lunes, 24 de octubre de 2011

Vidas anónimas

Terremotos, inundaciones, secuestros, asesinatos, accidentes... me impresiona que pasen tantas cosas en el mundo, ese mundo en el que vivo yo pero que parece ser otro, paralelo, algunas veces. Sufro por cada una de las víctimas, por las que salen en televisión y por todas las anónimas que serán tantas... Sin embargo, mientras el mundo se desmorona, tiembla, es arrasado por huracanes e inundaciones, mientras padres sienten que les retuercen el corazón al saber que han secuestrado a sus hijos, o que están bajo kilos de escombro, o que, simplemente, ya no están, mi vida sigue su curso, paso a paso, hacia los mismos sitios. Me río, olvidándome de todo el dolor y toda la tragedia circundante. Pero es que resulta que es así. Ahora me toca reir. ¿Acaso cuando yo lloro alguien más me acompaña en mi llanto, en mi pena? Hoy es uno de esos días en los que me sonríe el corazón, a pesar de que vuelve a hacer frío, y ya no me crezco con los rayos del sol. Otras cosas habrá que me den vida y aliento. Comienza el otoño para mi. Ese viento frío que se estrella contra mi cara, ese caminar acelerado por la calle para cobijarse cuanto antes, ese deseo de una taza de café entre las manos frías, calcetines, mantas... pronto guantes, gorros y bufandas. Que el frío se quede fuera, por dios, es lo único que pido, que el frío no me hiele el alma esta vez.

miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Qué es lo que buscamos?

Yo empecé deseando una Barbi que venía con una caravana. No debí de portarme demasiado bien cuando los reyes magos preferían siempre dejarme ropa sobre mis zapatitos limpios. Yo aprendí a odiar mi suerte, o mi destino, ya con unos pocos años, porque sabía que no había reyes magos, y en su lugar, pobres plebeyos, de carne y hueso, que aprendieron a sacar cuatro platos de uno, y ropa decente de jirones viejos. Pero mi egoísmo de niña que entendía de sobra la situación, no dejaba de soñar con la Barbi y su caravana.
Luego quise una bicicleta. Ya rondaba los catorce. Me la compraron a los 16, cuando ya se me había pasado el afán por coger la bici y unirme a aquel grupo de chicas que, en aquellos tiempos, eran mis amigas y salían por las tardes a pedalear y echar cuatro risas. Creo que para entonces ya me había tragado deseos que consideraba imposibles (un caballo, una habitación para mi sola, una cama acortinada...). Sin duda, nunca nadie supo que quería aquellas cosas, quizá, en el fondo, yo tampoco las quería. ¿Qué he querido en realidad? Quise todo lo que tengo ahora. Quise este trabajo, quise salud para la gente que me importa, quise una casa con chimenea y patio donde pudieran crecer mis macetas; quise no tener que sacar cuatro platos de uno, ni ropa decente de jirones viejos. Quise tener a alguien a mi lado que me viera por dentro con sólo mirarme a los ojos, alquien que ensordinara mi pena con un abrazo. Quizá ahí radica la frustración, en que tengo todo lo que quise pero no lo tengo aquí. No tengo a los que me importan, no tengo mi casa y mis macetas y el fuego que me calienta el alma. No tengo esos ojos en los que se ahoga mi pena. Yo busqué y hallé, pero tengo las manos vacías y la sensación de no tener lo que me hace falta.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El clavo ardiendo

Uno se agarra a un clavo ardiendo para salvar la caída al vacío, para evitar despeñarse en el abismo, para intentar no perderse y remontar el vuelo. Cuando el clavo aparece sin que lo hayas pedido, cuando, incluso, has dicho claramente que no lo necesitabas, entiendes que la ceguera te estaba impidiendo contemplar la hermosa figura de quien está ahí, a pesar de que hayas sentido que estabas solo en medio de la nada. No, no era más que un espejismo ingrato. Comienzo a respirar de nuevo, pero despacio, de forma contenida, todavía me duele inspirar vida y echar fuera la podredumbre. Poco a poco.

martes, 4 de octubre de 2011

A cuestas

Yo cargo con mi vida y sus reveses azarosos, yo cargo con desdenes, con la ausencia de palabras o letras que eran mi biblia, yo cargo con ese frío que me abrasa la piel, el cuerpo, el alma, desde fuera hacia adentro. Es desde fuera hacia adentro. Sentir que no estoy, a pesar de estar ahí. Máscara descarnada que se adueña de mi rostro, de mi cuerpo entero, de mi aliento y de mi voz. Todo es teatro, espectáculo, felicidad desbordante de cara a la galería pero, detrás del telón, entre bastidores llenos de polvo y mugre, se halla la nula esencia que no da, porque no puede, sentido alguno a mis días.
De nada sirve patear las primeras hojas caídas, pisarlas, hacerlas crujir, de nada sirve, si mi mano busca tu mano sin hallarla, sin toparse con un dedo siquiera, ese dedo meñique al que yo engancharía mi dedo meñique y con él, mi vida entera.
Y encima, qué ironía, tú ignoras que ya no soporto más este ahogo, que verdaderamente me cuesta respirar (¿o es que no quiero?), que me da igual que amanezca o que reine la luna indefinidamente, que la risa no me brota de dentro, como antes, que mis ojos ya no sonríen y que cuando hallan soledad y penumbra se cierran y miran hacia adentro, sacando el único calor moribundo que se desliza por las venas, lánguidamente, y convirtiéndolo en lágrimas incesantes de fuego y sal.
Pero tú no lo sabes.

domingo, 2 de octubre de 2011

Lo reconozco

Reconozco que, a veces, muchas veces, me mata el silencio, el vacío, la soledad. Reconozco que cojo el teléfono y que aborto llamadas que inicio porque, en realidad, no tengo nada que decir, sólo busco el contacto. Pero he de reconocer también que me gusta esta soledad, este silencio, este vacío que lleno conmigo misma, con mis quehaceres, con mis reflexiones, mis lecturas, mi música, mis velas y mi incienso... Podría pasarme así algunos días más. Hoy no necesito charlas, risas, compañía... Sola, conmigo, con mis historias, las mías, las que nadie entiende, las que nadie comparte, las que nadie conoce. Yo soy así. Quizá algo rara, quizá demasiado entusiasta de mi trabajo, de mis proyectos, de esta vida que no hace más que darme reveses que, por suerte, suelo ir esquivando.

sábado, 1 de octubre de 2011

Risas

Me haces reír, desde dentro hacia afuera. Me ríe el alma, si es que existe. Tu presencia lo inunda todo de aroma, de esencia, de plenitud. No necesito más que eso, tu presencia, para que mi alma halle sosiego y paz.
La vida no suele ser justa y nos mueve como marionetas, a su antojo. Pero la vida, mi vida, quiso que yo te cogiera de la mano, permitió que tú enredaras tus dedos entre los míos y que estuvieras ahí. No entiendo más que eso, no puedo ni quiero entender ni razonar más que eso: que te busco y te encuentro y que cuando tú me buscas yo estoy ahí.

Un mes

Ya hace un mes, un mes justo, desde el día 1 de septiembre. Recuerdo los proyectos que había para ese día... Todo quedó en planificaciones que van al traste.
Gente que me importaba se alejaría después... Momentos que me importaban, también. Qué ingrata es la vida cuando quiere. ¿O son las personas?