lunes, 12 de diciembre de 2011

Poesía constante

Vida constante, muerte constante. Ahí estaba él, con un libro entre sus sabias manos, un libro lleno de marcas para ir al poema preciso, al poema justo, al poema elegido. Recitar poemas de Lorca es sencillo, pues presentan una rima ligera, ágil; pero llegar al alma del que escucha con un poema que de tanto leerlo ya percibe uno como algo propio, eso, tiene mérito. Puede que algunos no entiendan la vehemencia del recitado, el declamar pausado, las cadencias, los ojos cerrados, la mano que se eleva y cierra el puño con fuerza. Seguro que algunos lo juzgarán de ridículo, pero cómo me entusiasma observar esos momentos de entrega total al poema. El sentimiento contenido, la voz serena, rasgada. La cabeza llena de cada una de las letras que componen cada uno de los versos y de imágenes, sin duda, que dichas letras traen a la memoria.
Continúa la magia, esa magia que se acrecentó cuando accedió a leer uno de sus poemas, uno de sus hijos, que late en uno de sus libros y que me hizo sentir emociones infinitas cuando lo leí, no hace mucho.
Es una forma de vida, la poesía, es vivir en paralelo. Pero, también, es una forma de morir, porque te encierras contigo mismo y un papel en blanco para crear vida nueva que ha de nacer de tu continua agonía.
Que siga naciendo poesía, que crezca, que lo inunde todo. Que nos siga dando aliento a estos locos que nos alimentamos del sentimiento.

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