sitio. Parecerá que llevo todo el día escribiendo entradas pero no, las he traído del otro blog. Releerlas me ha servido para comprobar que mi vida va por buen camino. Sigo teniendo algunas inquietudes que me aceleran el pulso pero creo que es algo positivo pues, de no ser así, qué aburrida sería la vida.
Hoy me siento especialmente feliz: medio kilo menos en la báscula (y en mi, lógico),vestido que vuelve a quedarme bien, visitas inminentes, sol y buena temperatura, halagos... ¿Qué más puedo pedir?

Que suenen mis pasos

“A veces me canso de ir descalza por la vida”. .. no son palabras mías, sino de una joven cantautora, Vanesa Martín. No soy yo mucho de este estilo musical pero me atraen las letras de sus canciones porque esconden verdades como puños; en otras me identifico tanto que siento que las ha escrito para mí (“me da pena tenerte y no tenerte, me da pena, porque te busco entre la gente”… “si me olvidas vivirás tranquilo, tendrás planes y proyecciones, si me olvidas no habrá remolinos ni altibajos de emociones, porque el momento de encontrarnos llegó en plena tormenta y aunque mis velas te buscaban, mi dirección estaba quieta”). Pues eso, que a veces me canso de ir descalza por la vida. Me da miedo dejar mi impronta, me da miedo que noten mi presencia, que se me critique la voz (esto es, lo que digo), que me equivoque y luego no haya vuelta atrás…Y me canso y juego a ser quien quiero ser pero no me atrevo y vuelvo a ocultar mi lúcida cabeza en la tierra, esperando que pasen todos los trenes en los que pudiera montarme y ser yo.
Me fastidia que cuando me armo de valor y suenan mis pasos, siempre esté ahí un listo (o lista) que me quiebra las alas y me roba esos zapatos de tacón, que sí suenan.
De lo que sí me enorgullezco es de que voy perdiendo miedos, noto o intuyo una fuerza interior nueva que me da seguridad y confianza y me hace disfrutar de momentos como este, iluminada sólo por una leve lámpara de mesa, el olor a azahar que emana de una ramita que acabo de cortar durante mi paseo, el silencio más absoluto y más encantador y mi corazón recordándome, con 69 pulsaciones por minuto, que estoy viva, llena de vida, de fuerza, y que todo esto vale la pena.
Después de un día agotador, quizá raro, por cómo empezó y cómo ha acabado, creo que pocas cosas puedo pedir: en pocas horas tendré a mi lado la mitad del corazón que me falta, tendré una palabra despreocupada pero oportuna al girar la llave, un aroma único, un tacto suave, mucho desorden en mi orden, pero lo deseo de forma vehemente. No pido más, no quiero abusar de mi buena estrella. Que acabe el día, que ya me encargaré yo de exprimir el que está empezando. Carpe diem.

