Creo que sí. Hablar demasiado es un defecto. Decir demasiado, dar demasiados detalles... Puedes llegar a aburrir. El problema es que, a veces, es inevitable pero el receptor se cansa.
Hoy, un veterano en esto del blog me ha recomendado que evite las entradas demasiado largas porque el que te lee deja de hacerlo. Y es verdad, y es lógico. Pero lo cierto es que yo no escribo para que me lean. En realidad, no sé para qué escribo aquí. Antes lo hacía en papel pero me apunté a la moda del blog, con sus riesgos, entre los que está el hecho de que cualquiera te lea, y, con ello, te juzgue, se contagie de tus emociones, te critique, se monte películas con lo que lee (es sabido que nunca se dan a conocer detalles, sólo esbozos de historias). Cualquiera puede meter sus narices en tus asuntos y viceversa.Y eso es lo bueno (te alegras al ver que sube el número del contador de visitas). Éso es un blog.. Lo que sí me molesta es que esta práctica de escribir casi a diario se esté convirtiendo en una necesidad terapéutica que hace que después de escribir me sienta descargada, más ligera. ¿Y no es triste sentir alegría con algo tan simple como que alguien te deje un comentario y, mucho más, cuando te citan en su blog?.Puede llegar al absurdo.
Creo que es normal sentir alegría cuando te hacen un comentario. Es igual que en la infancia, cuando recibías una carta. La emoción de abrirla y ver que ponía. Ahora es lo mismo. Porque en este mundo de relaciones basadas en reenviar correos (bonitos pero impersonales) y en curiosear fotos de las redes sociales ajenas, es precioso que dediquen su tiempo a leerte. Y como ya no recibimos cartas da mucha emoción recibir, al menos, comentarios de blog.
ResponderEliminarBuen fin de semana.
1º Al final escribirás para que te lean.
ResponderEliminar2º El blog es adictivo.
3º No te importará la cantidad de los que te lean.
4º Un consejo añadido: archiva los posts por si...