martes, 4 de octubre de 2011

A cuestas

Yo cargo con mi vida y sus reveses azarosos, yo cargo con desdenes, con la ausencia de palabras o letras que eran mi biblia, yo cargo con ese frío que me abrasa la piel, el cuerpo, el alma, desde fuera hacia adentro. Es desde fuera hacia adentro. Sentir que no estoy, a pesar de estar ahí. Máscara descarnada que se adueña de mi rostro, de mi cuerpo entero, de mi aliento y de mi voz. Todo es teatro, espectáculo, felicidad desbordante de cara a la galería pero, detrás del telón, entre bastidores llenos de polvo y mugre, se halla la nula esencia que no da, porque no puede, sentido alguno a mis días.
De nada sirve patear las primeras hojas caídas, pisarlas, hacerlas crujir, de nada sirve, si mi mano busca tu mano sin hallarla, sin toparse con un dedo siquiera, ese dedo meñique al que yo engancharía mi dedo meñique y con él, mi vida entera.
Y encima, qué ironía, tú ignoras que ya no soporto más este ahogo, que verdaderamente me cuesta respirar (¿o es que no quiero?), que me da igual que amanezca o que reine la luna indefinidamente, que la risa no me brota de dentro, como antes, que mis ojos ya no sonríen y que cuando hallan soledad y penumbra se cierran y miran hacia adentro, sacando el único calor moribundo que se desliza por las venas, lánguidamente, y convirtiéndolo en lágrimas incesantes de fuego y sal.
Pero tú no lo sabes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario