martes, 17 de mayo de 2011

Si todos hiciéramos nuestro trabajo...

No creo yo que sea tan difícil hacer bien el trabajo por el que te pagan. No hablo de dejarse la piel, ni mucho menos, pero sí de cubrir unos mínimos. Admiro a aquéllos que se buscan otra ocupación porque ésta no les llena, o porque no se ven cómodos, o capacitados, o con fuerzas, o con ganas, o porque llegan a la noche con la sensación de estar en el lugar equivocado. Olé por ellos que dejan que otro ocupe su lugar e intente hacerlo lo mejor posible. Si admiro a los susodichos, detesto a quienes reculan y dejan en la taquilla, en la maleta, en un cajón, todo aquello que debía estar en infinidad de cabezas. Detesto oír quejas, por un lado y por otro, y sentir que sé dónde está el error pero que no se le puso remedio desde el principio. Las cosas tenían que ser de otra manera. Y las personas también.

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