No sé qué escribir y, realmente, es una buena noticia, porque no hay ningún gusano corroyéndome por dentro, ni temores, ni remordimientos, ni sueños frustrados, ni atardeceres que hacen daño, ni segunderos ralentizados, ni preguntas sin respuesta. Todo en orden, el tiempo fluyendo a un ritmo plácido y grato y los anhelos acotados (no son necesidades, sólo anhelos, ¡por fin!).
Después de la tempestad llega la calma. Quizá mi tempestad recibía fuerza de frustraciones, de planes derruidos, de “querer y no poder”; o quizá, y aunque no me haya pasado antes, se debiera al cambio estacional, hormonas… Qué sé yo.
Vuelvo a ser feliz con poca cosa (una nueva taza de porcelana en la que reposa una cápsula dosificadora de té “Sueños del Sena”, que sabe tan bien como suena: almendra, manzana, canela, té negro… Yo añado siempre una ramita de hierbabuena que además de dar un agradable sabor, perfuma la casa con un olor muy evocador, al menos, para mí), bandas sonoras de películas en versión original sonando al mínimo volumen. Recuerdo cuando vi muchas de esas películas, todas ellas grandes. Al mismo tiempo, estoy dando los últimos retoques al dichoso documento que tengo que entregar. Lleva semanas prácticamente acabado pero no acabo de sentir que todos los cabos están bien atados. No quiero que luego haya lugar a malas interpretaciones, resquicios que puedan ser puertas abiertas a problemas y quebraderos de cabeza.
Más cosas… ¡Ah! Llevo algunos días corriendo en el gimnasio. Mis problemas de rodilla coartaban cualquier intento de correr más de cinco minutos porque empezaba a notar un pinchazo en el hueco que deja la ausencia del hueso que debería estar y que no está. Me conformaba con andar rápido, nadar… Llevo desde octubre haciendo ejercicios para fortalecer los músculos y ya puedo correr, sin que me duela, casi doce minutos seguidos. Para mí es todo un récord y otra circunstancia que me hace sentir bien hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario