jueves, 7 de abril de 2011

El poder de la fuerza

Con los pies por delante. Una más, otra más. Como si la vida fuera un paquete de palomitas que se acaba porque lo hemos devorado distraídamente, así puede agotarse la existencia callada de una mujer.
Ese hombre, el marido, el padre, el dueño del techo que te cobija, se siente también amo de ti, de tu libertad, del dinero que malgastas comprando unos zapatos que no te hacen falta porque tienes nuevos los del año pasado. ¿Otro bolso más? ¿Es que los coleccionas? Y deja de comprarte potingues para la cara porque cada día estás más fea. Y pon más empeño en la comida porque lo que cocinas es incomible, y cállate que no entiendes de esto, y no vas a esa excursión porque quién me hace la comida, y cállate que aquí mando yo. Y el primer empujón, la primera bofetada, y perdona, que no volverá a ocurrir, y es que me sacas de mis casillas, es que si me hicieras caso… te quiero, no sé qué haría sin ti, eres la madre de mis hijos, perdona, no volverá a pasar. Y vámonos de viaje, necesitamos un descanso. Te saca a bailar, te besa, te acaricia, y te hace el amor como al principio… y pasas página.
Pero ya no me compro más bolsos, ¿para qué quiero otro bolso? Ni que los fuera a coleccionar. ¿Y esos zapatos? ¿Para qué? Si tengo nuevos los del año pasado. Y ¿esta crema antiarrugas?, mentiras, esto no hace nada, inventos para sacarnos el dinero. Y a ver si consigo recetas nuevas porque siempre cocino lo mismo, y no me apunto a la excursión porque hay que andar mucho y, total, para lo que hay que ver…
Pero la nueva receta no te sale bien y el plato vuela por los aires para estrellarse contra la pared. Otro empujón porque has dejado que la niña vaya a esa fiesta donde habrá tíos que se aprovecharán de ella, porque, al fin y al cabo, todas las mujeres sois unas facilonas. Y arréglate el pelo que pareces mi madre, y no te llevo a esa comida porque me das vergüenza, y ni se te ocurra decirme que estás harta porque el que está harto soy yo… Puñetazo, empujón, y acuéstate que no te vean y como se te ocurra contarlo te mato.
Mientras lloras repasas tu vida. Lo dejaste todo por él, te dedicaste a ser esposa y madre…
¿Y si me voy? Pero ¿a dónde iba a ir? ¿Y qué hago con los niños?
Esperas. Y la vida se convierte en un infierno. Y ya no te duelen los golpes, no los sientes, ni sientes placer cuando te hace el amor. Te sientes sucia. Le dices que quieres divorciarte porque no eres feliz. ¿Qué vas a dejarme? ¿Es que tienes a otro? Seguro que me has sido infiel, seguro que la gente se ríe de mí. Pero tú no vas a dejarme, no vas a dejarme en ridículo. O mía o de nadie. Empujón, puñetazo, patada… De nadie.

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