lunes, 24 de octubre de 2011

Vidas anónimas

Terremotos, inundaciones, secuestros, asesinatos, accidentes... me impresiona que pasen tantas cosas en el mundo, ese mundo en el que vivo yo pero que parece ser otro, paralelo, algunas veces. Sufro por cada una de las víctimas, por las que salen en televisión y por todas las anónimas que serán tantas... Sin embargo, mientras el mundo se desmorona, tiembla, es arrasado por huracanes e inundaciones, mientras padres sienten que les retuercen el corazón al saber que han secuestrado a sus hijos, o que están bajo kilos de escombro, o que, simplemente, ya no están, mi vida sigue su curso, paso a paso, hacia los mismos sitios. Me río, olvidándome de todo el dolor y toda la tragedia circundante. Pero es que resulta que es así. Ahora me toca reir. ¿Acaso cuando yo lloro alguien más me acompaña en mi llanto, en mi pena? Hoy es uno de esos días en los que me sonríe el corazón, a pesar de que vuelve a hacer frío, y ya no me crezco con los rayos del sol. Otras cosas habrá que me den vida y aliento. Comienza el otoño para mi. Ese viento frío que se estrella contra mi cara, ese caminar acelerado por la calle para cobijarse cuanto antes, ese deseo de una taza de café entre las manos frías, calcetines, mantas... pronto guantes, gorros y bufandas. Que el frío se quede fuera, por dios, es lo único que pido, que el frío no me hiele el alma esta vez.

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