viernes, 2 de septiembre de 2011

Llueve

Cada cosa en su sitio. Ya he colocado cada una de mis cosas en el lugar en el que considero que es su nuevo sitio. De nuevo silencio, eco de soledades y ausencias. El alma... aún no he encontrado el cajón adecuado. Hoy llueve y empiezo a rememorar tardes del pasado invierno en las que el ánimo, el espíritu de plomo se me amontonaba en el pecho y me ahogaba. Todavía no, aún es pronto, demasiado pronto para sufrir este ahogo. Quizá porque soñé con estrellas que podría ver y coger desde la cama, únicamente, estirando la mano. Ilusa. Las estrellas no bajan para que tus sueños se cumplan, muy al contrario, con el cielo cubierto da la sensación de que ni siquiera existen. ¿Tendré que olvidarme de ellas, dejar de soñar con sentir su caricia en mis dedos?
Ojalá sea sólo una tormenta de verano.

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