miércoles, 3 de agosto de 2011

Visitas

Una visita me trae de cabeza desde hace varios días. Será porque nunca me visita nadie o porque me he propuesto demostrar que tengo razón cuando digo que mi ciudad es mágica, que no paro de programar la infinidad de cosas que quiero hacer en unas pocas horas. De sobra sé que en estos casos planificar sirve de poco y luego se eligen opciones no programadas pero, aún así, no he podido resistirme.
Ya ha pasado un mes. Juro que no he sido consciente de que ya he gastado más de treinta días de vacaciones. Lo peor (o lo mejor, según se mire) es que tengo planes para casi todos los días de agosto, con lo que pasará sin darme cuenta. De todas formas, no me agobio, no puedo detener el segundero por más que lo intente, con lo cual, la opción más sabia es disfrutar al máximo y poner buena cara al cercano mes de septiembre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario