jueves, 28 de abril de 2011

Tic-tac

Es increíble el cambiante ritmo del fluir del tiempo. A veces una hora se convierte en un maldito siglo interminable. Otras veces, una noche se esfuma de forma fugaz y a medida que el segundero roba el tiempo, se lleva también los momentos más especiales que vivo. Hay tardes que pasan sin darme cuenta y otras, como la de hoy, en las que el sol se resiste a ocultarse en el horizonte. ¿Para qué aguardas? Vete de una vez. No quieras detener el tiempo. Ese momento se ha pasado, se ha ido, se ha extinguido y es como si nunca hubiera tenido lugar. No me queda ni el olor, qué pronto lavé la ropa… De nuevo Vanesa Martín leyéndome el alma: “ya he lavado todo, no me queda nada, saqué la basura y abrí la terraza para que corra el aire y se lleve despacio este olor a grito que se me ha quedado. Que no me den la voz, porque puedo llamarte, y será mejor que no”. Lo que yo diera por llamarte y que me contestaras aquí al lado.

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