Hoy me han dado una noticia que no es demasiado mala pero me ha provocado una pena y un vacío que lleva ahogándome varias horas. Estás enferma, nada, un simple resfriado, pero a tu edad y con la lista de patologías que ya cargas… Sé que no será nada, tú misma me lo has dicho por teléfono, con esa vocecita linda, que calla más de lo que dice. Y he sentido ganas de coger el coche e irme a verte, con el único propósito de decirte que te quiero. Que eres un pilar en mi vida y que apareces en cada recuerdo inocente que conservo de mi niñez y en todos los momentos de mi vida entera (los buenos y los malos). No sé qué nos une tanto, porque hay personas que, como se dice comúnmente, me tocan más, pero las quiero menos.
Aborto las llamadas que te hago porque soy consciente de que te iba a contagiar mi pena y es lo último que quiero.
Y esta puta distancia, que me prohíbe aprender más de ti, o no aprender, simplemente, me impide tenerte cerca, pasar el tiempo contigo, escuchando las mismas historias de siempre pero que, cada vez, me inspiran un sentimiento nuevo.
Para consolarme, repaso mentalmente el recuerdo de toda la gente que conozco que ha muerto con más de noventa años. Tú tienes ochenta y uno. Todavía queda tiempo. Pero ¿Cuánto? ¿Nueve años? Me derrumbo cuando pienso en el maldito tiempo que nos arranca la vida sin darnos cuenta.
No tengo el valor para pensar en tu muerte. No me creo capaz de soportarla, de soportar decirte adiós o, lo que es peor, no tener tiempo ni de decírtelo. Me mata el imaginarme llegar a tu casa y no hallarte allí, ocupada con tus cosas que eran nuestras, el no sentir tu olor y tu mano mientras me abrazas. Tu ausencia, saber que ya no serás testigo de mis aprendizajes, de mis logros, de mis esperanzas. Eres mi sangre. Y como no quiero que el día en el que te vayas me quede el remordimiento de que no te dije que eres lo que más quiero en la vida, quería decírtelo ahora, por escrito, claro está, porque he heredado de ti la lágrima fácil y nunca seré capaz de decírtelo cara a cara. En nuestro idioma se dice “te quiero” y con esas dos palabras se supone que expresamos lo que sentimos. Yo te las digo pero dejando claro que lo que siento por ti rebosa de esas dos palabras, se quedan cortas, pues siento mucho más: aprecio, admiración, cariño, ternura, respeto y amor. Así se queda, más o menos, descrito lo que siento por ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario