jueves, 18 de agosto de 2011

De cal y arena.

Calle encalada, calle en cuesta,
piedras que cubren el suelo
y que piso sin darme cuenta.
Geranios en las paredes,
helechos, claveles, azucenas,
olor a verde, cielo azul,
y calles que serpentean.
Despierto de la simpleza,
¿por qué la ciudad moderna?
el asfalto que huele a fuego,
atalayas que te condenan,
vidas enterradas, a cal y canto,
y en el alma, pobreza.
Continuo deambular de marionetas,
desgastadas entre las cuerdas,
gritos infinitos que acalla el barullo,
y la vista atada a la tierra.

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