jueves, 7 de abril de 2011

Sigo sintiendo nostalgia

Un acorde pone a danzar mi nostalgia mientras sigo, absorta, el rápido trayecto serpenteante de las gotas de lluvia en el cristal. El tiempo detenido y los sentimientos fluyendo inexorablemente. Tú, como siempre, ocupando mi cabeza y mi corazón… y también mi olfato, porque hoy he percibido tu aroma, cerca, y he querido guardarlo también en mi memoria.
Sé que me buscas, aún sabiendo que me encuentras. Y es eso lo que enerva mi paciencia. Si no debes encontrarme, ¿por qué me buscas?, ¿por qué me quieres en tu vida? si luego sigues construyendo muros de miradas entre los dos…
A veces pienso que mi ingenuidad me ciega y que, realmente, cuando me requieres es de forma egoísta. De hecho, nunca te interesas por mis quehaceres y nuestras conversaciones siempre giran en torno a ti, a tu vida. Yo intento ver que tras tus falsas peticiones de ayuda para cosas banales enmascaras tu deseo de tenerme cerca pero… la voz de mi conciencia me dice que me engaño. 
Con el alma llena de tormento, la esperanza se despista y me invade el frío de la calle. Me cala la lluvia y no me cobijo. Quiero calmar, con esta lluvia de otoño, la pasión que me hierve las venas y que golpea mis sienes de forma acompasada. Para colmo, sé que soñaré contigo, como cada noche, y te cogeré de la mano, y te acariciaré la mejilla; las inocentes yemas de mis dedos juguetearán con las sensuales comisuras de tus labios. Y tú callarás, me mirarás fijamente a los ojos y los entornarás para que no escape el placer de mi tacto. Y cuando despierte, en medio de la noche enemiga, volveré a dejar caer mis lágrimas y veré cómo siguen serpenteando las gotas de lluvia en el frío cristal.

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