jueves, 7 de abril de 2011

Que suenen mis pasos

“A veces me canso de ir descalza por la vida”. .. no son palabras mías, sino de una joven cantautora, Vanesa Martín. No soy yo mucho de este estilo musical pero me atraen las letras de sus canciones porque esconden verdades como puños; en otras me identifico tanto que siento que las ha escrito para mí (“me da pena tenerte y no tenerte, me da pena, porque te busco entre la gente”… “si me olvidas vivirás tranquilo, tendrás planes y proyecciones, si me olvidas no habrá remolinos ni altibajos de emociones, porque el momento de encontrarnos llegó en plena tormenta y aunque mis velas te buscaban, mi dirección estaba quieta”). Pues eso, que a veces me canso de ir descalza por la vida. Me da miedo dejar mi impronta, me da miedo que noten mi presencia, que se me critique la voz (esto es, lo que digo), que me equivoque y luego no haya vuelta atrás…Y me canso y juego a ser quien quiero ser pero no me atrevo y vuelvo a ocultar mi lúcida cabeza en la tierra, esperando que pasen todos los trenes en los que pudiera montarme y ser yo.
Me fastidia que cuando me armo de valor y suenan mis pasos, siempre esté ahí un listo (o lista) que me quiebra las alas y me roba esos zapatos de tacón, que sí suenan.
De lo que sí me enorgullezco es de que voy perdiendo miedos, noto o intuyo una fuerza interior nueva que me da seguridad y confianza y me hace disfrutar de momentos como este, iluminada sólo por una leve lámpara de mesa, el olor a azahar que emana de una ramita que acabo de cortar durante mi paseo, el silencio más absoluto y más encantador y mi corazón recordándome, con 69 pulsaciones por minuto, que estoy viva, llena de vida, de fuerza, y que todo esto vale la pena.
Después de un día agotador, quizá raro, por cómo empezó y cómo ha acabado, creo que pocas cosas puedo pedir: en pocas horas tendré a mi lado la mitad del corazón que me falta, tendré una palabra despreocupada pero oportuna al girar la llave, un aroma único, un tacto suave, mucho desorden en mi orden, pero lo deseo de forma vehemente. No pido más, no quiero abusar de mi buena estrella. Que acabe el día, que ya me encargaré yo de exprimir el que está empezando. Carpe diem.

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