Quiero llorar hasta volverme agua,
hasta que el triste cuerpo donde habito
sea vendaval de espuma,
pequeña lágrima cerrada,
temblando en la boca volcánica del mundo.
¿Es que nadie traspasa
esta membrana líquida
que soy, esta lluvia unitaria
de rugidos?
Quiero llorar tan fuerte,
tan desgarradamente
roto en llanto
que la piedra ancestral
de mi esqueleto
se haga toda de lágrimas
y lágrimas.
Para que cuando hablen
de mi silencio póstumo
mastiquen:
-fue una lágrima azul
que derribó la tarde-.
Juan José Ceba
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