martes, 27 de diciembre de 2011
Dudas
"Lo importante no es cuánto se viva sino cómo se viva". Estas palabras que oí ayer no paran de martillearme en la cabeza. No me doy cuenta de que hay que buscar las raíces de los anhelos, de los sueños y de las frustraciones y cuando uno las halle, debe alimentar algunas y erradicar otras. No importa el tiempo que lata el corazón, lo que importa es que cada latido sea sincero, verdadero y libre.
En el aire
Los aromas están en el aire. También en la cabeza, pero es el aire el que hace que despierten y los rememoremos.
Hoy el aire ha despertado un aroma que iba encadenado a un recuerdo y, sin quererlo, me he trasladado unos instantes a aquella casa que cobijó los primeros destellos de mi vida. Aquella casa con su chimenea en torno a la que gastábamos el tiempo distraídamente, conversando sobre cosas triviales y sobre otras que no lo eran y que marcaban el constante devenir de nuestras vidas. Te recuerdo con tus mejillas coloreadas por el calor cercano del fuego donde cocinabas, por estas fechas, esos dulces cuyo olor tenía guardado y hoy ha vuelto a mi, despertando vivencias dormidas. Alguien, a tantos kilómetros de ti, hoy repite aquella escena y cocina junto al fuego. Quizá también tenga al lado a una personita que absorbe cada momento y que intenta aprehender cada uno de tus gestos y tus palabras. Ojalá así sea, porque cuando pasen los años, esos momentos serán los que darán sentido a su vida.
Acabo de llamarte para contártelo porque he querido que sepas, una vez más, lo importante que eres en mi vida, tanto, que cualquier cosa me recuerda a ti y con ello entiendo que todo lo que soy te lo debo. Lo único que me daña es que, por la lejanía, ya no podemos compartir momentos como aquellos. Me consuelo con recordar los que vivimos, los revivo constantemente, porque éso, los recuerdos, la distancia no puede arrebatármelos.
Hoy el aire ha despertado un aroma que iba encadenado a un recuerdo y, sin quererlo, me he trasladado unos instantes a aquella casa que cobijó los primeros destellos de mi vida. Aquella casa con su chimenea en torno a la que gastábamos el tiempo distraídamente, conversando sobre cosas triviales y sobre otras que no lo eran y que marcaban el constante devenir de nuestras vidas. Te recuerdo con tus mejillas coloreadas por el calor cercano del fuego donde cocinabas, por estas fechas, esos dulces cuyo olor tenía guardado y hoy ha vuelto a mi, despertando vivencias dormidas. Alguien, a tantos kilómetros de ti, hoy repite aquella escena y cocina junto al fuego. Quizá también tenga al lado a una personita que absorbe cada momento y que intenta aprehender cada uno de tus gestos y tus palabras. Ojalá así sea, porque cuando pasen los años, esos momentos serán los que darán sentido a su vida.
Acabo de llamarte para contártelo porque he querido que sepas, una vez más, lo importante que eres en mi vida, tanto, que cualquier cosa me recuerda a ti y con ello entiendo que todo lo que soy te lo debo. Lo único que me daña es que, por la lejanía, ya no podemos compartir momentos como aquellos. Me consuelo con recordar los que vivimos, los revivo constantemente, porque éso, los recuerdos, la distancia no puede arrebatármelos.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Navidad
Ya ha llegado. Hasta hoy no había querido ser consciente de que ha llegado la Navidad. Maletas que deshacer, compras y más compras (tantas que incluso yo, que adolezco del afán consumista, termino por aborrecerlas), llamadas sinceras a seres queridos y otras sólo "por cumplir" (por suerte, de estas últimas voy reduciendo el número cada año, será que la edad me está volviendo maleducada o pasota). El corazón partido entre dos o tres sitios, cada trozo añorando una compañía distinta. Todo no se puede tener, en todos los sitios no se puede estar.
martes, 13 de diciembre de 2011
Cosa de dos
Una mano prendida de otra mano,
un ojo, mirando a otro,
un latido, eco de algún latido,
una sonrisa que llorando destrozo.
Un paso que pisa en tu huella,
un aroma que en mis manos aprisiono,
son tus labios que en mis labios dejan
el veneno que da vida a la vida que ahogo.
Quiero soñarte, quiero abarcarte,
vivir en tus nubes,
beberme tu aire.
Quiero llegar al mundo, cada mañana,
y empezarte y acabarte.
Quiero pensar que tú me piensas,
quiero que tú te bebas mi aire.
Que fluya el tiempo,
dejo ya que la vida se escape,
vivo en tu mundo, en ese mundo
en el que ya no cabe más nadie.
Que caigan las estrellas,
que se inunde el cielo de mar embravecido,
sólo quiero aferrarme a tu cuerpo
y sentir, sólo entoces, que vivo.
un ojo, mirando a otro,
un latido, eco de algún latido,
una sonrisa que llorando destrozo.
Un paso que pisa en tu huella,
un aroma que en mis manos aprisiono,
son tus labios que en mis labios dejan
el veneno que da vida a la vida que ahogo.
Quiero soñarte, quiero abarcarte,
vivir en tus nubes,
beberme tu aire.
Quiero llegar al mundo, cada mañana,
y empezarte y acabarte.
Quiero pensar que tú me piensas,
quiero que tú te bebas mi aire.
Que fluya el tiempo,
dejo ya que la vida se escape,
vivo en tu mundo, en ese mundo
en el que ya no cabe más nadie.
Que caigan las estrellas,
que se inunde el cielo de mar embravecido,
sólo quiero aferrarme a tu cuerpo
y sentir, sólo entoces, que vivo.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Poesía constante
Vida constante, muerte constante. Ahí estaba él, con un libro entre sus sabias manos, un libro lleno de marcas para ir al poema preciso, al poema justo, al poema elegido. Recitar poemas de Lorca es sencillo, pues presentan una rima ligera, ágil; pero llegar al alma del que escucha con un poema que de tanto leerlo ya percibe uno como algo propio, eso, tiene mérito. Puede que algunos no entiendan la vehemencia del recitado, el declamar pausado, las cadencias, los ojos cerrados, la mano que se eleva y cierra el puño con fuerza. Seguro que algunos lo juzgarán de ridículo, pero cómo me entusiasma observar esos momentos de entrega total al poema. El sentimiento contenido, la voz serena, rasgada. La cabeza llena de cada una de las letras que componen cada uno de los versos y de imágenes, sin duda, que dichas letras traen a la memoria.
Continúa la magia, esa magia que se acrecentó cuando accedió a leer uno de sus poemas, uno de sus hijos, que late en uno de sus libros y que me hizo sentir emociones infinitas cuando lo leí, no hace mucho.
Es una forma de vida, la poesía, es vivir en paralelo. Pero, también, es una forma de morir, porque te encierras contigo mismo y un papel en blanco para crear vida nueva que ha de nacer de tu continua agonía.
Que siga naciendo poesía, que crezca, que lo inunde todo. Que nos siga dando aliento a estos locos que nos alimentamos del sentimiento.
Continúa la magia, esa magia que se acrecentó cuando accedió a leer uno de sus poemas, uno de sus hijos, que late en uno de sus libros y que me hizo sentir emociones infinitas cuando lo leí, no hace mucho.
Es una forma de vida, la poesía, es vivir en paralelo. Pero, también, es una forma de morir, porque te encierras contigo mismo y un papel en blanco para crear vida nueva que ha de nacer de tu continua agonía.
Que siga naciendo poesía, que crezca, que lo inunde todo. Que nos siga dando aliento a estos locos que nos alimentamos del sentimiento.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Misticismos
Últimamente pienso mucho en eso de la existencia del alma inmortal, de la vida después de la muerte corpórea. No es lógico, es incluso ridículo, pensar que una vez que el cuerpo queda inerte, una entidad inmaterial se separa de él, viaja en el tiempo, en el espacio, y sigue viviendo. ¿Siguen, entonces, latiendo los recuerdos, los anhelos, las emociones que nos arrasaron mientras ese alma o espíritu permanecía encerrado en el cuerpo? ¿Seguimos recordando aquello que nos daba vida y, por contra, lo que nos la iba arrebatando? Si es así, quiero recordar una sonrisa, unos ojos, un escalofrío que provocó el tacto de tus dedos en mí. Sólo quiero recordar eso, allá adonde vaya mi alma.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Diciembre
Un camino, unos kilómetros que acercan y que alejan, que me llevan y que me traen. Todo es relativo, dependiendo del punto que se tome como referencia.
Acciones que se han convertido ya en hábitos, todo aquello que se hace por inercia. Abrir cajas, esas cajas que duermen olvidadas durante un año, y sacar aquella figura, aquel candelabro, aquella guirnalda que guardé con resignación y pena porque habían vuelto a acabarse las Navidades. Todo un año que se ha deslizado por mi vida (o yo por él) sin ser muy consciente de ello. Ahora recuerdo largas tardes de verano, paseos buscando la sombra, helados compartidos en remansos de sosiego y calma... Recuerdo el mar inmenso, horas dentro del agua, nadando, bajando a sus entrañas para perderme en el silencio que reina bajo el agua. Contemplar la realidad a cámara lenta bajo el agua, es como si ahí abajo no hubiera prisa. Nadar, exhausta, hacia la orilla y tumbarme para que el sol lánguido secara el agua y dejara la sal y el color en mi piel. Cómo anhelo esos momentos. Pero se fueron y llega el frío, la sombra, el silencio obligado. Sólo momentos puntuales de compañía y luz. Vuelvo a buscar momentos que también en invierno me inyecten vida. Tú, tu voz, tus ojos profundos. Compartir el tiempo, quizá el frío que nos obligue a acercarnos y darnos calor.
Ya estamos en diciembre.
Acciones que se han convertido ya en hábitos, todo aquello que se hace por inercia. Abrir cajas, esas cajas que duermen olvidadas durante un año, y sacar aquella figura, aquel candelabro, aquella guirnalda que guardé con resignación y pena porque habían vuelto a acabarse las Navidades. Todo un año que se ha deslizado por mi vida (o yo por él) sin ser muy consciente de ello. Ahora recuerdo largas tardes de verano, paseos buscando la sombra, helados compartidos en remansos de sosiego y calma... Recuerdo el mar inmenso, horas dentro del agua, nadando, bajando a sus entrañas para perderme en el silencio que reina bajo el agua. Contemplar la realidad a cámara lenta bajo el agua, es como si ahí abajo no hubiera prisa. Nadar, exhausta, hacia la orilla y tumbarme para que el sol lánguido secara el agua y dejara la sal y el color en mi piel. Cómo anhelo esos momentos. Pero se fueron y llega el frío, la sombra, el silencio obligado. Sólo momentos puntuales de compañía y luz. Vuelvo a buscar momentos que también en invierno me inyecten vida. Tú, tu voz, tus ojos profundos. Compartir el tiempo, quizá el frío que nos obligue a acercarnos y darnos calor.
Ya estamos en diciembre.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Aprendiendo otro idioma
Aprendiendo el idioma en el que está escrito el destino. No soy de los que creen en él. He comprobado que la perseverancia y el esfuerzo constantes borran cualquier pasaje del libro del destino. Es indiscutible que la suerte tiene mucho que ver, pero puede lograrse todo aquello que uno se proponga en la vida (siempre que se sea realista y no se aspire a lograr imposibles). Sin embargo, hay momentos en los que uno se cuestiona cuánto hay de verdad y de mentira en este planteamiento. Me pregunto si, realmente, no será cierto que el destino está escrito y, por tanto, resulta estéril esta lucha diaria por conseguir que las cosas fluyan por ríos sin caudal alguno. De qué sirve dejarse la piel, la sonsrisa y el alma. De qué sirve ya, después de tanto tiempo contemplando cómo cuando el barco empieza a navegar según el rumbo que le fijas, imprevisiblemente, vira y vuelve a navegar a la deriva. No se puede luchar contra la fuerza del viento, del mar, la atracción de la luna... Ellos conducen el barco y yo zozobro en la angustia y la pena de no conseguir llevarlo a buen puerto.
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