Me quedo embobada siempre que veo un campeonato de patinaje artístico sobre hielo. La elegancia con la que se deslizan, la agilidad, la sencillez con la que el patinador la eleva a ella, la sostiene con un brazo, la lanza y ella cae, elegante, sobre el centímetro de la cuchilla de su bota. La velocidad que alcanzan, los patinadores deslizándose a escasos centímetros, sin rozarse nunca, las piruetas que reflejan la ausencia de miedo a fallar y estamparse contra el gélido suelo de hielo. Fascinante.
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