viernes, 2 de diciembre de 2011

Aprendiendo otro idioma

Aprendiendo el idioma en el que está escrito el destino. No soy de los que creen en él. He comprobado que la perseverancia y el esfuerzo constantes borran cualquier pasaje del libro del destino. Es indiscutible que la suerte tiene mucho que ver, pero puede lograrse todo aquello que uno se proponga en la vida (siempre que se sea realista y no se aspire a lograr imposibles). Sin embargo, hay momentos en los que uno se cuestiona cuánto hay de verdad y de mentira en este planteamiento. Me pregunto si, realmente, no será cierto que el destino está escrito y, por tanto, resulta estéril esta lucha diaria por conseguir que las cosas fluyan por ríos sin caudal alguno. De qué sirve dejarse la piel, la sonsrisa y el alma. De qué sirve ya, después de tanto tiempo contemplando cómo cuando el barco empieza a navegar según el rumbo que le fijas, imprevisiblemente, vira y vuelve a navegar a la deriva. No se puede luchar contra la fuerza del viento, del mar, la atracción de la luna... Ellos conducen el barco y yo zozobro en la angustia y la pena de no conseguir llevarlo a buen puerto.

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