martes, 7 de junio de 2011
Roles
Desde niña tenía claro que quería trabajar como profesora. Dudaba entre Historia y Lengua y, al final, me decanté por la segunda opción (animada por mis profesores que habían leído algunas letras mías de por aquel entonces y que me aseguraban que la Literatura era lo mío, cosa que aún no veo del todo claro). Cuando empecé mi periplo como docente, entendí que enseñar en sentido estricto no era lo que ocuparía los 60 minutos que dura la clase. Ahí entendí que, además de docente tendría que ejercer de psicóloga, de policía, de payaso, del Santo Job, de pseudopadres-que-educan-o-lo-intentan… Todo eso lo asumí sin problema porque “la educación ha cambiado mucho, porque los alumnos ya no son lo que eran, porque ahora funcionan otras técnicas, porque el rol del profesor/alumno no es el mismo…”. Lo que no sabía y me acabo de enterar es que, además de todo eso y de ser también administrativa y burócrata, tengo que negociar. Negociar, sí. No basta que yo crea que un material es mejor que otro y por eso ya debe ser el elegido. Además, tengo que intentar sacar algún provecho. Madre mía. A ver si ahora con los Grados nos ponen una asignatura que se llame “gajes del oficio” y la gente viene mejor preparada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario