Estás, y todo vuelve a estar en calma. El corazón recupera su ritmo, el temblor de las manos se ausenta y el sentimiento amontonado en la garganta se difumina. Tengo que enderezar este camino que se tuerce, tengo que segar la hierba seca que se me enreda en los pies, tengo que limpiar el cristal de la cúpula que cubre mi cielo y tengo que mirar hacia arriba, aferrarme a tu mano y dejar que el tiempo se vaya extinguiendo.
Me canso de despertarme de mis sueños a bofetadas, me canso de sentir que soy una pieza más del puzzle, insignificante. Tengo mis sentimientos, quizá sean excesivos, quizá demasiado a flor de piel, pero los tengo, me definen, y no puedo matarlos, no puedo ignorarlos, no puedo fingir que no me afectan ciertas cosas y no puedo cambiar... No puedo y ya no sé si quiero seguir intentando asumir que las cosas son así, que, sencillamente, hay que acoplarse. Y a mí, ¿quién se acopla?
No hay comentarios:
Publicar un comentario