Los peldaños que conducen a mi cielo

1.El calor de un bebé que oculta su cabeza en tu cuello mientras se despereza.
2.El olor a tierra mojada tras la lluvia en la campiña.
3.Oir como llueve desde la cama sabiendo que no tengo por qué levantarme.
4.Ver atardeceres en época estival.
5.Tu abrazo que me envuelve entera (perfecta cárcel de amor).
6.Confidencias/consejos/ánimos con la persona a la que más admiro en el mundo.
7.Acertar.
8.Esa vocecita neonata y la primera vez que se dirigió a mi.
9.Ver, por primera vez, lugares eternos.
10.Palabras de cariño cuando he caído en el pozo.
11.Recordar la bonanza de tiempos pasados.
12.Olor a café al entrar a casa y dejar fuera el frío de la calle.
13.La caricia del mar en mis pies desnudos.
14.El susuro de la brisa suave que juguetea con mi pelo.
15.Ver brotar las flores que yo misma he sembrado.
16.Mirar fotos antiguas de gente a la que quiero.
17.Conducir por carreteras que ya conozco.
18.Saber que piensas en mi.
19.Leer las palabras sentidas que me dedicas.
20.Recibir el regalo que esperaba.
21.La cama fría en verano y caliente en invierno.
22.El agua fría en la cara que me devuelve a la vida por la mañana.
23.Pasear por callejuelas perdidas de Granada.
24.Observar, desde un banco, a la gente variopinta que pasa.
25.Comprobar que he aprendido.
26.Saborear un trozo de chocolate puro.
27.Ver una buena película acurrucada en el sofá.
28.Llegar a la última página de un buen libro y desear seguir leyendo.
29.Crear un buen poema.
30.Releer un buen poema.
31.El olor a ropa limpia.
32.Un baño al final de esos días en los que no veías el final.
33.Una comida en familia sabiendo que no hay prisa, que nadie tiene que irse.
34.Saber que tengo a mi alrededor gente sabia que quiere compartir su saber.
35.El orden.
36.Encontrar lo que busco en el momento en que lo busco.
37.Las buenas noticias.
38.Que lo que planifico salga como esperaba.
39.Que la gente en la que confío no me traicione.
40.Un patio con geranios.
41.El "quejío" flamenco, el arte.
42.Comprobar que la distancia no es obstáculo para seguir en contacto.
43.Encontrar gangas.
44.Las cosas sencillas.
45.La gente sencilla, que no simple.
46.El silencio.
47.Encontrar soledad cuando la necesito.
48.No cumplir órdenes.
49.El contacto físico.
50.La sinceridad de aquéllos con los que eres sincero.
51.Saber que es feliz la gente que me importa.
52.La paz interior (y exterior).
53.Que me busquen y me encuentren.
54.Ponerme las prendas que me tejen con cariño.
55.Escribirte las palabras que te llegan al corazón y que guardas con cariño.
56.Hacerte el regalo que esperabas.
57.Querer hacer algún favor.
58.Hallar recompensa tras el esfuerzo.
59.Entender.
60.Saber escuchar.
61.Ponerme los zapatos que me gustan.
62.Que el espejo me devuelva la imagen que espero.
63.Sentir ilusión y fuerza.
64.El primer día de vacaciones.
65.Olor a pan recién hecho.
66.Saborear manjares que han salido de mi cocina.
67.Sentirme cómoda en las conversaciones.
68.Hacer las cosas porque me apetece, no por quedar bien.
69.Un halago de vez en cuando.
70.Las críticas constructivas.
71.Una mesa bien puesta.
72. Olerte.
73. Una mirada cargada de mensajes.
74. Querer escuchar, que no oír.


Silencio

He buscado esta quietud,
necesito estar en calma,
y aunque reina el silencio absoluto,
me ensordecen las voces del alma.
Remordimientos e incógnitas,
explicaciones que hacen falta,
 mil temores que me aprietan
amontonados en mi garganta.

Aquella tarde de primavera,
inexistente la distancia,
quise ver en tus ojos inmensos
un eco infinito de nostalgia.
Tú propiciaste aquel encuentro,
tú pediste mis palabras,
fuiste tú quien me buscó
y yo dejé que me encontraras.
Ya no sé dónde suenan tus pasos
pero sigo sintiendo,
que a pesar de la distancia,
 nos atrapa la misma luna
y nos duerme la misma alborada.

Imposible escapar al destino,
que nos quiere acercar a ultranza.
Mi corazón teme sollozando
                                          las historias que aún nos aguardan.

Ensoñaciones

¿Es malo soñar contigo? Si es malo, yo no tengo la culpa, los sueños son incontrolables ¿no? Son producto del subconsciente. Llegados a esta conclusión, me pregunto qué tendrá en la cabeza mi subconsciente que te acerca a mí cada noche y hace que juntos protagonicemos escenas de lo más absurdas pero, al cabo, escenas en las que estás tú, estoy yo, y compartimos momentos. Hasta ahora lo que compartimos en dichos sueños han sido situaciones como la de buscar algo en un libro en el contexto de una biblioteca antigua, de ensueño; u otro absurdo del mismo calibre, como cuando tú me enseñabas el funcionamiento de una maquinita parecida al carrete de una caña de pescar. Qué cosas tan raras.
Quizá sí tenga yo algo de culpa en el hecho de que mi subconsciente te piense y es que,ahora mismo, por ejemplo, llenas por completo mi cabeza. ¿Qué estarás haciendo ahora? Lo que diera por poder mirarte, hacerme invisible y colarme, por momentos, en tu envidiable vida.Y sin embargo he de fingir, hacer que no me afecta cuando me alejo y te veo, alejándote también, cada vez más pequeño…
Me alienta saber que, al menos, puedo escribir. Escribo esas letras con una ansiedad inusitada que me acelera el pulso.
Yo estoy plagada de defectos, de manías, de miedos y complejos. Sólo he dejado que una persona me conozca de verdad y es quien ahora me posee por completo, porque es impagable el que alguien se adentre en lo más hondo de tu ser, te palpe, te huela, te escuche, se empape de tu miseria y, aún así, decida amarte por encima de todas las cosas, ser una parte más de ti, sin duda, la mejor, porque en realidad no ha salido de ti, pero te da igual porque, a su lado, sabes que la balanza se equilibra, sabes que caminas en la dirección correcta, sabes que todo va a ir bien. Eso sólo ocurre una vez en la vida y aunque aquel fuego que antaño hacía arder mis mejillas, mis manos, mi estómago, sea ahora más bien, una llama suave y dulce, es la llama que alimenta mi vida, es mi oxígeno, es el camino que quieren seguir mis pasos.
Entre tanto, seguiré soñando calladamente, leyendo, escribiendo imposibles, imaginando cómo serían las mismas cosas en otras situaciones…

