lunes, 26 de septiembre de 2011

Rebosa el vacío

Hay veces que pierdo la voz, pero lo hago a conciencia, la ahogo. Mi corazón se arruga y el dolor me oprime el pecho entero. Se van desgastando las plumas de esas alas que me animaban a levantar el vuelo. Y ya no puedo volar. Me veo condenada a arrastrarme por el suelo, por los caminos zigzagueantes que tú, desde arriba, con tu dedo omnipotente, señalas. Entre los guijarros que quedan de aquellos castillos que construí de ilusiones imposibles, jirones de mi piel muerta, aquélla de la que rezumaba dicha, pasión, éxtasis.
Ya no puedo alzar el vuelo. Ya olvidé cómo se volaban cometas cargadas de sueños. Beso muros de piedra gélidos que me agrietan los labios, que no me devuelven el abrazo y me empujan contra la realidad impasible que quise construir a base de ilusiones.
A lo lejos, aromas, canciones, recuerdos.

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