Acostumbrarse a dejar las cosas al principio de la mesa y no al final, como hacía antes, cuando la taquilla estaba al otro lado, no al principio, como ahora.
Acostumbrarse a volver a explicarlo todo, desde el principio, porque no saben lo que los demás ya sí sabían, y hay que empezar de cero.
Yo me acostumbro rápidamente a los nuevos hábitos. No me ha costado empezar de nuevo la rutina diaria, madrugar, trabajar, planificar el menú semanal, volver al gimnasio... No me ha costado, la verdad, es más, creo que incluso me hacía falta. Eso sí, no consigo acostumbrarme a las caras nuevas, quizá porque no me hace falta, quizá por pereza, quizá porque ellas no se muestran muy solícitas... o porque con las antiguas me basta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario