domingo, 25 de noviembre de 2012
Incomprensible
Puedo entender que duelan los recuerdos de momentos vividos, lo que escapa a mi razón es que duelan momentos que nunca nacerán. Y duelen, cómo duelen.
No es únicamente echar de menos un aroma, un eco de voz, una luz en unos ojos, un calor que llegaba a calentarme el alma; es echar de menos esa lucha por cumplir sueños, por conseguir que se materializaran. Cada paso, cada metro, cada día, cada silencio aleja nuestros botes irremediablemente. Primero perdí el timón, luego, el huracán me arrebató las velas y el oleaje me conduce hacia las rocas contra las que me estrello de forma inevitable, dejándome la piel pendida de los riscos.
Y cuando la tempestad cese, el mar se calme y el cielo vuelva a teñirse de azul, yo seguiré llena de heridas y cicatrices, náufrago sin barco en ninguna parte. Qué fue del velero, qué de tu mano en mi mano, de tu brazo como almohada... No he dejado de quererte ni de llorarte.
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