Fotografía

Te miro en esta vieja foto,
que guardo entre mis recuerdos.
Parece que fuera ayer,
cuando me la gané,
a cambio de mil “prometo”.
Prometí amarte y lo cumplí,
prometí recordarte y te recuerdo,
prometí escribirte y aún te escribo,
prometí vivir… pero me muero.
No pensamos que la distancia
es el agua que apaga el fuego,
no contamos con que el amor
no sólo vive de recuerdos.

Te miro los ojos verdes,
tenías el pelo negro,
me cogías fuerte la mano,
y yo florecía por dentro.

Te alejaste y te prometí
guardar la foto y tus recuerdos.
Yo aún te llevo dentro del alma
 y  aún te miran mis ojos viejos.

Eternidad

Me he levantado a mirar la noche,
quería oír el silencio,
mis ojos se hacen enormes,
buscando, en la negrura, algún movimiento.
Se mueven los árboles,
se dejan acariciar por el viento,
parpadean las estrellas,
y yo me siento inútil
en medio del firmamento.
Allí está la luna,
desde siempre la recuerdo,
en muchos momentos malos
y en otros buenos momentos.
El viento me hiela el alma,
me taladra hasta los huesos,
siento frío en el rostro,
pero quiero vivir este invierno.
Recuerdo tantas noches…
noches que ya no tengo,
 porque el tiempo roba, inexorable,
los instantes que voy viviendo.
Recuerdo el primer latido,
el primer rubor y el primer tropiezo,
recuerdo aquella mano amiga,
y recuerdo el primer beso.
Recuerdo las mariposas
que jugaban en nuestro pelo,
recuerdo llantos y dolor,
recuerdo tristezas y miedos.
Por eso, en esta noche,
quería oír el silencio,
y repasar con él, poquito a poco,
cada uno de mis recuerdos.

Recuerdos del alma

Esta tarde he venido a verte.
Tú sigues igual,
tan callado como siempre.
Vengo y te hablo,
a veces de forma inconsciente,
vuelvo porque sé que me escuchas…
Y porque el campo ya está verde.
Son infinitas las flores,
se respira vida en el ambiente,
los ojos lloran cuando contemplan
tanta belleza inocente.
El trinar de los pajarillos,
el susurro del agua en la fuente…
Todo sigue igual, igual que entonces,
por eso he venido a verte.
Porque sigo recordando tu voz,
 y tu risa, y tus palabras,
tus ojos entornados por el sol,
tus brazos grandes que ya descansan.
Todo sigue igual aquí,
y yo sigo sintiendo nostalgia.
En el fondo de mi alma rota,
suena, aún,  el eco de tu garganta.

Esta tarde he venido a verte,
yo sé que tú me escuchas,
yo sé que tú me sientes.
El camino sigue igual,
zigzaguea como siempre,
y sigue igual el río y los olmos,
y el susurro del agua en la fuente.
Yo sé que tú lo notas,
yo sé que tú lo sientes.
Y es que cuando la vida se va
porque llega la muerte,
siguen latiendo los recuerdos
aunque sólo el alma los siente.

Me duele

Hoy me han dado una noticia que no es demasiado mala pero me ha provocado una pena y un vacío que lleva ahogándome varias horas. Estás enferma, nada, un simple resfriado, pero a tu edad y con la lista de patologías que ya cargas… Sé que no será nada, tú misma me lo has dicho por teléfono, con esa vocecita linda, que calla más de lo que dice. Y he sentido ganas de coger el coche e irme a verte, con el único propósito de decirte que te quiero. Que eres un pilar en mi vida y que apareces en cada recuerdo inocente que conservo de mi niñez y en todos los momentos de mi vida entera (los buenos y los malos). No sé qué nos une tanto, porque hay personas que, como se dice comúnmente, me tocan más, pero las quiero menos.
Aborto las llamadas que te hago porque soy consciente de que te iba a contagiar mi pena y es lo último que quiero.
Y esta puta distancia, que me prohíbe aprender más de ti, o no aprender, simplemente, me impide tenerte cerca, pasar el tiempo contigo, escuchando las mismas historias de siempre pero que, cada vez, me inspiran un sentimiento nuevo.
Para consolarme, repaso mentalmente el recuerdo de toda la gente que conozco que ha muerto con más de noventa años. Tú tienes ochenta y uno. Todavía queda tiempo. Pero ¿Cuánto? ¿Nueve años? Me derrumbo cuando pienso en el maldito tiempo que nos arranca la vida sin darnos cuenta.
No tengo el valor para pensar en tu muerte. No me creo capaz de soportarla, de soportar decirte adiós o, lo que es peor, no tener tiempo ni de decírtelo. Me mata el imaginarme llegar a tu casa y no hallarte allí, ocupada con tus cosas que eran nuestras, el no sentir tu olor y tu mano mientras me abrazas. Tu ausencia, saber que ya no serás testigo de mis aprendizajes, de mis logros, de mis esperanzas. Eres mi sangre. Y como no quiero que el día en el que te vayas me quede el remordimiento de que no te dije que eres lo que más quiero en la vida, quería decírtelo ahora, por escrito, claro está, porque he heredado de ti la lágrima fácil y nunca seré capaz de decírtelo cara a cara. En nuestro idioma se dice “te quiero” y con esas dos palabras se supone que expresamos lo que sentimos. Yo te las digo pero dejando claro que lo que siento por ti rebosa de esas dos palabras, se quedan cortas, pues siento mucho más: aprecio, admiración, cariño, ternura, respeto y amor. Así se queda, más o menos, descrito lo que siento por ti.

Delirios

En el delirio de una noche serena
soñé que el océano
era un granito de arena.
El universo entero se me mostró,
mis ojos miraron donde la vista no llega.
No existía la palabra “no”,
no había murallas ni fronteras
y di contigo, así de fácil,
sin buscarte siquiera.
Se fundieron tu luz y mi sombra,
Y la pasión se escapó de nuestras venas.
Fue instinto, locura,
miradas mudas y ciegas,
palabras gritadas por los corazones,
en un lenguaje que no se enseña.
No pude soportar tanta dicha
y desperté.
Entonces contemplé la misma luz,
la misma nula esencia,
la escena que me aburre tanto,
siempre la misma,
y la mar… eterna.

El poder de la fuerza

Con los pies por delante. Una más, otra más. Como si la vida fuera un paquete de palomitas que se acaba porque lo hemos devorado distraídamente, así puede agotarse la existencia callada de una mujer.
Ese hombre, el marido, el padre, el dueño del techo que te cobija, se siente también amo de ti, de tu libertad, del dinero que malgastas comprando unos zapatos que no te hacen falta porque tienes nuevos los del año pasado. ¿Otro bolso más? ¿Es que los coleccionas? Y deja de comprarte potingues para la cara porque cada día estás más fea. Y pon más empeño en la comida porque lo que cocinas es incomible, y cállate que no entiendes de esto, y no vas a esa excursión porque quién me hace la comida, y cállate que aquí mando yo. Y el primer empujón, la primera bofetada, y perdona, que no volverá a ocurrir, y es que me sacas de mis casillas, es que si me hicieras caso… te quiero, no sé qué haría sin ti, eres la madre de mis hijos, perdona, no volverá a pasar. Y vámonos de viaje, necesitamos un descanso. Te saca a bailar, te besa, te acaricia, y te hace el amor como al principio… y pasas página.
Pero ya no me compro más bolsos, ¿para qué quiero otro bolso? Ni que los fuera a coleccionar. ¿Y esos zapatos? ¿Para qué? Si tengo nuevos los del año pasado. Y ¿esta crema antiarrugas?, mentiras, esto no hace nada, inventos para sacarnos el dinero. Y a ver si consigo recetas nuevas porque siempre cocino lo mismo, y no me apunto a la excursión porque hay que andar mucho y, total, para lo que hay que ver…
Pero la nueva receta no te sale bien y el plato vuela por los aires para estrellarse contra la pared. Otro empujón porque has dejado que la niña vaya a esa fiesta donde habrá tíos que se aprovecharán de ella, porque, al fin y al cabo, todas las mujeres sois unas facilonas. Y arréglate el pelo que pareces mi madre, y no te llevo a esa comida porque me das vergüenza, y ni se te ocurra decirme que estás harta porque el que está harto soy yo… Puñetazo, empujón, y acuéstate que no te vean y como se te ocurra contarlo te mato.
Mientras lloras repasas tu vida. Lo dejaste todo por él, te dedicaste a ser esposa y madre…
¿Y si me voy? Pero ¿a dónde iba a ir? ¿Y qué hago con los niños?
Esperas. Y la vida se convierte en un infierno. Y ya no te duelen los golpes, no los sientes, ni sientes placer cuando te hace el amor. Te sientes sucia. Le dices que quieres divorciarte porque no eres feliz. ¿Qué vas a dejarme? ¿Es que tienes a otro? Seguro que me has sido infiel, seguro que la gente se ríe de mí. Pero tú no vas a dejarme, no vas a dejarme en ridículo. O mía o de nadie. Empujón, puñetazo, patada… De nadie.

Incógnitas

Hay cosas que no entiendo. Evidentemente, no hablo de cualquier cosa (no aspiro a entenderlo todo). Hablo de aquello que debería ser inteligible y que acaba siendo todo lo contrario. No entiendo por qué hay gente que dice “sí” cuando quiere decir “no”. ¿Qué gana con eso? Como poco, desconcertar a muchos que luego descubren el vacío de ese “sí” original, su falsedad y, por tanto, su invalidez.
No entiendo a las personas que te llaman para que les ayudes a grabar un CD y luego resulta que ni tienen CD ni ordenador con grabadora, carencias que suplen con excusas que caen por su propio peso y que levantan la liebre.
No entiendo a aquéllas otras que se creen el ombligo del mundo, que saben de todo, que son expertos en todo y hablan de ello como si tuvieran la verdad absoluta, pero menos aún entiendo a aquéllos que sabiéndose expertos y teniendo tánto que decir, se callan.
No me entiendo a mí cuando callo lo que quiero decir, cuando ahogo la expresión furtiva de opiniones, deseos, temores. Quizá sea el miedo, que es más poderoso que yo. Pero miedo ¿a qué? Al ridículo, a la crítica, al rechazo… o al éxito, que en otros casos también puede provocar sentimientos contrariados.
Lo que sé es que sigo cuestionándome las mismas cosas que ya me quitaban el sueño hace años. Será que sigo siendo la misma o que me rodeo del mismo tipo de gente. En ambos casos, nada bueno.

Vomitados a la vida

No puedo evitar emocionarme cuando contemplo las imágenes de los treinta y tres mineros que vuelven a la vida después de sesenta y nueve días sepultados bajo tierra. Esperaba ver desconcierto, ansiedades, desvanecimientos… pero no. Todos y cada uno de ellos salían de la deseada jaula que los sacaba de las entrañas de la tierra sonriendo y con calma. ¿Cómo se puede mantener la calma? Saber que por encima de ti sólo hay piedra, y frío y más piedra, y oscuridad… Y, para colmo, tendrán que solicitar al Estado que les reconozca su condición de “vivos”, porque se les dio por muertos. Qué frágil es la línea que separa la vida de la muerte. Puede uno estar vivo y haber muerto para el mundo, o puedes estar muerto en el mundo y seguir vivo en la memoria de los que te quisieron. Abrumador.
17/10/2010

Del amor al odio

No suelo odiar a nadie, no es una buena costumbre. Doy varias oportunidades antes de desterrar de mi corazón a cualquier persona que en él se halle pero hoy he comprendido que la persona se corrompe y con ello viene la putrefacción de la imagen idílica que de ella podíamos tener.
Siento un vacío que puede estar provocado por otras circunstancias que no vienen al caso pero tienen mucho que ver los recientes acontecimientos que hoy me han demostrado que somos marionetas articuladas a merced del cruel destino. Y digo cruel porque acaba implacablemente con posibilidades varias de sonreír y sentir algo más de felicidad. No quiero divagar porque es tarde y me queda poca energía. Sólo sé que la vida me sigue sorprendiendo, lo cual no es del todo malo, aunque lo haga de una forma indeseable.
¿Cómo puede una persona llegar a ser tan buen actor? ¿Cómo se puede llegar a fingir un personaje que enmascare a un ser egoísta y sucio? No sé la respuesta pero me basta con saber que se puede llegar a ese estado.
Por suerte, mientras se desvanecían pesadamente los pilares de una amistad, falsa, han comenzado a erguirse los pilares de otras que confío tengan mayor consistencia o, al menos, sean transparentes y auténticos. No hay mal que por bien no venga.

Sigo sintiendo nostalgia

Un acorde pone a danzar mi nostalgia mientras sigo, absorta, el rápido trayecto serpenteante de las gotas de lluvia en el cristal. El tiempo detenido y los sentimientos fluyendo inexorablemente. Tú, como siempre, ocupando mi cabeza y mi corazón… y también mi olfato, porque hoy he percibido tu aroma, cerca, y he querido guardarlo también en mi memoria.
Sé que me buscas, aún sabiendo que me encuentras. Y es eso lo que enerva mi paciencia. Si no debes encontrarme, ¿por qué me buscas?, ¿por qué me quieres en tu vida? si luego sigues construyendo muros de miradas entre los dos…
A veces pienso que mi ingenuidad me ciega y que, realmente, cuando me requieres es de forma egoísta. De hecho, nunca te interesas por mis quehaceres y nuestras conversaciones siempre giran en torno a ti, a tu vida. Yo intento ver que tras tus falsas peticiones de ayuda para cosas banales enmascaras tu deseo de tenerme cerca pero… la voz de mi conciencia me dice que me engaño. 
Con el alma llena de tormento, la esperanza se despista y me invade el frío de la calle. Me cala la lluvia y no me cobijo. Quiero calmar, con esta lluvia de otoño, la pasión que me hierve las venas y que golpea mis sienes de forma acompasada. Para colmo, sé que soñaré contigo, como cada noche, y te cogeré de la mano, y te acariciaré la mejilla; las inocentes yemas de mis dedos juguetearán con las sensuales comisuras de tus labios. Y tú callarás, me mirarás fijamente a los ojos y los entornarás para que no escape el placer de mi tacto. Y cuando despierte, en medio de la noche enemiga, volveré a dejar caer mis lágrimas y veré cómo siguen serpenteando las gotas de lluvia en el frío cristal.

Granos de arena

Contemplo el mar, inabarcable, infinito, misterioso. He pasado el día esperando este momento en el que los padres se han llevado a sus hijos, los adolescentes han recogido sus bártulos y han dado paz a mis oidos llevándose su música a otra parte.
Al fin consigo escuchar la voz susurrante del agua mientras danza, en su vaivén, con las piedras y la espuma.
Ya han salido las primeras estrellas y el cielo se va tiñendo de un azul oscuro que acapara toda mi atención. Pasa caminando un anciano, hundiendo sus experimentados pies en la arena mojada. Deja huellas que el agua engulle inmediatamente. Camina despacio, absorto en sus más íntimos pensamientos.
Hago una foto. La luna parece estar metiendo sus pies en el profundo mar, coqueteando. En la más absoluta inmensidad que crece irremediablemente conforme el cielo se oscurece, me siento perdida y derramo una lágrima incomprensible. Nadie me acompaña. Todos pensarán que estoy en casa, cenando o matando el tiempo frente a la televisión. Pero no, mi alma me obliga a hacer estas cosas, a escapar de la rutina y la compañía y buscar la soledad infinita.
Me siento bien. Las olas me acarician los pies y me inyectan razones para respirar hondo y volver a coger el camino de vuelta.