miércoles, 30 de noviembre de 2011

Despertar tardío

El viento me golpea la cara, me arranca el aroma que se adhiere a mi piel, me tira del pelo, se mete en mis ojos. Es un viento frío, el viento primero de la primera mañana. Ojos cristalizados, imágenes que crecen y menguan entre los añicos rotos del espejo en el que no puedo mirarme porque no devuelve la imagen que quiero. Frío, hace frío, es un frío que deshumaniza y que perpetúa y ensordina las rarezas del latido desacompasado de este corazón que ya noto como algo ajeno a mi. Late a su ritmo, libre albedrío que se estrella contra las encrucijadas que transito en la penumbra, siempre en la penumbra silenciosa. Y el tiempo, ese castigo que dios lanzó a los hombres, hacerlos marionetas del tiempo, que nos zarandea, nos acerca y nos aleja, nos proyecta hacia el abismo o nos suspende eternamente en el limbo incomprensible, inabarcable. Añoro oír la palabra pretendida. Me acabo, me consumo. Sueño o vigilia, sueño o vida, sueño o muerte.

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