Hace quince años nadie era como es hoy. Hace quince años aún tenía yo pájaros en la cabeza aunque no tantos como otras chicas de mi edad. Quizá se dan pasos de forma poco consciente o, quizá, la consciencia con la que uno cree obrar entonces es todo un acto de inmadurez desde la perspectiva actual. Lo cierto es que cuando te encuentras con alguien después de quince años y ese alguien te recuerda los pasos que diste, y lo que es peor, los que no, te planteas cómo habría sido tu vida si hubieras actuado de forma diferente.
Llega a agobiarme la ironía con la que puede comportarse la vida. Saber, después de tantos años, que fuiste un referente para alguien, que ocupabas su consciencia y su parte más pasional, provoca sensación de orgullo unas veces y de impotencia otras. Nadie debería ahogar palabras cargadas de tanto significado y si lo hace, no deberían darles voz pasados ya quince años. Alea iacta est.
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