viernes, 6 de mayo de 2011

Chocolate

Tenían razón cuando, en Suiza, me convencieron para que llenara mi maleta de chocolate de allí. Chocolate negro, con leche, con trozos de cacao, de caramelo, con almendra, con avellana, con café, con licor, con galleta… Una lista inacabable. Si me pusiera a sumar las calorías, no lo probaría o, como alternativa, tendría que sustituir una comida por varios trocitos de tan delicioso manjar, cosa que, sin duda, no me costaría nada. Me encanta saborear un trozo de chocolate negro acompañado de una buena taza de café. La mezcla de sabores en el paladar es exquisita. Otra mezcla deliciosa: fresas bañadas en chocolate negro fundido, aún templado. Hace unos días elaboré un pastel que terminé con una cobertura de chocolate fundido y quedó estupendo. También influyó el hecho de que llevaba días sin comer algo dulce. Quizá por eso lo disfruto más, porque es algo “prohibido” en mi menú diario y, ya se sabe, cuanto más prohibido, más deseado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario