miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Qué es lo que buscamos?

Yo empecé deseando una Barbi que venía con una caravana. No debí de portarme demasiado bien cuando los reyes magos preferían siempre dejarme ropa sobre mis zapatitos limpios. Yo aprendí a odiar mi suerte, o mi destino, ya con unos pocos años, porque sabía que no había reyes magos, y en su lugar, pobres plebeyos, de carne y hueso, que aprendieron a sacar cuatro platos de uno, y ropa decente de jirones viejos. Pero mi egoísmo de niña que entendía de sobra la situación, no dejaba de soñar con la Barbi y su caravana.
Luego quise una bicicleta. Ya rondaba los catorce. Me la compraron a los 16, cuando ya se me había pasado el afán por coger la bici y unirme a aquel grupo de chicas que, en aquellos tiempos, eran mis amigas y salían por las tardes a pedalear y echar cuatro risas. Creo que para entonces ya me había tragado deseos que consideraba imposibles (un caballo, una habitación para mi sola, una cama acortinada...). Sin duda, nunca nadie supo que quería aquellas cosas, quizá, en el fondo, yo tampoco las quería. ¿Qué he querido en realidad? Quise todo lo que tengo ahora. Quise este trabajo, quise salud para la gente que me importa, quise una casa con chimenea y patio donde pudieran crecer mis macetas; quise no tener que sacar cuatro platos de uno, ni ropa decente de jirones viejos. Quise tener a alguien a mi lado que me viera por dentro con sólo mirarme a los ojos, alquien que ensordinara mi pena con un abrazo. Quizá ahí radica la frustración, en que tengo todo lo que quise pero no lo tengo aquí. No tengo a los que me importan, no tengo mi casa y mis macetas y el fuego que me calienta el alma. No tengo esos ojos en los que se ahoga mi pena. Yo busqué y hallé, pero tengo las manos vacías y la sensación de no tener lo que me hace falta.

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