En el delirio de una noche serena
soñé que el océano
era un granito de arena.
El universo entero se me mostró,
mis ojos miraron donde la vista no llega.
No existía la palabra “no”,
no había murallas ni fronteras
y di contigo, así de fácil,
sin buscarte siquiera.
Se fundieron tu luz y mi sombra,
Y la pasión se escapó de nuestras venas.
Fue instinto, locura,
miradas mudas y ciegas,
palabras gritadas por los corazones,
en un lenguaje que no se enseña.
No pude soportar tanta dicha
y desperté.
Entonces contemplé la misma luz,
la misma nula esencia,
la escena que me aburre tanto,
siempre la misma,
y la mar… eterna.
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